
Seleccionar un cargador LHD para minería subterránea requiere mucho más que comparar toneladas de capacidad. La geometría de las galerías, las características del mineral, los tiempos de ciclo y los indicadores ASARCO determinan qué equipo puede cumplir el plan minero con seguridad y eficiencia económica.
En minería subterránea, una selección incorrecta del equipo de carguío puede convertirse en una restricción permanente para la producción. Un cargador sobredimensionado puede enfrentar dificultades para maniobrar, elevar el costo de infraestructura y aumentar las exigencias de ventilación. Uno demasiado pequeño puede necesitar más ciclos para mover el mismo tonelaje, incrementando las horas de operación, el desgaste y la utilización de las vías.
Los cargadores LHD (Load-Haul-Dump) están diseñados para cargar, transportar y descargar mineral o material estéril en espacios subterráneos. Su desempeño depende de la interacción entre capacidad de carga, distancia de acarreo, fragmentación, condiciones del piso, pendientes y disponibilidad de los puntos de descarga.
Desde una perspectiva de ingeniería, la selección debe resolver tres preguntas: cuántas toneladas necesita mover la operación, qué equipos son compatibles con la infraestructura minera y cuál ofrece el menor costo por tonelada efectivamente transportada.
La geometría de las galerías determina qué cargadores pueden utilizarse
La primera etapa consiste en verificar la compatibilidad física entre el cargador y el diseño de la mina.
El ancho y la altura del equipo son parámetros básicos, pero no suficientes. También se deben considerar el radio de giro, el ángulo de articulación, la envolvente de desplazamiento, las dimensiones del balde y la altura necesaria para descargar.
El diseño debe incorporar las interferencias existentes: ductos de ventilación, tuberías, cables eléctricos, sistemas de fortificación y otros servicios instalados en las galerías.
Las pendientes representan otra restricción relevante. Un LHD debe disponer de suficiente capacidad de tracción para transportar material cargado, mantener velocidades compatibles con el diseño y operar con seguridad durante el descenso. Por esta razón, las curvas de desempeño en pendiente son más representativas que la velocidad máxima publicada en un catálogo.
También debe verificarse el peso operativo y su distribución sobre los ejes, especialmente cuando existen restricciones asociadas a la capacidad portante de los pisos, condiciones geomecánicas o infraestructura de tránsito.
Cargadores de 7, 10 y 14 toneladas: diferencias que importan
La oferta comercial permite observar cómo cambian las dimensiones al aumentar la capacidad.
Dentro de la línea de cargadores subterráneos de Sandvik existen tres ejemplos representativos:
Sandvik Toro LH307: capacidad nominal de carga de 7 toneladas, baldes de 3,1 a 3,7 m³, ancho de 2,20 metros y altura de 2,30 metros.
Sandvik Toro LH410: capacidad nominal de 10 toneladas, baldes de 4,0 a 5,4 m³, ancho de 2,70 metros y altura de 2,40 metros.
Sandvik Toro LH514: capacidad nominal de 14 toneladas, baldes de 4,6 a 7,0 m³, ancho de 3,00 metros y altura de 3,00 metros.
Estas especificaciones están publicadas en el catálogo oficial de cargadores subterráneos de Sandvik.
Las diferencias son significativas. Entre el LH307 y el LH514 existe una variación de 800 milímetros en el ancho y de 700 milímetros en la altura. Esto puede determinar si el equipo es compatible con galerías existentes o si requiere modificaciones en la infraestructura.
Sin embargo, una mayor capacidad nominal no implica automáticamente mayor productividad. Un cargador de 14 toneladas podría presentar desventajas respecto de uno de 10 toneladas si necesita realizar maniobras adicionales, circula a menor velocidad efectiva o enfrenta mayores restricciones de acceso.
La selección también debe considerar las alternativas de Caterpillar, Epiroc y otros fabricantes, verificando las configuraciones comerciales disponibles, su soporte técnico y los requerimientos particulares de cada operación.
Densidad, esponjamiento y factor de llenado: cómo determinar la carga real
Uno de los errores habituales en el dimensionamiento de un LHD es utilizar directamente el volumen nominal del balde para estimar la cantidad de mineral transportado.
La capacidad volumétrica se expresa en metros cúbicos, mientras que la carga útil corresponde a la masa transportada, expresada en toneladas.
Para relacionar ambas variables es necesario conocer la densidad aparente del mineral tronado y el factor de llenado del balde.
La fórmula básica es:
Carga por ciclo (t) = Volumen del balde (m³) × Densidad del mineral suelto (t/m³) × Factor de llenado
El mineral fragmentado ocupa un volumen mayor que la roca in situ debido al esponjamiento generado por la tronadura.
Si se dispone de la densidad in situ y del incremento volumétrico del material, la densidad aparente suelta puede estimarse mediante:
Densidad suelta = Densidad in situ / (1 + Esponjamiento)
El esponjamiento debe expresarse como fracción decimal. Por ejemplo, un aumento volumétrico de 25% equivale a 0,25.
Consideremos un ejemplo exclusivamente ilustrativo:
Un cargador dispone de un balde de 6 m³, trabaja con mineral cuya densidad in situ es de 2,8 t/m³, presenta un esponjamiento de 25% y alcanza un factor de llenado de 85%.
La densidad aparente suelta sería de 2,24 t/m³.
Por lo tanto:
Carga por ciclo = 6 × 2,24 × 0,85 = 11,42 toneladas
El resultado muestra que la carga real del balde sería aproximadamente de 11,42 toneladas.
En este escenario, un LHD con capacidad nominal de 10 toneladas no debería dimensionarse para transportar esa carga, aunque el mineral pudiera caber físicamente dentro del balde.
Sería necesario seleccionar una máquina con capacidad útil compatible o utilizar otra configuración de balde.
La carga por ciclo siempre debe respetar los límites establecidos por el fabricante y las condiciones de estabilidad y operación.
La fragmentación también condiciona el rendimiento
Dos minas con mineral de igual densidad pueden registrar productividades diferentes debido a la granulometría.
Un mineral con fragmentación irregular puede dificultar la penetración del balde, reducir su factor de llenado y aumentar los tiempos de carguío.
Por esta razón, la evaluación debería incluir el tamaño máximo de fragmentos, la distribución granulométrica, el contenido de finos, la abrasividad y las condiciones de humedad.
También deben revisarse la fuerza de arranque, la fuerza de elevación y las características hidráulicas del cargador.
En determinadas operaciones, optimizar la fragmentación mediante perforación y tronadura puede incrementar la productividad del LHD sin necesidad de adquirir un equipo de mayor capacidad.
Tiempo de ciclo: la variable decisiva para estimar productividad
La capacidad de carga representa solamente una parte del rendimiento.
Un LHD necesita completar un ciclo operacional que incluye carguío, desplazamiento cargado, descarga, retorno vacío y maniobras.
El tiempo total puede calcularse como:
Tiempo de ciclo = Tiempo de carguío + Tiempo de acarreo cargado + Tiempo de descarga + Tiempo de retorno vacío + Tiempo de maniobras
Con ese resultado es posible estimar la productividad por hora efectiva:
Productividad efectiva (t/h) = (60 / Tiempo de ciclo en minutos) × Toneladas por ciclo
Supongamos que el cargador del ejemplo anterior transporta 11,42 toneladas y registra un ciclo efectivo promedio de seis minutos.
Puede completar teóricamente diez ciclos por hora efectiva.
Su productividad sería:
10 ciclos/h × 11,42 t/ciclo = 114,2 toneladas por hora efectiva
Este rendimiento corresponde al tiempo dedicado a ejecutar los ciclos y todavía no representa la producción diaria alcanzable.
Para ello es necesario incorporar los tiempos de mantenimiento, reservas, interrupciones y otras pérdidas operacionales.
Además, el tiempo de ciclo cambia durante la vida de la mina. Si el frente se aleja del punto de descarga, aumenta la distancia de acarreo y disminuye el número de ciclos que puede completar el cargador por hora.
Una alternativa competitiva durante los primeros años podría dejar de serlo cuando la explotación avanza hacia sectores más alejados.
Metodología ASARCO: cómo convertir el rendimiento teórico en producción real
La metodología ASARCO constituye una herramienta utilizada en ingeniería y control de operaciones mineras para clasificar los tiempos de utilización de maquinaria.
Su principal aporte al dimensionamiento de cargadores consiste en distinguir entre el tiempo nominal disponible en la planificación y las horas realmente dedicadas a las actividades productivas.
En las aplicaciones habituales de esta metodología se consideran distintas categorías de tiempo.
Tiempo nominal (TN): período total considerado para evaluar el equipo.
Tiempo de mantenimiento (TM): horas durante las cuales el cargador está fuera de servicio por mantenimiento o reparación, de acuerdo con la clasificación adoptada.
Tiempo disponible (TD): horas en que el equipo está técnicamente habilitado para operar.
Tiempo de reserva (TR): período durante el cual está disponible, pero no se asigna a una actividad productiva.
Tiempo operativo (TO): horas durante las cuales el equipo se encuentra asignado a la operación, incluyendo las actividades y demoras que corresponda clasificar.
Tiempo efectivo (TE): tiempo destinado a realizar las actividades productivas propias de su función.
La distinción resulta relevante porque un cargador puede presentar elevada disponibilidad mecánica y, simultáneamente, registrar una utilización efectiva reducida.
Por ejemplo, una máquina puede permanecer disponible durante gran parte del día y aun así producir menos de lo esperado debido a interferencias de tránsito, ausencia de operadores, detenciones de otros equipos o falta de material disponible para cargar.
Disponibilidad física
La disponibilidad física puede expresarse como:
DF (%) = (Tiempo disponible / Tiempo nominal) × 100
También puede calcularse, bajo la misma clasificación de horas:
DF (%) = [(Tiempo nominal − Tiempo de mantenimiento) / Tiempo nominal] × 100
Este indicador permite evaluar qué proporción del período nominal el equipo está en condiciones técnicas de operar.
Uso de la disponibilidad
Una formulación habitual del índice de utilización es:
U (%) = (Tiempo efectivo / Tiempo disponible) × 100
Este indicador muestra qué proporción de las horas disponibles se convierte efectivamente en trabajo productivo.
Utilización total
La utilización respecto del tiempo nominal puede calcularse mediante:
UT (%) = (Tiempo efectivo / Tiempo nominal) × 100
Bajo estas definiciones, la relación es:
UT = DF × U / 100
De esta forma, una disponibilidad física elevada no necesariamente significa que el cargador esté siendo utilizado eficientemente.
Las convenciones de medición pueden variar entre compañías. Por ello, antes de comparar alternativas es necesario establecer qué eventos se consideran tiempo efectivo, operativo, reserva, mantenimiento y demora.
La Global Mining Guidelines Group (GMG) publicó un marco de clasificación de tiempos para equipos mineros de superficie en 2020. Posteriormente, inició el desarrollo de un modelo específico de utilización del tiempo en minería subterránea, que contempla tanto los equipos como los frentes de trabajo.
La importancia de este enfoque radica en establecer indicadores comparables y evitar que diferencias en la clasificación de horas distorsionen los resultados de productividad.
Ejemplo práctico: dimensionamiento de una flota LHD
Consideremos una operación subterránea hipotética que necesita mover 3.000 toneladas diarias.
El equipo evaluado presenta las siguientes condiciones de operación:
- Carga útil efectiva por ciclo: 11,42 toneladas.
- Tiempo de ciclo promedio: 6 minutos.
- Productividad por hora efectiva: 114,2 toneladas.
- Horas nominales diarias: 24 horas.
- Disponibilidad física estimada: 85%.
- Uso efectivo de la disponibilidad: 65%.
- Producción requerida: 3.000 toneladas por día.
Estos valores son supuestos de cálculo y no representan el desempeño garantizado de ningún fabricante ni una referencia universal para minería subterránea.
Primero se calculan las horas disponibles:
24 × 0,85 = 20,4 horas disponibles por día
Posteriormente, las horas efectivas:
20,4 × 0,65 = 13,26 horas efectivas por día
La producción diaria estimada por cargador resulta:
114,2 × 13,26 = aproximadamente 1.515 toneladas diarias
Para determinar la cantidad mínima de equipos:
Número de cargadores = Producción requerida / Producción diaria por cargador
3.000 / 1.515 = 1,98 cargadores
El dimensionamiento aritmético indica que se requieren al menos dos unidades.
Sin embargo, esta cantidad apenas permitiría cubrir la meta diaria bajo los supuestos utilizados.
No existe un margen operacional significativo para enfrentar detenciones extraordinarias, variaciones de fragmentación, congestión, indisponibilidad de puntos de descarga o cambios en las distancias de transporte.
Por lo tanto, la flota definitiva debería evaluarse mediante escenarios de producción y un análisis de confiabilidad, incorporando la simultaneidad de los frentes, las ventanas de mantenimiento y las estrategias de respaldo.
El cálculo también requiere verificar que los cargadores puedan operar simultáneamente sin interferirse. Dos equipos con capacidad individual de 1.515 toneladas diarias no necesariamente podrán entregar 3.030 toneladas si comparten una galería estrecha, un único punto de descarga o una vía con circulación restringida.
Distancia de acarreo y coordinación con camiones subterráneos
La distancia entre el frente de extracción y el punto de descarga puede cambiar la alternativa más conveniente.
Cuando las distancias son reducidas, un LHD puede realizar ciclos relativamente rápidos, aprovechando su capacidad de carga.
A medida que aumenta el recorrido, una proporción mayor del ciclo se destina al desplazamiento. Esto reduce la productividad efectiva y puede incrementar el consumo energético, el desgaste de neumáticos y la exposición de los equipos al tránsito subterráneo.
Si el cargador trabaja alimentando camiones de bajo perfil, también debe estudiarse la compatibilidad entre la capacidad del balde y el tonelaje del camión.
El número de pasadas de carguío, los tiempos de posicionamiento y el ciclo completo de los camiones deben incorporarse al análisis.
Una combinación inadecuada puede generar camiones esperando ser cargados o cargadores detenidos por ausencia de unidades de transporte.
El factor de acoplamiento entre cargadores y camiones, conocido como match factor, permite estudiar el equilibrio entre ambos sistemas. No obstante, sus resultados deben complementarse con restricciones de tránsito, capacidad de los puntos de descarga y simulación cuando existen interacciones complejas.
En explotaciones con varios niveles y puntos de extracción, el análisis de flota debería considerar las demandas de producción por sector y no solamente el tonelaje global de la mina.
Ventilación y energía: restricciones que pueden cambiar la selección
En minería subterránea, la elección del sistema de propulsión es tan importante como la capacidad del equipo.
Los LHD diésel ofrecen flexibilidad de desplazamiento sin depender de conexiones eléctricas durante su operación, pero generan gases de escape y calor que deben ser considerados en el diseño de ventilación.
En Chile, el artículo 132 del Reglamento de Seguridad Minera, Decreto Supremo N.º 132, establece que en los frentes donde se utilice maquinaria diésel debe proporcionarse ventilación adicional para la operación de los equipos y la dilución de gases.
La disposición señala que el caudal requerido por máquina debe corresponder al especificado por el fabricante. Si no existe esa especificación, establece un mínimo de 2,83 m³/min por caballo de fuerza efectivo al freno para máquinas en buenas condiciones de mantenimiento.
Asimismo, exige confrontar ese requerimiento con el aire necesario para controlar otros contaminantes y agregar el caudal correspondiente al personal.
Esto significa que la adquisición de un cargador diésel de mayor potencia puede tener consecuencias sobre los requerimientos de ventilación y, eventualmente, sobre la capacidad disponible de la infraestructura minera.
Los LHD eléctricos con cable eliminan las emisiones locales de escape del motor diésel, aunque introducen restricciones relacionadas con la gestión, protección y alcance del cable.
Por su parte, los modelos eléctricos a batería pueden ofrecer mayor movilidad sin emisiones locales de escape durante su operación, pero requieren evaluar autonomía efectiva, gestión térmica, infraestructura de carga, capacidad eléctrica y degradación de baterías.
La decisión debe incorporar tanto el costo de energía del cargador como las inversiones y los costos operacionales asociados a la infraestructura que necesita.
Mantenimiento, disponibilidad y costo total de propiedad
El precio de adquisición no representa el costo completo de un LHD durante su vida operacional.
La evaluación debe incluir mantenimiento preventivo y correctivo, neumáticos, combustible o electricidad, componentes hidráulicos, transmisión, sistemas de propulsión, articulación central, elementos de desgaste del balde y componentes estructurales.
También deben considerarse la disponibilidad de repuestos en Chile, el tiempo de respuesta del servicio técnico, la capacidad de reparación de componentes y las condiciones de los contratos de mantenimiento.
Dos indicadores relevantes son el MTBF (Mean Time Between Failures), que caracteriza el tiempo medio entre fallas, y el MTTR (Mean Time To Repair), asociado al tiempo medio de reparación.
Un equipo puede presentar mayor productividad por hora efectiva y, aun así, entregar menor producción mensual si registra detenciones frecuentes o prolongadas.
Por ello, las cifras de disponibilidad deben sustentarse idealmente en registros de operaciones comparables, considerando horas acumuladas, severidad de las condiciones de trabajo, estrategia de mantenimiento y configuración de la máquina.
Costo por tonelada movida
La comparación económica debe realizarse sobre una base homogénea:
Costo por tonelada = Costo total atribuible al sistema de carguío / Toneladas efectivamente movidas
El costo total debe considerar inversión inicial, costos operacionales, mantenimiento, infraestructura asociada y valor residual, utilizando un horizonte de evaluación común.
También conviene distinguir entre costo por tonelada de material movido y costo por tonelada de mineral entregado al proceso, especialmente cuando existen diferencias de dilución, recuperación minera o manejo de material estéril.
La alternativa con menor consumo por hora no necesariamente tendrá el menor costo por tonelada. Su desempeño dependerá de cuántas toneladas pueda transportar efectivamente durante el período evaluado.
Automatización y operación remota de cargadores LHD
La posibilidad de incorporar automatización también debe analizarse antes de seleccionar el equipo.
Los sistemas de operación remota permiten retirar al operador de determinados sectores de exposición, mientras que las soluciones automatizadas pueden ejecutar funciones de desplazamiento y transporte bajo condiciones operacionales previamente definidas.
Entre las aplicaciones se encuentran el carguío en zonas de mayor exposición geomecánica, operaciones en sectores aislados y procesos donde se busca mantener continuidad de transporte bajo una gestión centralizada.
Sin embargo, automatizar un LHD requiere más que disponer de una máquina compatible.
La implementación puede exigir conectividad subterránea, localización y navegación, sistemas de detección de personas y equipos, segregación del tránsito, infraestructura de control y procedimientos específicos de seguridad.
La operación también debe contar con protocolos para pérdida de comunicaciones, recuperación de equipos detenidos, acceso de personal y mantenimiento en zonas automatizadas.
La productividad dependerá de la continuidad de las rutas, las interferencias de tránsito y la capacidad de gestionar los equipos como parte del sistema minero.
No existe fundamento técnico para asumir que automatizar un cargador incrementará automáticamente su tonelaje transportado. El beneficio debe demostrarse comparando indicadores operacionales equivalentes antes y después de la implementación.
Qué tipo de mina necesita un cargador de mayor capacidad
La capacidad óptima está directamente relacionada con el método de explotación y el diseño de infraestructura.
En explotaciones subterráneas de menor sección, un LHD compacto puede ofrecer mejores condiciones de acceso y maniobrabilidad, aun cuando necesite más ciclos para transportar el tonelaje requerido.
En operaciones con galerías de mayor sección, puntos de extracción de alta capacidad y recorridos adecuados, los cargadores de mayor tonelaje pueden reducir el número de ciclos necesarios y concentrar la producción en menos unidades.
Sin embargo, este beneficio dependerá de que la infraestructura permita operar sin restricciones significativas.
En minería por hundimiento, como block caving o panel caving, el cargador puede formar parte de un sistema intensivo de extracción desde puntos definidos. Allí es importante estudiar la disponibilidad de puntos de extracción, las distancias a los piques o puntos de vaciado, la congestión y la continuidad de alimentación.
En métodos como sublevel stoping, el análisis debe incorporar la distribución de caserones, la secuencia de extracción, las restricciones de acceso y los desplazamientos entre sectores.
En todos los casos, la selección del LHD debe integrarse al diseño minero y a la programación de producción.
Qué debe evaluar una operación minera antes de decidir
La selección debería comenzar con una preevaluación técnica de los equipos que pueden ingresar y operar en las labores existentes o proyectadas.
Posteriormente se necesita construir un modelo de productividad con distancias reales de acarreo, perfiles de pendiente, densidad suelta del mineral, fragmentación, factores de llenado y tiempos de ciclo.
Los indicadores ASARCO permiten incorporar la disponibilidad y utilización de la flota, siempre que se mantenga una definición consistente de las categorías de tiempo.
La evaluación debería complementarse con escenarios de mantenimiento, restricciones de ventilación, necesidades de automatización y costos de infraestructura.
Ingeniería de Minas y Planificación deben liderar el dimensionamiento, mientras que Operaciones, Mantenimiento, Ventilación, Geomecánica, Seguridad y Abastecimiento deben participar en la validación técnica y económica.
Los indicadores que conviene medir antes y después de implementar un equipo incluyen toneladas por hora efectiva, toneladas por turno, disponibilidad física, utilización, tiempo de ciclo, factor de llenado, costo por tonelada, consumo específico de energía, detenciones no programadas y cumplimiento del plan de producción.
En operaciones con incertidumbre significativa sobre el desempeño, las pruebas en terreno y la simulación de eventos discretos pueden aportar información adicional para comparar alternativas y estimar la sensibilidad frente a fallas, congestión y variaciones del ciclo minero.
El criterio final no debería ser seleccionar el cargador con el balde más grande ni el de mayor potencia, sino aquel cuya capacidad pueda transformarse de manera sostenida en producción útil.
Un LHD correctamente dimensionado es el que cumple el tonelaje comprometido, opera dentro de las restricciones físicas y de seguridad de la mina y presenta el menor costo total por tonelada durante el horizonte evaluado. La metodología ASARCO, combinada con cálculos de capacidad, tiempos de ciclo y análisis de confiabilidad, permite fundamentar esa decisión con indicadores operacionales y no solamente con especificaciones comerciales.
REDIMIN Responde
¿Qué factores determinan la selección de un cargador LHD para minería subterránea?
La selección de un cargador LHD para minería subterránea depende de la geometría de las galerías, las características del mineral, los tiempos de ciclo y los indicadores ASARCO. También se consideran la capacidad de carga, la distancia de acarreo, la fragmentación, las condiciones del piso, las pendientes y la disponibilidad de los puntos de descarga.
¿Cuáles son las especificaciones de los cargadores Sandvik Toro LH307, LH410 y LH514?
El Sandvik Toro LH307 tiene una capacidad de carga de 7 toneladas, baldes de 3,1 a 3,7 m³, un ancho de 2,20 metros y una altura de 2,30 metros. El Sandvik Toro LH410 tiene una capacidad de 10 toneladas, baldes de 4,0 a 5,4 m³, un ancho de 2,70 metros y una altura de 2,40 metros. El Sandvik Toro LH514 tiene una capacidad de 14 toneladas, baldes de 4,6 a 7,0 m³, un ancho de 3,00 metros y una altura de 3,00 metros.
¿Cómo se calcula la carga real de un balde de LHD?
La carga real de un balde de LHD se calcula multiplicando el volumen del balde en metros cúbicos por la densidad del mineral suelto en toneladas por metro cúbico y el factor de llenado. La densidad suelta se obtiene dividiendo la densidad in situ por (1 + esponjamiento), donde el esponjamiento se expresa como fracción decimal.
¿Qué impacto tiene la fragmentación del mineral en el rendimiento de un LHD?
La fragmentación del mineral afecta el rendimiento de un LHD al influir en la penetración del balde, el factor de llenado y los tiempos de carguío. Una fragmentación irregular puede reducir la eficiencia del cargador, mientras que optimizar la fragmentación mediante perforación y tronadura puede aumentar la productividad sin necesidad de un equipo de mayor capacidad.
¿Cómo se estima la productividad efectiva de un LHD?
La productividad efectiva de un LHD se estima calculando el tiempo de ciclo, que incluye carguío, desplazamiento cargado, descarga, retorno vacío y maniobras. Luego, se multiplica el número de ciclos por hora efectiva por las toneladas por ciclo. Por ejemplo, un ciclo de seis minutos con 11,42 toneladas por ciclo puede resultar en una productividad de 114,2 toneladas por hora efectiva.







