
Investigadores de la Universidad de Texas determinaron que el cráter de Ames, en Oklahoma, podría haberse formado hace unos 370 millones de años, y no hace 467 millones como se creía. El descubrimiento modifica la cronología de antiguos impactos de meteoritos y lo sitúa cerca de una de las grandes extinciones marinas de la Tierra.
Un equipo de científicos de la Universidad de Texas en Austin descubrió que un enorme cráter de impacto enterrado bajo Oklahoma, Estados Unidos, podría ser casi 100 millones de años más joven de lo que se había calculado. La estructura, conocida como cráter de Ames, tiene entre 14 y 16 kilómetros de diámetro y permanece oculta bajo aproximadamente 2.700 metros de sedimentos. Nuevas mediciones realizadas sobre cristales de circón sitúan su formación alrededor de 369,7 millones de años atrás, durante el Devónico Superior, en lugar de los aproximadamente 467 millones de años atribuidos anteriormente.
La investigación fue publicada el 7 de julio de 2026 en la revista científica Meteoritics & Planetary Science y difundida por la Universidad de Texas el 28 de septiembre.
El cambio de edad modifica la interpretación geológica del cráter. Durante décadas se consideró parte de un período de frecuentes impactos de meteoritos ocurrido en el Ordovícico. Sin embargo, los nuevos resultados lo ubican cerca de una gran crisis biológica que afectó a los océanos hace aproximadamente 372 millones de años.
El estudio fue encabezado por Elizabeth J. Catlos, profesora asociada del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad de Texas, con participación de investigadores de distintas instituciones, incluido el Centro Espacial Johnson de la NASA.
Un cráter de 16 kilómetros oculto bajo Oklahoma
La estructura de Ames se encuentra bajo la localidad del mismo nombre, en el condado de Major, al noroeste de Oklahoma.
A diferencia de cráteres visibles como el Barringer, en Arizona, el impacto de Ames quedó cubierto por extensas capas de sedimentos acumuladas durante cientos de millones de años.
Su estructura presenta un borde circular y una elevación central, características propias de grandes impactos capaces de fracturar y desplazar enormes volúmenes de roca.
El sitio fue reconocido como una estructura de impacto a comienzos de la década de 1990 mediante investigaciones geológicas y exploraciones del subsuelo.
Los estudios posteriores permitieron identificar rocas fracturadas, materiales fundidos y estructuras minerales compatibles con las condiciones extremas generadas por la colisión de un cuerpo extraterrestre.
Aunque permanece invisible desde la superficie, Ames tiene importancia económica porque su estructura geológica alberga yacimientos de petróleo y gas natural.
Las fracturas y brechas generadas por el impacto crearon espacios que posteriormente facilitaron la acumulación de hidrocarburos, convirtiendo al cráter en un objetivo de exploración petrolera.
Cómo descubrieron que el impacto ocurrió 100 millones de años después
La nueva investigación utilizó una técnica de datación radiométrica basada en cristales de circón, un mineral compuesto por silicato de zirconio que puede conservar información sobre acontecimientos geológicos extremadamente antiguos.
Los científicos extrajeron estos cristales de muestras de granito y materiales afectados por el impacto, recuperadas de perforaciones profundas realizadas en Ames.
El circón resulta especialmente útil porque su estructura incorpora uranio durante su formación, pero generalmente contiene cantidades muy reducidas de plomo inicial.
Con el tiempo, el uranio se transforma en plomo mediante procesos de desintegración radiactiva.
Al medir la proporción de ambos elementos, los investigadores pueden establecer edades geológicas utilizando el método uranio-plomo.
El equipo realizó 37 mediciones isotópicas mediante técnicas de espectrometría de masas, combinando ablación láser y análisis con microsonda iónica.
Los cristales proporcionaron diferentes edades, correspondientes a distintos episodios de formación y transformación de las rocas.
Entre los resultados, una población de cristales jóvenes presentó una edad media ponderada de 369,7 millones de años, con un margen de incertidumbre de 5,9 millones.
Esa señal corresponde al Devónico Superior y es considerablemente más reciente que la edad previamente aceptada.
Los autores interpretan el resultado como la mejor referencia temporal disponible para el impacto, aunque reconocen que la datación debe seguir perfeccionándose con nuevas muestras.
Los fósiles que habían llevado a una conclusión equivocada
La antigua estimación de edad se basaba principalmente en fósiles encontrados dentro de los materiales que rellenan el cráter.
Se trataba de restos de conodontos, pequeños animales marinos extintos que poseían estructuras mineralizadas utilizadas para alimentarse.
Estos organismos resultan importantes para la geología porque sus fósiles permiten determinar la edad relativa de numerosos depósitos sedimentarios.
Los ejemplares identificados en Ames correspondían a especies del Ordovícico, período que se extendió aproximadamente entre 485 y 444 millones de años atrás.
Durante mucho tiempo, su presencia llevó a interpretar que el impacto también había ocurrido en esa época.
Sin embargo, la nueva investigación plantea una explicación diferente.
Los fósiles podrían haber pertenecido a sedimentos considerablemente más antiguos, excavados y desplazados cuando el meteorito golpeó la superficie.
El impacto habría removido materiales depositados millones de años antes y los habría incorporado nuevamente al interior del cráter.
Los científicos consideran posible que la colisión ocurriera en un ambiente marino poco profundo, donde el movimiento del agua y los materiales removidos facilitó la mezcla de sedimentos.
Este proceso explicaría por qué aparecieron fósiles ordovícicos en una estructura que aparentemente se formó mucho después.
Además, la datación original dependía de apenas cuatro pequeños fragmentos de roca, lo que limitaba la capacidad de reconstruir toda la secuencia geológica.
La NASA ayudó a identificar las huellas microscópicas del impacto
Para comprobar que los cristales analizados habían experimentado transformaciones relacionadas con un impacto, los investigadores utilizaron técnicas avanzadas de microscopía.
El equipo trabajó con especialistas vinculados a la NASA para estudiar las estructuras internas del circón mediante catodoluminiscencia y difracción de electrones retrodispersados.
Estas herramientas permiten identificar deformaciones microscópicas, recristalización y alteraciones producidas por temperaturas y presiones elevadas.
Dos de los cristales examinados presentaron características compatibles con procesos relacionados con impactos, incluida la reorganización localizada de su estructura cristalina.
Los análisis también permitieron identificar una edad mucho más antigua para el granito original, cercana a 1.401 millones de años.
Esto significa que las rocas presentes en el lugar existían más de mil millones de años antes del episodio que habría producido el cráter.
Distinguir entre la edad de la roca original y la de sus transformaciones posteriores fue fundamental para obtener una nueva interpretación cronológica.
El hallazgo cambia una hipótesis sobre los anillos de la Tierra
Durante décadas, Ames fue considerado parte de un conjunto de grandes impactos asociados al llamado Evento Meteorítico del Ordovícico.
Este episodio está relacionado con la fragmentación de un antiguo asteroide, cuyos restos habrían aumentado la cantidad de material extraterrestre que llegaba a la Tierra.
La concentración de determinados cráteres y depósitos de meteoritos llevó a algunos investigadores a proponer una hipótesis singular: nuestro planeta podría haber tenido temporalmente un anillo de fragmentos rocosos, semejante en su configuración general a los anillos de Saturno.
En ese escenario, parte del material habría ingresado gradualmente a la atmósfera terrestre, generando impactos durante un período prolongado.
Ames se consideraba una de las estructuras que respaldaban esa reconstrucción.
Sin embargo, si su formación ocurrió hace aproximadamente 370 millones de años, no puede utilizarse como evidencia de un impacto ocurrido durante el episodio meteorítico del Ordovícico.
Esto obliga a revisar su posición dentro de los registros utilizados para estudiar la frecuencia de impactos antiguos.
El descubrimiento no descarta por sí solo la hipótesis de los anillos terrestres, pero elimina uno de los cráteres que se habían asociado con ella.
Una posible conexión con una gran extinción marina
La nueva edad sitúa a Ames cerca de otro episodio importante de la historia terrestre: la extinción del límite Frasniense-Fameniense, ocurrida aproximadamente hace 372 millones de años.
Esta crisis biológica forma parte de los episodios de extinción del Devónico tardío, durante los cuales desaparecieron numerosos organismos marinos.
Entre los ecosistemas afectados se encontraban comunidades de arrecifes y diferentes grupos de invertebrados.
Las causas de estas extinciones siguen siendo objeto de investigación.
Se han propuesto diversos mecanismos, incluidos cambios climáticos, alteraciones en la oxigenación de los océanos, actividad volcánica y otros procesos ambientales.
La proximidad cronológica entre el impacto de Ames y esta crisis abre la posibilidad de investigar si ambos acontecimientos estuvieron relacionados.
Los científicos también identifican otros registros de impactos norteamericanos cuyas edades se encuentran dentro del Devónico medio y superior, incluidos Flynn Creek, en Tennessee, y depósitos asociados al impacto de Alamo, en Nevada.
Sin embargo, no existe evidencia suficiente para afirmar que el meteorito de Ames provocó la extinción masiva.
La coincidencia temporal tampoco permite establecer que varios impactos hayan ocurrido simultáneamente o que sus efectos se hayan combinado.
Para evaluar una posible relación causal será necesario precisar las fechas y buscar evidencias independientes de alteraciones ambientales asociadas a estas colisiones.
Por qué también importa para la geología del petróleo
El descubrimiento tiene implicancias adicionales para el estudio de yacimientos de hidrocarburos.
En Ames, la colisión produjo una compleja red de rocas fracturadas que posteriormente funcionó como parte del sistema de almacenamiento de petróleo y gas.
La investigación distingue entre la formación original del cráter y procesos geológicos posteriores que modificaron sus materiales.
Las mediciones realizadas sobre minerales de plagioclasa, por ejemplo, proporcionaron señales térmicas correspondientes a aproximadamente 310 y 250 millones de años atrás.
Los autores interpretan que estas edades podrían reflejar episodios de calentamiento posteriores al impacto, relacionados con la evolución térmica de la cuenca y la maduración de hidrocarburos.
Esto demuestra por qué una misma roca puede conservar registros de distintos acontecimientos geológicos.
Para la industria de exploración, conocer estas etapas permite comprender mejor el desarrollo de fracturas, las transformaciones de los minerales y la evolución de los sistemas petroleros.
Qué falta para confirmar la nueva cronología
Aunque la investigación proporciona resultados que respaldan una edad mucho más reciente, los científicos reconocen limitaciones importantes.
La cantidad de material disponible es reducida y algunas muestras presentan transformaciones complejas que dificultan separar los efectos del impacto original de procesos térmicos posteriores.
Los investigadores consideran necesario analizar nuevos fragmentos de roca y ampliar las mediciones isotópicas.
También será importante revisar la cronología de otros cráteres norteamericanos cuyas edades se establecieron mediante fósiles o relaciones sedimentarias indirectas.
El caso de Ames muestra que una estimación geológica aceptada durante décadas puede cambiar cuando se incorporan métodos de datación más precisos.
La conclusión central del estudio es que el cráter probablemente pertenece al Devónico Superior y no al Ordovícico, lo que representa una diferencia cercana a 100 millones de años.
Confirmar con mayor precisión cuándo ocurrió el impacto permitirá reconstruir mejor la historia de las colisiones de asteroides contra la Tierra y examinar su posible relación con las grandes transformaciones ambientales y biológicas del pasado.
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¿Qué descubrieron los investigadores sobre el cráter de Ames en Oklahoma?
Los investigadores de la Universidad de Texas determinaron que el cráter de Ames podría haberse formado hace unos 370 millones de años, en lugar de los 467 millones de años que se creía anteriormente. Esto lo sitúa cerca de una de las grandes extinciones marinas de la Tierra.
¿Qué técnica utilizaron para determinar la nueva edad del cráter de Ames?
Utilizaron una técnica de datación radiométrica basada en cristales de circón, que permite medir la proporción de uranio y plomo para establecer edades geológicas. Realizaron 37 mediciones isotópicas mediante espectrometría de masas, combinando ablación láser y análisis con microsonda iónica.
¿Por qué la estructura del cráter de Ames es importante económicamente?
El cráter de Ames es importante económicamente porque su estructura geológica alberga yacimientos de petróleo y gas natural. Las fracturas y brechas generadas por el impacto facilitaron la acumulación de hidrocarburos, convirtiéndolo en un objetivo de exploración petrolera.
¿Cómo se había estimado anteriormente la edad del cráter de Ames?
La antigua estimación de edad se basaba en fósiles de conodontos encontrados dentro de los materiales que rellenan el cráter, que correspondían a especies del Ordovícico. Sin embargo, la nueva investigación sugiere que estos fósiles podrían haber sido desplazados de sedimentos más antiguos durante el impacto.
¿Qué colaboración tuvo la NASA en esta investigación?
La NASA colaboró en la investigación mediante el uso de técnicas avanzadas de microscopía para estudiar las estructuras internas del circón. Esto permitió identificar deformaciones microscópicas y alteraciones producidas por el impacto, ayudando a distinguir entre la edad de la roca original y sus transformaciones posteriores.
