
La integración de operaciones mineras entre Chile y Argentina, con una cartera asociada al tratado minero que supera los US$20.700 millones, requiere resolver desafíos técnicos en conectividad y ciberseguridad. La reactivación del Tratado de Integración y Complementación Minera es clave para habilitar proyectos como el Distrito Vicuña, que incluye iniciativas como Josemaría, Filo del Sol, Los Azules, El Pachón y Los Helados.
Conectividad y ciberseguridad: un reto para el desarrollo minero
El desarrollo de la cartera de proyectos vinculada al tratado minero entre ambos países está condicionado a la capacidad de operar faenas distribuidas a ambos lados de la cordillera como una sola operación. Esto implica la necesidad de una infraestructura robusta que garantice la conectividad permanente entre los procesos de mina, planta, seguridad, monitoreo ambiental y respuesta ante emergencias. Según Marcelo Santander, experto de Tres60 by SGS, se requerirá una infraestructura redundante que combine fibra óptica DWDM y OTN, así como enlaces de microondas de alta penetración y conectividad satelital de órbita baja.
Las exigencias técnicas para esta integración son significativamente más complejas que las de una operación minera convencional. Por ejemplo, la teleoperación de maquinaria y otros sistemas críticos demandarán una disponibilidad del 99,999%. Además, se necesitarán centros de datos de borde Tier III y centros metropolitanos Tier III+, con rutas redundantes de energía y climatización que permitan reparar o reemplazar componentes sin interrumpir los servicios.
Latencia y condiciones geográficas: desafíos adicionales
La latencia es un factor crucial para el éxito de esta integración. Los centros tácticos, que estarán ubicados cerca de las faenas, deben operar con tiempos de respuesta inferiores a 15 milisegundos. En contraste, el centro principal podría tolerar latencias mayores, siempre que se concentre en el análisis de datos, dejando el control directo de la operación en las instalaciones locales.
A estas exigencias se suman las condiciones del entorno cordillerano. La geografía de alta montaña, el clima extremo y las limitadas ventanas para instalar y mantener infraestructura son barreras significativas. Además, la complejidad de trasladar equipos, repuestos y personal especializado a zonas aisladas se convierte en un factor crítico, especialmente bajo un escenario regulatorio y geopolítico que puede cambiar entre ambos países.
Interoperabilidad y estándares comunes
La integración de operaciones mineras también requerirá el establecimiento de protocolos comunes de interoperabilidad y ciberseguridad. Aunque es técnicamente posible operar bajo las regulaciones de Subtel en Chile y Enacom en Argentina, la falta de estándares compartidos podría generar incompatibilidades entre plataformas. Esto, a su vez, dificultaría el intercambio de información y provocaría respuestas descoordinadas ante incidentes o ciberataques.
La necesidad de un marco regulatorio que facilite esta integración es evidente, y su ausencia podría frenar el avance de iniciativas mineras en la región. La colaboración entre ambos países es esencial para superar estas barreras y garantizar el éxito de los proyectos en el futuro.
La próxima reunión entre las autoridades mineras de ambos países está programada para abordar estos desafíos, aunque aún no se ha confirmado la fecha exacta. La resolución de estos temas es fundamental para que la cartera de proyectos mineros, que supera los US$20.700 millones, pueda avanzar y contribuir al desarrollo económico de la región.