Cinco iniciativas probarán tecnologías para extraer calor de rocas profundas y otras 16 perforarán para evaluar recursos. El dinero aún no ha sido adjudicado.
El Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) seleccionó el 21 de septiembre 21 proyectos geotérmicos para negociar un financiamiento conjunto de hasta US$99 millones durante su primera etapa. Las iniciativas se desarrollarán en distintos puntos del país y buscan resolver dos obstáculos para ampliar esta fuente de electricidad: comprobar que las nuevas tecnologías funcionan a escala de campo y conocer mejor los recursos disponibles bajo tierra. La selección no garantiza que los fondos sean entregados.
Pruebas en terreno y perforación exploratoria
Cinco proyectos ensayarán sistemas geotérmicos mejorados, conocidos como EGS. Esta tecnología permite aprovechar el calor de rocas profundas incluso donde faltan el agua o la permeabilidad natural que necesita una central geotérmica convencional. Para hacerlo, se perforan pozos y se facilita la circulación de fluidos a través de la roca caliente; el calor recuperado puede utilizarse después para generar electricidad. Los ensayos deberán medir, entre otros factores, si esa circulación puede mantenerse en condiciones útiles para un futuro proyecto comercial.
Los otros 16 proyectos se concentrarán en perforación y mediciones del subsuelo. Algunos evaluarán recursos hidrotermales, donde existen fluidos calientes de forma natural; otros buscarán comprobar el potencial de formaciones que requerirían tecnologías más avanzadas. Un pozo puede confirmar la temperatura de una zona prometedora, pero también debe aportar información sobre la geología y las condiciones necesarias para producir energía. Por ahora, se trata de exploración y pruebas: el anuncio no equivale a la construcción de 21 centrales.
Entre los ensayos EGS figura el de Fervo Energy en Idaho, donde la empresa prevé perforar y estimular pozos e instalar sensores sísmicos capaces de operar a temperaturas de al menos 200 °C. En Oregón, Quaise Energy probará tecnología en el flanco sur del volcán Newberry, en un entorno donde las temperaturas estimadas al fondo del pozo van de 265 °C a 365 °C. La Universidad de Utah, por su parte, trabajará en Dixie Valley West, Nevada, para evaluar la circulación de fluidos en un reservorio creado junto a un sistema hidrotermal existente. Esas temperaturas y resultados corresponden a objetivos o estimaciones de los proyectos, no a hallazgos ya verificados por las nuevas pruebas.
La cartera exploratoria incluye una perforación de GeoAlaska en las cercanías del monte Augustine, en Alaska. La empresa apunta a estudiar un pozo menos profundo con temperaturas superiores a 150 °C y otro más profundo que podría superar los 350 °C. En Nevada, Fervo buscará confirmar temperaturas de entre 200 °C y 220 °C en un área del condado de Humboldt. En California, DAVINCI EP probará dos pozos horizontales para caracterizar un reservorio hidrotermal naturalmente fracturado en Brawley. En todos esos casos, la perforación deberá aportar datos para decidir si es viable avanzar hacia un desarrollo eléctrico.
Una fuente continua con desafíos de costo y subsuelo
La geotermia puede suministrar electricidad durante todo el día, pero todavía tiene una participación pequeña en Estados Unidos. Según cifras preliminares de la Administración de Información Energética, en 2025 las centrales geotérmicas operaban en siete estados y produjeron cerca de 16.000 millones de kilovatios hora, equivalentes al 0,4% de la generación eléctrica estadounidense a gran escala. California concentró el 68,6% de esa producción y Nevada, el 24,7%.
El costo de perforar y la incertidumbre sobre lo que encontrará cada pozo siguen pesando en las decisiones de inversión. La Agencia Internacional de Energía estima que, si mejoran las tecnologías y bajan los costos, la geotermia podría cubrir hasta el 15% del crecimiento de la demanda eléctrica mundial de aquí a 2050. Es una posibilidad condicionada a esos avances, no una previsión de producción asegurada. La agencia también identifica una relación estrecha entre la geotermia de nueva generación y las capacidades de perforación desarrolladas por la industria del petróleo y el gas.
Los sistemas EGS añaden un desafío: conocer cómo responde la roca cuando se modifica su permeabilidad y circulan fluidos por el reservorio. El DOE considera necesario el monitoreo microsísmico para seguir esos cambios y gestionar el riesgo de sismicidad inducida. Parte de las pruebas seleccionadas incorporará sensores y análisis del comportamiento del subsuelo precisamente para reunir esa información.
El DOE prevé publicar los datos obtenidos en su Repositorio de Datos Geotérmicos, de modo que puedan ser consultados por investigadores y desarrolladores. Antes de entregar fondos, deberá negociar cada subvención con sus responsables; el organismo advierte que puede cancelar ese proceso. Los hasta US$99 millones anunciados corresponden al primer período de trabajo. Cualquier financiamiento adicional dependerá de asignaciones del Congreso y del cumplimiento de los hitos y criterios acordados para los proyectos.









