La expansión de la industria en Uyuni vuelve a poner el foco sobre el abastecimiento hídrico, el funcionamiento de los sistemas de tratamiento y la presión que podrían ejercer futuros proyectos sobre comunidades del sudoeste de Potosí.
El intento de Bolivia por acelerar la industrialización del litio enfrenta un desafío que comienza a adquirir un peso equivalente al tecnológico y financiero: la disponibilidad y gestión del agua en las zonas donde se concentran los principales recursos evaporíticos del país. Las advertencias se concentran especialmente en el entorno del salar de Uyuni y en comunidades de Nor Lípez, mientras la operación estatal reconoce que el suministro hídrico constituye un componente crítico para sostener la producción industrial.
El problema adquiere mayor relevancia a medida que Bolivia busca elevar su producción de carbonato de litio, atraer capital extranjero y definir un nuevo marco para el desarrollo del sector. El país dispone de recursos de litio estimados en alrededor de 23 millones de toneladas, concentrados principalmente en Uyuni, Coipasa y Pastos Grandes, pero transformar ese potencial geológico en producción comercial exige resolver previamente restricciones técnicas, ambientales y de infraestructura.
La discusión hídrica no se limita al volumen de agua requerido por las plantas. También abarca la ubicación de los pozos, la capacidad de reposición de acuíferos, el tratamiento del recurso, la interacción entre salmueras y aguas subterráneas y el impacto acumulativo que tendría una expansión industrial de mayor escala.
El agua pasa al centro de la discusión del litio
En Nor Lípez, organizaciones comunitarias han advertido que nuevos desarrollos podrían profundizar problemas locales de disponibilidad hídrica. La provincia reúne 53 comunidades, varias de las cuales dependen en gran medida de agua obtenida mediante pozos, una condición especialmente sensible en un territorio de elevada aridez.
Las preocupaciones alcanzan áreas vinculadas a las microcuencas de Cieneguillas, San Gerónimo y Huasa Julaca, mencionadas dentro de antecedentes técnicos relacionados con proyectos de explotación y procesamiento de litio. En el caso de Huasa Julaca, el área analizada comprende una cuenca de aproximadamente 419 kilómetros cuadrados.
El debate cobra importancia porque la extracción directa de litio, conocida como EDL o DLE por su sigla en inglés, permite reducir significativamente los tiempos asociados al procesamiento tradicional mediante piscinas de evaporación, pero no elimina la necesidad de una administración rigurosa del agua.
El consumo real depende de la tecnología aplicada, la composición de la salmuera, las etapas posteriores de purificación, la recuperación de agua y la eventual reinyección de fluidos. Por ello, comparar tecnologías únicamente por su velocidad de extracción entrega una visión incompleta de su desempeño ambiental.
La propia operación industrial depende de pozos
La infraestructura que actualmente abastece al complejo de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) muestra hasta qué punto el recurso hídrico está integrado al proceso productivo.
La Planta de Tratamiento de Agua utiliza un sistema de pozos que bombea agua hacia instalaciones intermedias de almacenamiento y rebombeo. Posteriormente, el recurso pasa por etapas de prefiltrado, ultrafiltración y ósmosis inversa antes de ser distribuido hacia las plantas industriales de carbonato de litio y cloruro de potasio.
La continuidad de ese abastecimiento es considerada esencial para ambas operaciones. Durante 2025, el sistema permaneció operativo, aunque se detectaron limitaciones para alcanzar su desempeño óptimo, particularmente por la alta saturación de membranas utilizadas en los módulos de ósmosis inversa, que requerían limpieza química.
El antecedente es relevante para futuras expansiones. Elevar la capacidad de producción no implica solamente instalar equipos adicionales para recuperar litio desde la salmuera. También obliga a dimensionar correctamente pozos, bombeo, almacenamiento, tratamiento, recuperación y disposición del agua utilizada por todo el circuito industrial.
Producción todavía lejos de la escala proyectada
Bolivia continúa operando a una escala reducida respecto del tamaño de sus recursos.
Durante 2025, la planta industrial de carbonato de litio tenía una meta de 3.500 toneladas métricas, pero terminó produciendo 2.462 toneladas, equivalente al 70,34% de lo programado. Entre los factores que limitaron la operación estuvieron la disponibilidad y calidad de la materia prima, restricciones de carbonato de sodio, GLP y diésel, además de actividades de mantenimiento.
Para 2026, YLB proyectó elevar la producción a aproximadamente 3.600 toneladas de carbonato de litio, reflejando una estrategia de reactivación gradual mientras Bolivia redefine el modelo bajo el cual pretende incorporar inversión y tecnología al sector.
Estas cifras muestran que el desafío hídrico aparece antes de que Bolivia alcance volúmenes comparables con los grandes productores regionales. Una expansión hacia decenas de miles de toneladas anuales aumentaría considerablemente las exigencias sobre infraestructura, disponibilidad de insumos y capacidad de gestión ambiental.
La escala futura obliga a conocer el balance hídrico
Las iniciativas negociadas durante la administración anterior buscaban precisamente dar ese salto industrial.
El acuerdo con el consorcio chino CBC contemplaba inversiones por al menos US$1.000 millones y dos plantas de extracción directa en Uyuni con una capacidad conjunta de alrededor de 35.000 toneladas anuales. El proyecto negociado con Uranium One apuntaba a una instalación de unas 14.000 toneladas anuales de carbonato de litio, con una inversión cercana a US$970 millones. Ambos contratos quedaron sometidos a fuertes cuestionamientos políticos, sociales y jurídicos.
Para proyectos de esa magnitud, conocer solamente el consumo nominal de agua de una planta no resulta suficiente. La evaluación debe considerar la disponibilidad efectiva de cada cuenca, tasas de recarga, variaciones climáticas, demandas de las comunidades y otros usos productivos existentes.
Además, cualquier esquema basado en reinyección de salmueras requiere información hidrogeológica suficiente para determinar el comportamiento del sistema subterráneo y evitar que una solución destinada a reducir el consumo neto genere impactos diferentes sobre el equilibrio del salar.
Un factor que también condicionará la inversión
La administración del presidente Rodrigo Paz ha planteado cambios al modelo de desarrollo del litio y una mayor apertura hacia inversión privada, manteniendo al mismo tiempo el carácter estratégico del recurso. El Gobierno trabaja en nuevas reglas para el sector y ha señalado que los futuros proyectos deben atraer capital y generar mayores beneficios para las regiones productoras.
En ese escenario, el agua pasa de ser una variable ambiental a convertirse también en una condición económica para la bancabilidad de los proyectos.
Los inversionistas necesitarán conocer cuánta agua puede utilizar una operación durante varias décadas, qué permisos serán exigidos, cuáles serán las obligaciones de monitoreo y cómo se distribuirán los riesgos frente a restricciones futuras. Para las comunidades, en tanto, la discusión estará centrada en asegurar que el crecimiento industrial no comprometa fuentes utilizadas para consumo humano, ganadería, agricultura y otras actividades locales.
Bolivia posee una de las mayores dotaciones mundiales de litio, pero la experiencia acumulada muestra que el tamaño del recurso geológico no garantiza por sí mismo una industria competitiva. A la tecnología, infraestructura, inversión y regulación se suma ahora con mayor claridad una variable decisiva: demostrar que cualquier expansión puede sostenerse con un balance hídrico técnicamente conocido, monitoreable y compatible con las necesidades del territorio.









