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El telescopio óptico más grande del mundo supera 75% de avance en Chile y se prepara para buscar señales de vida

El Extremely Large Telescope en Chile avanza hacia su finalización, con un espejo de 39 metros que permitirá estudiar atmósferas de exoplanetas y buscar señales de vida a partir de 2029.

El telescopio óptico más grande del mundo supera 75% de avance en Chile y se prepara para buscar señales de vida
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El Extremely Large Telescope tendrá un espejo principal de 39 metros y comenzaría su etapa de primeras observaciones técnicas en 2029. Entre sus objetivos estará estudiar directamente las atmósferas de planetas rocosos situados alrededor de otras estrellas.

El Extremely Large Telescope (ELT), el gigantesco observatorio que el Observatorio Europeo Austral (ESO) construye en el cerro Armazones, en la Región de Antofagasta, entró en las etapas finales de una obra destinada a convertirse en el mayor telescopio óptico e infrarrojo del mundo. El proyecto ya supera el 75% de avance y contempla un espejo principal de 39 metros de diámetro, una capacidad que permitirá estudiar desde las primeras galaxias del Universo hasta las atmósferas de planetas potencialmente habitables.

La instalación se levanta a 3.046 metros sobre el nivel del mar, en pleno desierto de Atacama y a unos 23 kilómetros del Very Large Telescope (VLT) de ESO. La elección del lugar responde a su baja humedad, escasas precipitaciones y cielos excepcionalmente oscuros, condiciones especialmente favorables para la astronomía óptica e infrarroja.

Aunque una de sus metas más llamativas será buscar señales químicas asociadas a posibles formas de vida, el ELT no está diseñado para entregar por sí solo una respuesta definitiva sobre la existencia de organismos extraterrestres. Su capacidad permitirá, principalmente, determinar con un nivel de detalle inédito la composición de las atmósferas de determinados exoplanetas y buscar combinaciones de moléculas que puedan convertirse en candidatos a biofirmas.

Un espejo de 39 metros formado por 798 piezas

El componente central del telescopio será su espejo primario, denominado M1. Tendrá 39 metros de diámetro y una superficie colectora de 978 metros cuadrados, dimensiones imposibles de construir mediante una sola pieza de vidrio. Por ello estará formado por 798 segmentos hexagonales, cada uno de cerca de 1,5 metros de ancho y aproximadamente cinco centímetros de espesor.

Los segmentos deberán funcionar como si constituyeran una única superficie. Para lograrlo, sensores y actuadores ajustarán permanentemente su posición mientras el telescopio cambia de orientación o enfrenta variaciones de temperatura y viento. ESO establece una precisión de alineamiento del orden de decenas de nanómetros, miles de veces inferior al grosor de un cabello humano.

La producción también considera piezas adicionales para mantenimiento. Además de los 798 segmentos que estarán instalados simultáneamente, fueron encargados componentes de reemplazo que permitirán retirar espejos para renovar periódicamente su superficie reflectante sin dejar incompleto el M1.

El ELT empleará un diseño óptico compuesto por cinco espejos. Uno de ellos, M4, será deformable y podrá modificar su superficie repetidamente para compensar la turbulencia de la atmósfera terrestre, una técnica conocida como óptica adaptativa. El objetivo es obtener imágenes extremadamente nítidas pese a que el observatorio opere desde la superficie del planeta.

La construcción entra en su fase final

El avance físico del observatorio se ha acelerado durante los últimos años. En abril de 2025, la instalación de las enormes puertas corredizas permitió que la cúpula alcanzara su altura máxima de 80 metros. Para julio de 2026, ESO informaba que el proyecto completo había superado el 75% de ejecución.

La estructura exterior ha recibido progresivamente un revestimiento aislante destinado a proteger los instrumentos del polvo, la radiación solar y las condiciones del desierto. Las grandes puertas permanecerán cerradas durante el día y se abrirán durante las observaciones nocturnas. La finalización de la cúpula está prevista para 2027.

Eso no significa que el telescopio comenzará inmediatamente a producir resultados científicos. La planificación actual de ESO fija en 2029 la denominada “primera luz técnica”, etapa en que los sistemas ópticos, mecánicos y de control comenzarán a probarse conjuntamente antes de avanzar hacia operaciones científicas regulares. El presupuesto oficial del proyecto se sitúa en torno a 1.450 millones de euros, con una vida útil proyectada superior a 30 años.

Cómo podría buscar señales de vida

Uno de los principales saltos científicos del ELT será su capacidad para observar exoplanetas mucho más pequeños y cercanos a sus estrellas de lo que permiten habitualmente los telescopios actuales.

Detectar un planeta similar a la Tierra directamente es especialmente difícil porque el brillo de su estrella puede superar por enormes magnitudes la luz reflejada por el planeta. ESO estima que observar un equivalente terrestre puede requerir distinguir contrastes del orden de una parte en mil millones a distancias angulares extremadamente pequeñas. El gran diámetro del ELT y sus sistemas de óptica adaptativa serán claves para acercarse a ese nivel de sensibilidad.

El objetivo no será simplemente fotografiar esos mundos. Instrumentos especializados podrán separar la luz en diferentes longitudes de onda y buscar las huellas químicas producidas por moléculas presentes en sus atmósferas.

Entre ellos estará ANDES, un espectrógrafo de alta resolución que analizará desde luz visible hasta infrarrojo cercano. ESO contempla utilizarlo para estudiar atmósferas de planetas similares a la Tierra, incluidos aquellos situados dentro de las denominadas zonas habitables de sus estrellas.

Otro instrumento, METIS, trabajará en el infrarrojo medio y podrá estudiar temperatura, composición química y características atmosféricas de exoplanetas, además de buscar planetas pequeños alrededor de algunas de las estrellas más cercanas al Sistema Solar.

Encontrar una biofirma no equivaldría a encontrar vida

La posibilidad de identificar oxígeno, agua, metano, dióxido de carbono u otras moléculas en un planeta lejano no constituye automáticamente evidencia de organismos vivos. Algunos de esos compuestos también pueden producirse mediante procesos geológicos o atmosféricos sin intervención biológica.

Por esa razón, el trabajo del ELT consistirá en reunir múltiples evidencias: composición atmosférica, temperatura, características de la estrella anfitriona, propiedades orbitales y posibles combinaciones químicas difíciles de explicar mediante procesos abióticos.

ESO plantea que el observatorio podría convertirse en el primer telescopio capaz de encontrar evidencias compatibles con vida extraterrestre en determinados exoplanetas, pero esa posibilidad sigue siendo un objetivo científico y no un resultado asegurado.

El alcance del ELT será además mucho más amplio. El observatorio estudiará la formación de estrellas y planetas, las primeras generaciones estelares, galaxias extremadamente lejanas, agujeros negros y la expansión del Universo. Con su construcción avanzando sobre el desierto chileno, el desafío inmediato sigue siendo completar una de las máquinas científicas más complejas construidas hasta ahora y conseguir que cientos de toneladas de estructuras, espejos e instrumentos funcionen con precisión nanométrica bajo un mismo sistema.