
La reiterada insistencia del expresidente estadounidense Donald Trump por adquirir Groenlandia —que en su momento fue recibida con escepticismo diplomático— ha cobrado una nueva dimensión a la luz de la creciente competencia global por los minerales críticos. Más allá de consideraciones geopolíticas y de seguridad nacional, la isla ártica concentra uno de los potenciales geológicos más relevantes del planeta, en momentos en que Occidente busca reducir su dependencia de Asia, particularmente de China, en cadenas de suministro estratégicas.
Un análisis elaborado en 2023 por el Geological Survey of Denmark and Greenland (GEUS) reveló que Groenlandia alberga 25 de los 34 minerales críticos definidos por la Unión Europea. La magnitud de estos recursos se vuelve aún más significativa al contrastarlos con las reservas globales reportadas por el United States Geological Survey (USGS). Eso sí, existe una diferencia clave: mientras el USGS contabiliza reservas económicamente explotables, los datos de Groenlandia corresponden a recursos identificados cuya viabilidad comercial aún debe demostrarse.
Una despensa mineral bajo el hielo
Entre los minerales más destacados se encuentra el tántalo, esencial para componentes electrónicos avanzados. Según el GEUS, Groenlandia contaría con unas 916 mil toneladas, más del doble de las reservas globales estimadas actualmente. A ello se suma el circonio, con 57,1 millones de toneladas —equivalentes al 78% de las reservas mundiales— y el estroncio, con 9,8 millones de toneladas, cerca del 51% del total global.
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Las tierras raras, fundamentales para la transición energética, la electromovilidad y la industria de defensa, alcanzan en la isla unas 36,1 millones de toneladas, cerca del 40% de las reservas mundiales. El niobio, utilizado en aceros especiales y tecnologías limpias, suma 5,9 millones de toneladas (33% de las reservas). También destacan el titanio, el molibdeno, el grafito, el vanadio y el litio, completando un portafolio mineral de alto valor estratégico.
Proyectos en desarrollo y capital internacional
Este potencial ha atraído a diversos actores. En el sur de la isla, la Provincia de Gardar concentra proyectos de tierras raras, niobio y circonio. El proyecto Tanbreez, controlado por Critical Minerals Corp, cuenta con permisos de explotación y es considerado uno de los mayores depósitos de tierras raras pesadas del mundo. Otras iniciativas relevantes incluyen Kvanefjeld, de Energy Transition Minerals, actualmente paralizado por disputas legales, y Sarfartoq, explorado por Neo Performance Materials.
En grafito, insumo clave para baterías, destaca el proyecto Amitsoq, impulsado por GreenRoc Strategic Minerals, mientras que el molibdeno tiene como emblema el proyecto Malmbjerg, de Greenland Resources. Incluso el oro reaparece en escena con la reactivación de la mina Nalunaq, operada por Amaroq Minerals.
Barreras ambientales y giro político
Pese a esta riqueza, Groenlandia enfrenta desafíos estructurales: clima extremo, ausencia de infraestructura, altos costos logísticos y un marco regulatorio exigente. La prohibición de la minería de uranio aprobada en 2021 frenó proyectos clave, especialmente aquellos donde este elemento aparece como subproducto.
No obstante, el escenario político ha comenzado a cambiar. Tras las elecciones de marzo de 2025, la mayoría del parlamento groenlandés se ha mostrado dispuesta a revisar estas restricciones, con el objetivo de financiar una mayor autonomía económica. En ese contexto, el interés de Washington por la isla deja de parecer una excentricidad y se inserta de lleno en la disputa global por los minerales que sostendrán la economía del siglo XXI.












