
La iniciativa del Ministerio del Medio Ambiente y AIEP capacitó a conductores, técnicos y profesionales del sector público y privado entre abril y junio, con foco en ciudades donde se proyectan pilotos de transporte limpio.
El avance de la electromovilidad en Chile ya no depende solo de buses eléctricos, cargadores o nuevos proyectos urbanos. También requiere personas capacitadas para operar, mantener y planificar sistemas de transporte con menores emisiones. En esa línea, el proyecto CLETS del Ministerio del Medio Ambiente, junto a AIEP Educación Continua, concluyó un programa gratuito que certificó a 448 personas en distintas regiones del país.
La formación se desarrolló entre abril y junio, en modalidad presencial y telemática, con especial atención en Antofagasta, Concepción, Valdivia, Ovalle y Copiapó. Del total de personas certificadas, 121 fueron mujeres, equivalentes al 27% de participación femenina.
Qué se certificó y a quiénes apuntó el programa
El programa estuvo orientado a conductores, operadores, técnicos, ingenieros y profesionales vinculados al transporte, tanto del sector público como privado. El objetivo fue entregar conocimientos prácticos sobre electromovilidad, seguridad eléctrica, mantenimiento, sistemas de carga y operación de tecnologías de cero y bajas emisiones.
La iniciativa formó parte del proyecto de Apoyo a la Estrategia Chilena de Transporte Sostenible, conocido como CLETS, que busca impulsar sistemas de transporte público de cero y bajas emisiones, además de fortalecer capacidades técnicas en regiones.
Según la información oficial, la capacitación se organizó en nueve cursos agrupados en tres líneas formativas:
Capacitación en electromovilidad, con un programa híbrido de 36 horas.
Sensibilización en electromovilidad, con cursos presenciales de 12 horas en Antofagasta, Concepción y Valdivia.
Cursos de conducción segura e introducción práctica a buses eléctricos, dirigidos exclusivamente a mujeres en Ovalle y Copiapó.
Por qué importa para el transporte regional
El dato no es menor para las regiones. La expansión del transporte eléctrico exige trabajadores preparados para enfrentar cambios operativos, tecnológicos y de seguridad. Esto incluye desde la conducción de buses eléctricos hasta la mantención preventiva, el uso de infraestructura de carga y la adaptación de sistemas urbanos a nuevas formas de movilidad.
El proyecto CLETS considera iniciativas piloto en distintas zonas del país. Entre ellas, un electrocorredor en Antofagasta, un centro de carga eléctrica en Valdivia, electrocargadores para taxis colectivos en Lebu y un piloto de integración de micromovilidad urbana con el Biotren en Concepción.
En la práctica, la certificación busca que estas transformaciones no queden concentradas solo en infraestructura, sino que también generen capacidades locales y oportunidades laborales en ciudades fuera de Santiago.
El vínculo con la transición energética
El transporte es uno de los sectores clave en la reducción de emisiones, debido a su alta dependencia de combustibles fósiles. Por eso, la electromovilidad se ha instalado como una herramienta relevante en las políticas de sostenibilidad, calidad del aire y modernización del transporte público.
El proyecto CLETS cuenta con financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, con una donación de US$2,9 millones, y se ejecuta mediante cooperación entre el Ministerio del Medio Ambiente, AGCID y CAF Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe.
Además, la iniciativa se enmarca en el Acuerdo Público Privado por la Electromovilidad 2026, liderado por la Agencia de Sostenibilidad Energética, al que adhirieron 180 organizaciones públicas y privadas.
Qué deben observar trabajadores y empresas
Para trabajadores del transporte, técnicos, operadores y profesionales del área, este tipo de certificaciones puede abrir espacio en un mercado que necesitará nuevas competencias. Para empresas, municipios y operadores, el desafío será contar con personal preparado antes de implementar flotas eléctricas, centros de carga o proyectos de micromovilidad.
El punto central es que la electromovilidad no avanza solo con vehículos nuevos. También depende de formación, seguridad operacional y capacidades locales. En ese terreno, la certificación de 448 personas marca un paso concreto para que la transición hacia un transporte más limpio tenga soporte técnico y laboral en regiones.






