
Arqueólogos recuperaron miles de platos, cuencos y bandejas de una embarcación comercial localizada frente a las costas de Turquía. Una técnica de embalaje que utilizaba arcilla permitió conservar las piezas durante más de dos milenios bajo el mar Mediterráneo.
Un equipo de arqueólogos submarinos recuperó 6.511 piezas de cerámica intactas de un barco mercante hundido hace aproximadamente 2.100 años frente a las costas de Adrasan, en la provincia turca de Antalya. La embarcación transportaba vajillas de lujo destinadas al comercio mediterráneo y conservó buena parte de su carga gracias a un sistema de embalaje que utilizaba arcilla para proteger los objetos durante el transporte.
El descubrimiento corresponde a un naufragio de finales del período helenístico o comienzos de la época romana, localizado a profundidades de entre 42 y 55 metros. Las excavaciones sistemáticas comenzaron en 2025 y sus resultados fueron detallados por la Universidad de Akdeniz y el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía durante 2026.
Entre los objetos recuperados se encuentran platos para pescado, cuencos para sopa, recipientes para frutos secos y bandejas de diferentes tamaños. Los investigadores identificaron 122 formas y dimensiones distintas de cerámica, una diversidad que permite reconstruir aspectos de la producción artesanal, los hábitos alimentarios y las redes comerciales de la antigüedad.
Miles de piezas sobrevivieron gracias a una técnica de embalaje
Uno de los aspectos más llamativos del hallazgo es el estado de conservación de los objetos.
Durante la campaña de excavación de 2025, los investigadores consiguieron recuperar 6.511 piezas completas, además de miles de fragmentos de cerámica que también serán estudiados y restaurados.
La explicación se encuentra principalmente en la forma en que los antiguos comerciantes prepararon la mercancía para su transporte marítimo.
Los platos y cuencos fueron colocados cuidadosamente unos dentro de otros y protegidos mediante capas de arcilla, antes de ser introducidos en cajas de madera.
Este material actuó como una barrera amortiguadora que limitó los movimientos y redujo el contacto directo entre las piezas.
Cuando el barco se hundió, el embalaje habría contribuido a impedir que una parte considerable de la mercancía se rompiera durante el impacto y su posterior permanencia en el fondo marino.
La arcilla también ayudó a mantener protegidas las superficies de los objetos, conservando características que permiten identificar sus formas y técnicas de fabricación.
La conservación es especialmente relevante porque la cerámica, aunque resiste relativamente bien el paso del tiempo, puede fracturarse durante una colisión, el desplazamiento de materiales o las labores de recuperación submarina.
Las 6.511 piezas corresponden a los objetos recuperados intactos durante la primera campaña de excavación, no necesariamente a la totalidad de la carga original del barco.
Un cargamento de vajillas que se comercializaban en la antigua Roma
El análisis de las piezas permitió identificar una producción asociada a Rhosus, un antiguo centro comercial y artesanal ubicado en la zona de la actual Arsuz, en el sur de Turquía.
Esta región formaba parte de las redes económicas que conectaban el Mediterráneo oriental con los mercados griegos y romanos.
Los investigadores relacionan la mayor parte del cargamento con una categoría de cerámica conocida como Eastern Sigillata A, o sigillata oriental A.
Se trata de una vajilla fina, generalmente caracterizada por superficies rojizas y un acabado elaborado, que circuló ampliamente por el Mediterráneo durante los últimos siglos antes de nuestra era y los primeros siglos del Imperio romano.
A diferencia de los recipientes utilizados principalmente para almacenar mercancías, estas piezas estaban destinadas a servir alimentos y bebidas.
Su variedad refleja la existencia de utensilios especializados para diferentes preparaciones y formas de consumo.
El conjunto recuperado incluye recipientes individuales, platos de distintos tamaños y bandejas utilizadas para presentar alimentos.
La presencia de miles de objetos similares indica que la embarcación participaba en el transporte comercial de grandes cantidades de vajilla, aunque todavía no se conoce quién contrató el cargamento ni cuál era su destinatario final.
Las cerámicas también aparecen mencionadas en cartas de Cicerón
Una conexión histórica particularmente interesante relaciona estas piezas con Marco Tulio Cicerón, el célebre orador, político y escritor de la antigua Roma.
En una carta enviada en el año 50 antes de Cristo a su amigo Tito Pomponio Ático, Cicerón mencionó que había encargado recipientes de cerámica procedentes de Rhosus.
La referencia demuestra que estos productos eran conocidos y solicitados dentro de los círculos comerciales y sociales romanos.
Para los investigadores, la correspondencia constituye un antecedente relevante porque permite relacionar el registro arqueológico con documentos escritos de la época.
Las piezas recuperadas en Adrasan presentan características compatibles con las vajillas producidas en la región mencionada por Cicerón.
Sin embargo, esto no significa que el cargamento perteneciera al político romano ni que tuviera relación directa con su pedido.
La importancia del vínculo es histórica y comercial: muestra que los objetos encontrados bajo el mar pertenecían a una tradición artesanal cuya circulación por el Mediterráneo también quedó registrada en fuentes antiguas.
Monedas antiguas ayudan a establecer cuándo se hundió
Los arqueólogos también recuperaron monedas procedentes de Antioquía, una importante ciudad de la antigüedad situada en la región de la actual Antakya.
Estas piezas monetarias corresponden al siglo I antes de Cristo y aportan información para establecer la cronología del naufragio.
Los antecedentes disponibles sitúan la actividad del barco aproximadamente hacia mediados de ese siglo, cuando las rutas del Mediterráneo conectaban centros manufactureros de Anatolia, puertos del mar Egeo, ciudades griegas y mercados de la península itálica.
Además de vajillas, el naufragio contiene ánforas que posiblemente fueron fabricadas en distintas islas del Egeo.
Estos recipientes eran utilizados habitualmente para transportar productos comerciales, entre ellos vino y aceite.
Su presencia indica que la embarcación podía incorporar mercancías procedentes de diferentes regiones durante un mismo viaje.
Los especialistas consideran que el barco probablemente había partido desde el entorno de Rhosus y que navegaba hacia el Mediterráneo occidental, posiblemente con destino a Roma.
Una de las hipótesis plantea que la embarcación chocó contra una zona rocosa poco profunda durante una tormenta y terminó hundiéndose.
No obstante, la ruta exacta, las circunstancias definitivas del accidente y la identidad de sus tripulantes no están confirmadas.
Un descubrimiento que permite reconstruir el comercio marítimo antiguo
El naufragio de Adrasan tiene especial importancia porque conserva un conjunto comercial relativamente homogéneo.
En numerosos yacimientos arqueológicos terrestres, los objetos aparecen mezclados con materiales acumulados durante décadas o incluso siglos.
En cambio, la carga de un barco hundido puede representar una selección de mercancías transportadas en un momento concreto.
Esto permite estudiar de manera más precisa qué productos se comercializaban simultáneamente, cómo eran embalados y qué regiones participaban en su distribución.
El caso de Adrasan también ofrece información sobre las técnicas logísticas utilizadas por los comerciantes antiguos para transportar materiales frágiles.
La utilización de arcilla como protección demuestra que existían soluciones prácticas destinadas a reducir las pérdidas durante los viajes marítimos.
La investigación arqueológica del sitio ya había producido antecedentes científicos antes de las excavaciones recientes.
En 2023, los investigadores Hakan Öniz y Emre Okan publicaron un estudio en la revista Journal of Maritime Archaeology dedicado al cargamento de cerámica sigillata oriental A del naufragio.
La publicación identificó la importancia del sitio como un ejemplo poco frecuente de embarcación mercante cuyo cargamento estaba compuesto principalmente por una clase bien definida de productos cerámicos.
Los nuevos trabajos permitieron ampliar esa caracterización mediante la recuperación sistemática y el análisis de miles de objetos.
Continúan las excavaciones y la restauración de las piezas
Las investigaciones están dirigidas por Hakan Öniz, especialista en arqueología submarina de la Universidad de Akdeniz, en colaboración con el Museo de Antalya y las autoridades culturales turcas.
Las operaciones se desarrollan mediante inmersiones especializadas y equipos robóticos submarinos que apoyan las labores de documentación y recuperación.
Las 6.511 piezas conservadas completas durante la primera campaña fueron trasladadas al Museo de Antalya, donde quedaron bajo custodia para su estudio y conservación.
Por su parte, miles de fragmentos adicionales fueron enviados al Laboratorio de Conservación y Restauración de la Universidad de Akdeniz, en Kemer, para su análisis y posible reconstrucción.
El trabajo permitirá conocer con mayor precisión las características de fabricación, la distribución de las formas cerámicas y las relaciones entre los distintos componentes del cargamento.
También podrían obtenerse nuevos antecedentes sobre la organización del comercio marítimo durante una etapa de expansión económica y política de Roma en el Mediterráneo oriental.
La excavación sigue en desarrollo, por lo que todavía no existe una evaluación definitiva de la cantidad total de objetos transportados originalmente por la embarcación.
El valor del hallazgo va más allá de la extraordinaria conservación de miles de platos y cuencos. El naufragio constituye un registro material del comercio mediterráneo de hace 2.100 años y demuestra que las técnicas de fabricación, embalaje y transporte utilizadas en la antigüedad podían proteger mercancías delicadas incluso frente a un accidente marítimo.
La combinación de cerámicas, monedas y documentos históricos ofrece ahora a los arqueólogos una oportunidad poco frecuente para reconstruir cómo se producían, distribuían y comercializaban los artículos de lujo en el mundo antiguo.
REDIMIN Responde
¿Cuántas piezas de cerámica fueron recuperadas del naufragio frente a las costas de Turquía?
Los arqueólogos submarinos recuperaron 6.511 piezas de cerámica intactas del barco mercante hundido.
¿Qué técnica permitió la conservación de las piezas de cerámica durante más de dos milenios?
La técnica de embalaje utilizaba arcilla para proteger los objetos durante el transporte, lo que permitió su conservación bajo el mar Mediterráneo.
¿Qué tipo de cerámica fue identificada entre las piezas recuperadas?
La mayor parte del cargamento fue identificada como cerámica Eastern Sigillata A, caracterizada por superficies rojizas y un acabado elaborado.
¿Qué información proporcionan las monedas recuperadas sobre el naufragio?
Las monedas procedentes de Antioquía, correspondientes al siglo I antes de Cristo, ayudan a establecer la cronología del naufragio, situando la actividad del barco hacia mediados de ese siglo.
¿Qué importancia tiene el naufragio de Adrasan para el estudio del comercio marítimo antiguo?
El naufragio de Adrasan es importante porque conserva un conjunto comercial homogéneo, permitiendo estudiar qué productos se comercializaban simultáneamente, cómo eran embalados y qué regiones participaban en su distribución.
