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Industria Minera

IA y automatización podrían transformar entre 17 mil y 25 mil empleos en la gran minería chilena hacia 2031

La automatización y la inteligencia artificial podrían impactar entre 17 mil y 25 mil empleos en la gran minería chilena hacia 2031, según un estudio de REDIMIN, aunque también se prevén nuevas oportunidades.

IA y automatización podrían transformar entre 17 mil y 25 mil empleos en la gran minería chilena hacia 2031

La estimación considera una fuerza laboral de 209 mil personas y escenarios de exposición tecnológica de entre 8% y 12%. El ajuste afectaría principalmente tareas repetitivas, pero también abriría nuevas oportunidades en mantenimiento avanzado, control remoto, datos y ciberseguridad.

Las declaraciones de Elon Musk sobre la velocidad con que avanzará la inteligencia artificial reactivaron la discusión sobre el reemplazo de trabajadores por sistemas capaces de analizar información, tomar decisiones y operar máquinas. En la minería chilena, esa transformación ya está en marcha mediante camiones autónomos, perforadoras robotizadas, centros integrados de operación, sensores, mantenimiento predictivo y herramientas digitales aplicadas a plantas concentradoras.

Una estimación elaborada por REDIMIN sitúa entre 16.700 y 25.100 los puestos de la gran minería chilena que podrían desaparecer, dejar de ser reemplazados o experimentar una reconversión profunda hacia 2031.

La cifra no corresponde a una previsión de despidos masivos. Representa un rango de exposición laboral construido a partir del tamaño de la fuerza de trabajo sectorial, la composición de sus ocupaciones y la velocidad con que las grandes faenas podrían incorporar automatización durante los próximos cinco años.

El efecto final dependerá de las decisiones de inversión, la antigüedad de las operaciones, la disponibilidad de conectividad, los ciclos de renovación de equipos y la capacidad de las empresas para capacitar a sus trabajadores.

La base utilizada para calcular los empleos expuestos

El ejercicio toma como universo una fuerza laboral cercana a 209 mil personas en la gran minería chilena, incluyendo trabajadores propios y contratistas vinculados a las principales operaciones del país.

Sobre esa base se construyeron dos escenarios.

El primero considera una transformación efectiva equivalente al 8% de la dotación. Este escenario moderado supone una incorporación gradual de sistemas autónomos, principalmente en faenas de gran escala, y reconoce que una parte considerable de las operaciones chilenas corresponde a instalaciones existentes que no pueden automatizarse de manera inmediata.

El segundo aplica una exposición del 12%, bajo una trayectoria más acelerada de inversión en flotas autónomas, operación remota, inteligencia artificial y digitalización de procesos.

Escenario

Fuerza laboral considerada

Exposición aplicada

Puestos involucrados

Transformación moderada

209.000

8%

16.720

Punto medio

209.000

10%

20.900

Automatización acelerada

209.000

12%

25.080

El rango de entre 8% y 12% no representa el porcentaje de tareas que técnicamente podrían ser automatizadas. Esa proporción podría ser considerablemente mayor. El cálculo busca aproximarse a los puestos que realmente podrían verse afectados dentro de un periodo de cinco años, descontando las barreras económicas, operacionales y regulatorias que ralentizan la adopción tecnológica.

Automatizar una faena existente requiere instalar redes de comunicación, adaptar caminos, integrar sistemas de distintas marcas, reforzar la ciberseguridad y modificar protocolos de operación. También exige disponer de talleres especializados, personal capacitado y procedimientos capaces de responder ante fallas o situaciones imprevistas.

Por esa razón, la transformación será más rápida en minas nuevas o expansiones diseñadas desde su origen para operar con infraestructura digital.

Qué significa que un empleo esté expuesto

Un puesto expuesto a automatización no necesariamente equivale a un trabajador despedido.

Dentro del rango estimado se consideran tres situaciones: cargos que podrían desaparecer, vacantes que dejarían de cubrirse después de una jubilación o salida voluntaria, y funciones que continuarían existiendo, pero con responsabilidades completamente distintas.

Un conductor de camión de extracción podría pasar desde la cabina a un centro remoto desde el cual se supervisan varios equipos autónomos. Un operador de perforadora podría controlar más de una máquina desde una sala protegida. Una inspección visual podría ser ejecutada por drones y cámaras térmicas, aunque los resultados seguirían requiriendo interpretación y decisiones humanas.

La reconversión también podría reducir el impacto de la automatización sobre el empleo total. El principal riesgo estará en los trabajadores cuyas competencias no sean actualizadas al mismo ritmo que la tecnología.

Operadores y tareas repetitivas concentran el impacto

Los puestos con mayor exposición corresponden a labores predecibles, rutinarias y desarrolladas bajo parámetros estandarizados.

La conducción de camiones mineros aparece entre las primeras actividades susceptibles de transformación. Las flotas autónomas pueden desplazarse por rutas programadas, mantener velocidades constantes y coordinarse con sistemas centrales de despacho sin llevar un conductor en cada equipo.

También presentan una exposición elevada los operadores de perforación, el monitoreo rutinario de variables, algunas inspecciones de terreno, el control de inventarios, la elaboración de reportes operacionales y parte del procesamiento administrativo.

En las plantas concentradoras, los algoritmos pueden ajustar variables de molienda y flotación, identificar desviaciones y recomendar acciones para estabilizar la recuperación metalúrgica. Esto no elimina la necesidad de operadores, pero permite que equipos más pequeños supervisen procesos de mayor escala.

El mantenimiento experimentará una transformación distinta. La instalación de sensores y sistemas predictivos reducirá algunas inspecciones manuales, pero aumentará la necesidad de técnicos capaces de diagnosticar equipos eléctricos, intervenir componentes automatizados y analizar información en tiempo real.

Las nuevas oportunidades que abrirá la minería digital

La automatización no solo reducirá determinadas ocupaciones. También generará nuevos cargos y ampliará otros que actualmente tienen una presencia limitada dentro de las faenas.

Entre los perfiles con mayor proyección aparecen los controladores de flotas autónomas, operadores de centros integrados, mantenedores mecatrónicos, especialistas en instrumentación, ingenieros de automatización y técnicos en comunicaciones industriales.

La expansión de sensores, plataformas digitales y equipos conectados aumentará además la demanda por profesionales de ciberseguridad industrial. Una faena automatizada depende de redes capaces de transportar información crítica sin interrupciones y de sistemas protegidos frente a accesos no autorizados.

También crecerán las oportunidades para analistas de datos, especialistas en inteligencia artificial y profesionales capaces de desarrollar modelos predictivos. Estas herramientas serán utilizadas para anticipar fallas, optimizar el consumo de energía, mejorar la recuperación de minerales y reducir detenciones no programadas.

La incorporación de drones y robótica abrirá espacio para operadores, mantenedores y especialistas en procesamiento de imágenes. Estos equipos podrán utilizarse en levantamientos topográficos, inspección de infraestructura, control de stock, monitoreo de caminos y evaluación de zonas de difícil acceso.

Los proyectos relacionados con agua, relaves y medioambiente también requerirán competencias digitales. El monitoreo remoto de depósitos, ductos, calidad del agua y variables meteorológicas demandará técnicos capaces de administrar sensores y analizar alertas tempranas.

La minería seguirá necesitando trabajadores

La gran minería enfrentará una demanda cercana a 37 mil nuevos trabajadores hacia 2034, impulsada por jubilaciones, reemplazos, nuevos proyectos y extensiones de vida útil.

Esta necesidad permite prever que la automatización no provocará necesariamente una caída equivalente del empleo total. Mientras algunos cargos perderán participación, otros crecerán y una parte de las salidas podrá ser absorbida por el retiro natural de trabajadores.

El desafío será evitar que las empresas busquen perfiles que el mercado laboral chileno todavía no produce en cantidad suficiente.

La formación técnica tendrá que incorporar automatización, electricidad, programación, análisis de datos y mantenimiento de sistemas conectados. Al mismo tiempo, los trabajadores digitales necesitarán comprender los procesos mineros, las condiciones geológicas y los riesgos operacionales de una faena.

Las oportunidades no estarán reservadas únicamente para ingenieros informáticos. Un operador con experiencia en terreno puede convertirse en controlador remoto porque conoce el comportamiento de los equipos, las rutas y las condiciones de seguridad. Un mantenedor mecánico puede avanzar hacia funciones mecatrónicas mediante capacitación en sensores, componentes eléctricos y sistemas de diagnóstico.

La estimación de entre 17 mil y 25 mil puestos expuestos hacia 2031 busca dimensionar la velocidad del cambio, no anticipar una reducción automática de la dotación minera. El resultado dependerá de cuántos cargos sean eliminados, cuántos se transformen y cuántos trabajadores puedan acceder a las nuevas funciones creadas por la automatización.

La inteligencia artificial modificará la forma de producir cobre, pero la transición no se resolverá únicamente comprando tecnología. La capacidad de reconvertir trabajadores, formar especialistas y desarrollar proveedores determinará si la transformación se convierte en una pérdida de empleo o en una nueva etapa de productividad y especialización para la minería chilena.