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Ingresos de cobre alivian histórica tensión en la LME y reducen prima por entrega inmediata

La reciente entrada de cobre a las bodegas de la London Metal Exchange ha aliviado tensiones en el mercado, reduciendo la prima por entrega inmediata y mejorando la disponibilidad del metal.

Ingresos de cobre alivian histórica tensión en la LME y reducen prima por entrega inmediata
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La diferencia entre el cobre disponible de inmediato y los contratos a tres meses cayó a US$248 por tonelada, después de alcanzar US$545. Nuevas entregas físicas a bodegas de la London Metal Exchange redujeron parcialmente una de las mayores tensiones recientes del mercado.

La extrema estrechez que sacudió al mercado del cobre en Londres comenzó a ceder este martes 18 de agosto, luego de que operadores ingresaran metal a los almacenes registrados de la London Metal Exchange (LME). El movimiento permitió aumentar la disponibilidad inmediata y reducir una prima que había llevado al mercado a niveles de tensión comparables con episodios críticos anteriores.

El indicador más claro fue el retroceso del diferencial entre el cobre para entrega inmediata y el contrato a tres meses. La denominada backwardation bajó a cerca de US$248 por tonelada, después de haber escalado hasta aproximadamente US$545 por tonelada durante la jornada previa.

La caída del diferencial no implica que el mercado haya dejado atrás la estrechez física. Más bien muestra que el ingreso de nuevas toneladas al sistema LME otorgó una válvula de alivio a quienes necesitaban metal para cumplir obligaciones de corto plazo.

Más cobre disponible frena la presión inmediata

Entre los operadores vinculados a las entregas aparece Trafigura, uno de los mayores comercializadores globales de materias primas. Los nuevos ingresos elevaron las existencias disponibles bajo warrant en bodegas de la LME ubicadas tanto en Asia como en Estados Unidos, ampliando el volumen que puede utilizarse para liquidar contratos físicos.

La reacción fue inmediata porque el problema de las últimas jornadas no estaba concentrado únicamente en la cantidad total de cobre almacenado, sino en cuánto de ese metal estaba efectivamente disponible para entrega.

A comienzos de mayo, los inventarios registrados en la LME superaban las 400.000 toneladas, pero durante los meses siguientes descendieron con fuerza. Al 11 de agosto se situaban en torno a 214.550 toneladas, mientras una proporción relevante correspondía a warrants cancelados, es decir, cobre que ya había sido solicitado para retiro de los almacenes.

Ese deterioro de la disponibilidad física fue acumulando presión sobre los contratos de corto plazo y obligó a participantes con posiciones vendedoras a competir por unidades inmediatamente entregables.

El lunes 17 de agosto, el cobre disponible al contado llegó a negociarse con una prima de hasta US$545 por tonelada respecto del contrato a tres meses, una de las mayores señales de escasez física observadas desde la crisis de inventarios de 2021.

Un mercado dividido entre abundancia y escasez

La particularidad de la actual tensión es que no responde necesariamente a una falta absoluta de cobre refinado a escala global. El problema está asociado en buena medida a dónde se encuentra ese metal y bajo qué condiciones puede ser entregado.

Durante los últimos meses, importantes volúmenes fueron trasladados hacia Estados Unidos ante los cambios en la política comercial norteamericana y las expectativas de eventuales aranceles al cobre refinado. Ese movimiento alteró los flujos tradicionales entre Asia, Europa y América, reduciendo el metal disponible en determinadas plazas.

En mayo, las existencias de cobre aprobadas por COMEX superaban las 574.000 toneladas, después de crecer más de 550% desde el inicio de la investigación estadounidense sobre las importaciones de cobre en febrero de 2025. Paralelamente, operadores retiraron metal desde almacenes de la LME y desde mercados asiáticos para trasladarlo hacia Estados Unidos.

La consecuencia ha sido una distribución atípica de inventarios: existen grandes volúmenes dentro del sistema global, pero el cobre inmediatamente disponible en Londres se volvió escaso.

Ese desequilibrio explica por qué el precio de entrega inmediata llegó a separarse tan fuertemente de los contratos posteriores.

El cobre sigue cerca de niveles récord

El alivio del squeeze también ocurre con el precio del metal instalado en una zona históricamente elevada.

Durante la sesión del lunes, el cobre en la LME avanzó hasta aproximadamente US$14.543 por tonelada, prácticamente igualando máximos recientes y reflejando la fuerte competencia por suministro inmediato.

La magnitud del movimiento ha vuelto a situar al cobre en el centro de atención de mineras, fundiciones, fabricantes y operadores financieros. Una curva de precios invertida —con el cobre disponible hoy más caro que el metal a futuro— constituye una señal directa de tensión física y puede afectar los costos de cobertura y abastecimiento de consumidores industriales.

Sin embargo, la entrada de material a las bodegas de la LME demuestra que los elevados diferenciales también generan incentivos económicos para movilizar inventarios.

Cuando la prima por entrega inmediata aumenta lo suficiente, los operadores que disponen de cátodos aceptados por la bolsa pueden obtener valor adicional enviándolos al sistema y utilizándolos para cubrir obligaciones contractuales.

Es precisamente ese mecanismo el que comenzó a reducir la presión.

Qué significa para Chile

Para Chile, principal productor mundial de cobre mina, el episodio vuelve a mostrar que el precio internacional está siendo determinado no solo por las proyecciones de oferta y demanda de largo plazo, sino también por la disponibilidad física de metal refinado en centros estratégicos.

El país ocupa además una posición relevante en la redistribución internacional de cátodos. En episodios anteriores de tensión en Estados Unidos, los envíos chilenos aumentaron de manera significativa para aprovechar diferencias entre las cotizaciones de Londres y Nueva York, demostrando la capacidad de los flujos comerciales para reaccionar frente a arbitrajes extraordinarios.

Para las compañías productoras, precios cercanos a máximos históricos representan un escenario favorable para ingresos y márgenes, aunque la volatilidad aumenta simultáneamente el riesgo para estrategias comerciales, coberturas y contratos de suministro.

También refuerza el valor estratégico del cobre refinado. La disponibilidad de concentrados es solo una parte de la ecuación: la capacidad global de fundición, refinación, almacenamiento y distribución está tomando un peso creciente en la formación de precios.

La estrechez todavía no desaparece

El descenso de la prima inmediata desde US$545 a US$248 por tonelada es significativo, pero sigue reflejando un mercado tensionado.

En condiciones normales, diferencias de esa magnitud no son habituales. Mientras los inventarios disponibles permanezcan reducidos y los flujos físicos continúen respondiendo a incentivos comerciales entre Estados Unidos, Asia y Europa, el mercado seguirá expuesto a movimientos bruscos.

La referencia más cercana está en 2021, cuando la prima del cobre al contado llegó a superar los US$1.100 por tonelada frente a contratos posteriores y obligó a la LME a adoptar medidas para contener un mercado desordenado.

El episodio de agosto de 2026 todavía está lejos de aquel extremo, pero confirma una característica que probablemente seguirá marcando al cobre: con inventarios físicamente disponibles reducidos, cualquier cambio en logística, política comercial, producción minera o comportamiento de grandes operadores puede transmitirse rápidamente a los precios.

Las nuevas entregas de metal han reducido por ahora la presión más urgente. La atención del mercado estará puesta en si esos ingresos continúan durante las próximas sesiones o si la competencia por suministro vuelve a absorber rápidamente el cobre incorporado a la red de almacenes de la LME.