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Deutsche Bank proyecta cobre a US$10 la libra en 2027 ante creciente estrechez de oferta

Deutsche Bank anticipa que el precio del cobre podría alcanzar los US$10 por libra en 2027, impulsado por la creciente concentración de inventarios en Estados Unidos y China.

Deutsche Bank proyecta cobre a US$10 la libra en 2027 ante creciente estrechez de oferta
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La entidad estima que el metal podría alcanzar los US$22.050 por tonelada durante el segundo trimestre del próximo año, impulsado por la acumulación de inventarios en Estados Unidos y China y una menor disponibilidad de cobre para el resto del mercado.

Deutsche Bank proyecta que el precio del cobre podría escalar hasta US$10 por libra, equivalentes a unos US$22.050 por tonelada, durante el segundo trimestre de 2027, en un escenario marcado por la creciente concentración de inventarios en Estados Unidos y China y una disponibilidad cada vez menor de metal para los consumidores industriales.

La estimación fue planteada por Daniel Ghali, jefe de investigación de metales de Deutsche Bank, y supone un avance cercano al 50% respecto de los niveles registrados actualmente en la Bolsa de Metales de Londres (LME).

El escenario representa un cambio considerable frente a otras proyecciones recientes para el metal. Cochilco informó que el cobre cerró la semana terminada el 25 de septiembre en US$6,68 por libra, mientras que el propio Deutsche Bank había publicado a mediados de mes una referencia de US$15.100 por tonelada para septiembre de 2027.

La nueva perspectiva apunta, por tanto, a una tensión mucho más profunda en el mercado físico durante los próximos meses.

Estados Unidos y China concentran inventarios

Uno de los principales factores detrás de la proyección es la acumulación de cobre por parte de Estados Unidos y China.

Deutsche Bank calcula que ambos mercados podrían concentrar hacia fines de 2026 cerca del 71% de la oferta considerada disponible en su análisis, reduciendo el volumen de metal accesible para consumidores de otras regiones.

China mantiene desde hace décadas una política de acumulación de reservas estratégicas, mientras Estados Unidos ha aumentado sus inventarios ante la incertidumbre sobre posibles aranceles a las importaciones de cobre.

Las expectativas de nuevas barreras comerciales han incentivado el traslado anticipado de metal hacia territorio estadounidense. La diferencia entre las cotizaciones estadounidenses y las de Londres también ha favorecido ese movimiento: los futuros negociados en Estados Unidos han operado con una prima sobre los precios de la LME, haciendo económicamente atractivo enviar cobre hacia ese mercado.

El fenómeno no implica necesariamente una caída equivalente de la producción mundial, pero sí altera la disponibilidad geográfica del metal. Una parte creciente del cobre existente queda almacenada o comprometida en determinadas jurisdicciones, reduciendo la liquidez del mercado físico internacional.

El riesgo pasa de la demanda a la disponibilidad física

Ghali sostiene que los inventarios de cobre inmediatamente disponibles se encuentran en niveles excepcionalmente reducidos. La preocupación del mercado estaría desplazándose así desde el tradicional debate sobre el crecimiento de la demanda hacia la capacidad efectiva de los compradores para conseguir metal.

La situación resulta particularmente relevante porque el cobre es un insumo difícil de sustituir en redes eléctricas, construcción, generación renovable, vehículos eléctricos, infraestructura industrial y centros de datos.

Deutsche Bank ya había advertido durante septiembre que la combinación de una demanda vinculada a electrificación, expansión de redes, energías renovables e infraestructura para inteligencia artificial se enfrenta a una oferta limitada por menores leyes minerales, largos periodos de desarrollo de nuevos proyectos y problemas operacionales en grandes minas.

El banco calcula ahora un precio promedio de US$20.900 por tonelada para 2027, antes de una moderación hasta unos US$18.500 durante 2028.

Esas cifras permanecen bajo los US$22.050 previstos para el segundo trimestre de 2027, lo que muestra que el nivel de US$10 por libra corresponde a un punto proyectado dentro del ciclo y no necesariamente a un valor permanente para todo el año.

El aluminio aparece como posible sustituto

Un precio cercano a US$10 por libra también podría modificar el comportamiento de los consumidores.

Deutsche Bank considera que una escalada suficientemente pronunciada incentivaría a algunas industrias a reemplazar cobre por aluminio, material que también posee alta conductividad eléctrica y puede utilizarse en determinadas aplicaciones a menor costo.

La sustitución, sin embargo, tiene límites técnicos. El aluminio presenta una conductividad inferior y requiere adaptaciones de diseño en aplicaciones donde el cobre continúa ofreciendo ventajas en eficiencia, tamaño, resistencia y desempeño.

El banco estima que los precios actuales todavía no son suficientemente altos como para provocar una sustitución generalizada. Esa respuesta de la demanda podría aparecer precisamente si el valor del metal alcanza los niveles planteados para 2027.

De concretarse, funcionaría como un mecanismo de ajuste: precios más altos reducirían parte del consumo de cobre y aliviarían la presión sobre los inventarios.

Un escenario especialmente relevante para Chile

La trayectoria del cobre tiene efectos directos para Chile, principal productor mundial del metal y cuya minería incluye operaciones de gran escala de Codelco, BHP, Antofagasta Minerals, Anglo American, Glencore y otras compañías.

Cochilco había elevado en mayo su estimación de precio promedio para 2026 hasta US$5,55 por libra, mientras proyectaba US$5,10 para 2027. Los niveles observados durante septiembre ya se encuentran ampliamente por encima de esas referencias.

Una cotización sostenida sobre los niveles previstos inicialmente podría mejorar los ingresos de las compañías productoras y aumentar el valor de las exportaciones mineras chilenas, aunque el efecto fiscal final dependerá también de producción, costos, tipo de cambio, tributación y resultados operacionales de Codelco y de la minería privada.

El escenario también puede modificar las decisiones de inversión. Precios estructuralmente más altos mejoran la economía de proyectos que requieren grandes desembolsos de capital, pero la incorporación de nueva oferta minera continúa siendo lenta debido a los extensos procesos de ingeniería, permisos, construcción y puesta en marcha.

Esa dificultad para responder rápidamente con mayor producción es precisamente uno de los elementos que sostiene la visión alcista para el cobre.

La proyección de Deutsche Bank no constituye un precio asegurado. Depende de que continúe la acumulación de inventarios, persista la estrechez del mercado físico y la oferta minera no consiga responder con suficiente rapidez. Una desaceleración de la demanda china, una liberación de inventarios estadounidenses o un cambio en la política comercial podrían reducir la presión.

Por ahora, la señal del banco apunta a un mercado donde el problema ya no sería únicamente cuánto cobre necesita la economía mundial, sino cuánto metal estará efectivamente disponible para quienes lo necesiten durante los próximos años.

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