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Las mayores inversiones mineras proyectadas para Chile

Chile proyecta inversiones mineras por más de US$104.000 millones hasta 2034, enfocándose en ampliaciones y modernizaciones, con el cobre como principal protagonista.

Las mayores inversiones mineras proyectadas para Chile
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Chile tiene una cartera minera que supera los US$104.000 millones hacia 2034. Nuevas concentradoras, ampliaciones de vida útil, desalación y proyectos de litio muestran dónde se jugará buena parte del próximo ciclo de inversión de la industria.

Una sola cifra permite dimensionar lo que está en juego: la cartera de proyectos mineros de Chile para el período 2025-2034 alcanza US$104.549 millones. Para ponerlo en perspectiva, equivale a casi 24 veces la inversión de US$4.400 millones comprometida para construir Nueva Centinela, actualmente uno de los mayores proyectos mineros en ejecución en el país.

Pero esos US$104.549 millones no representan dinero completamente asegurado ni pendiente de desembolso. El catastro incluye proyectos en distintas fases de desarrollo, desde obras que ya están en construcción hasta iniciativas que todavía necesitan completar ingeniería, permisos ambientales, financiamiento o una decisión final de inversión. De hecho, una parte de los desembolsos asociados a proyectos actualmente en ejecución ya fue materializada antes de 2025.

La fotografía también revela algo importante: pese al crecimiento del litio y de otros minerales estratégicos, el cobre continúa concentrando 89,8% de la inversión minera proyectada. Además, 81% de la cartera corresponde a proyectos brownfield, es decir, iniciativas que amplían, modernizan o prolongan operaciones que ya existen.

Eso explica por qué varias de las mayores inversiones futuras no consisten en abrir minas completamente nuevas, sino en construir concentradoras, incorporar agua desalada, ampliar rajos y tranques de relaves o reemplazar instalaciones que llegarán al final de su vida operacional.

Collahuasi y una cuarta línea que podría superar varios miles de millones de dólares

En lo alto del mapa aparece la futura Nueva Concentradora en Rosario, asociada a Collahuasi en la Región de Tarapacá. El proyecto contempla una cuarta línea de procesamiento y es una de las mayores expansiones identificadas para la minería chilena de la próxima década.

Estimaciones sectoriales disponibles durante 2026 sitúan su inversión total en torno a US$8.000 millones. La iniciativa todavía se encuentra en una etapa anterior a la decisión definitiva de construcción y su horizonte productivo se ubica hacia comienzos de la década de 2030. Glencore, propietario de 44% de Collahuasi, ha situado su inversión atribuible al proyecto en unos US$3.610 millones, lo que permite dimensionar la magnitud global de la expansión.

La lógica detrás de una nueva concentradora es relativamente simple, aunque técnicamente enorme. A medida que un yacimiento envejece, las leyes del mineral pueden disminuir y se necesita procesar una mayor cantidad de roca para obtener una cantidad similar de cobre. Construir capacidad adicional de chancado, molienda y flotación permite mantener o elevar la producción aprovechando un depósito mineral que puede continuar operando durante décadas.

En una operación de la escala de Collahuasi, una nueva línea implica mucho más que instalar molinos. Requiere suministro eléctrico, sistemas de agua, caminos, transporte de mineral, equipos, depósitos de relaves y una extensa red de infraestructura capaz de funcionar de manera continua a gran altura en el altiplano.

El Abra: US$7.500 millones para transformar completamente la operación

Otra de las inversiones que cambió el mapa minero durante 2026 es la Continuidad Operacional de Minera El Abra, en la Región de Antofagasta. El proyecto ingresó a evaluación ambiental con un monto de US$7.500 millones, colocándose inmediatamente entre las iniciativas mineras más grandes actualmente en preparación en Chile.

Su importancia no está solamente en la cifra. El Abra proyecta incorporar una nueva planta concentradora para procesar sulfuros de cobre, ampliar su explotación y avanzar hacia el uso de agua desalada. El proyecto considera una vida útil total de 44 años incluyendo sus etapas de construcción, operación y cierre.

Esta transición representa uno de los cambios clásicos en la evolución de grandes yacimientos de cobre. Muchos depósitos comienzan explotando minerales oxidados que pueden tratarse mediante lixiviación y electroobtención, pero posteriormente deben acceder a enormes volúmenes de sulfuros que requieren chancado, molienda y flotación. El salto tecnológico exige plantas completamente diferentes y explica inversiones de varios miles de millones de dólares.

Escondida: invertir más de US$5.000 millones para sostener su capacidad

En Escondida ocurre algo especialmente ilustrativo sobre la minería moderna. La operación proyecta una Nueva Concentradora valorizada ambientalmente en US$5.150 millones, pero el objetivo principal no es simplemente aumentar la capacidad autorizada de la mina. La nueva instalación debe reemplazar progresivamente a la histórica planta Los Colorados.

El diseño considera una planta con una capacidad aproximada de 137.000 toneladas diarias y forma parte de la estrategia que permitirá mantener la capacidad global de procesamiento de Escondida en torno a las 460.000 toneladas diarias de mineral. Bajo la antigua planta existen además recursos minerales que deben quedar disponibles para la futura explotación del rajo.

Este caso muestra una realidad poco visible fuera de la industria: una mina puede necesitar miles de millones de dólares solamente para evitar que su producción caiga. Menores leyes, mineral más duro, mayores distancias de transporte y envejecimiento de las instalaciones obligan a reemplazar infraestructura incluso cuando la capacidad final no aumenta.

Escondida tiene además otra inversión relevante en marcha: las modificaciones de la concentradora Laguna Seca y su nueva infraestructura eléctrica fueron aprobadas ambientalmente con un monto de US$2.351 millones. Considerados en conjunto, los proyectos permiten entender por qué el distrito continúa siendo uno de los principales focos de capital minero del país.

Nueva Centinela: US$4.400 millones que ya pasaron del papel a la construcción

No todos los grandes proyectos permanecen en estudios. Nueva Centinela, de Antofagasta Minerals, ya se encuentra en construcción y representa una inversión aproximada de US$4.400 millones.

El proyecto incorpora una segunda concentradora con capacidad adicional de procesamiento cercana a 95.000 toneladas diarias. Una vez operativa, debería aportar alrededor de 144.000 toneladas adicionales de cobre al año y extender la vida del distrito minero por varias décadas.

Su relevancia va más allá de Centinela. Es una demostración concreta de cuánto equipamiento e infraestructura requiere agregar una nueva línea de producción a un distrito existente: mina, chancado, molienda, flotación, agua, energía, transporte de concentrado, automatización y una larga cadena de contratos de construcción y servicios.

Nueva Centinela también sirve como referencia para interpretar la cartera nacional. Un solo desarrollo de US$4.400 millones ya constituye una obra industrial gigantesca; Chile tiene decenas de iniciativas que, sumadas, llevan la inversión identificada por encima de los US$100.000 millones.

El litio entra en la liga de las inversiones de miles de millones

El cobre domina ampliamente, pero el litio empieza a generar proyectos con una escala de capital que hace algunos años era menos habitual en este segmento.

Uno de los más grandes es el proyecto TED de Albemarle, diseñado para incorporar extracción directa de litio en el Salar de Atacama. La iniciativa ingresó a evaluación ambiental con una inversión de US$3.100 millones. Su diseño contempla módulos capaces de recuperar litio mediante un proceso distinto de la evaporación solar y reincorporar salmuera con menor concentración de litio al salar.

El proyecto plantea que, con sus tres módulos de extracción directa funcionando, la extracción neta de salmuera podría disminuir desde los 442 litros por segundo actualmente autorizados hasta 142 litros por segundo. Esa diferencia explica por qué la nueva generación de proyectos de litio no es solamente una discusión sobre producción: también involucra tecnología de procesamiento, consumo energético y manejo hidrogeológico.

En Atacama aparece además Salares Altoandinos, desarrollado por ENAMI junto con Rio Tinto. Las estimaciones disponibles sitúan la inversión de capital alrededor de US$3.000 millones, mientras la cartera minera ha utilizado una referencia cercana a US$3.200 millones. La cifra todavía está sujeta al avance de los estudios, por lo que no debe interpretarse como una inversión definitivamente aprobada.

Los proyectos de US$2.000 millones que completan el mapa

Por debajo de los megaproyectos de Collahuasi, El Abra o Escondida existe otro grupo de iniciativas que por sí solas superan los US$2.000 millones.

En Atacama, Santo Domingo mantiene una estimación de capital inicial de aproximadamente US$2.300 millones, mientras continúa avanzando ingeniería y financiamiento antes de una decisión final de inversión.

En Coquimbo, la Extensión de Vida Útil de Minera Los Pelambres considera US$2.000 millones y busca prolongar la operación más allá de 2035. El proyecto incorpora aproximadamente 1.200 millones de toneladas adicionales de reservas al plan minero y contempla ampliar infraestructura como el rajo, botaderos y la capacidad del tranque El Mauro. Lo interesante es que no busca aumentar la producción promedio anual de cobre fino, sino sostenerla frente a la evolución del yacimiento.

Y en Atacama, la modernización de la Fundición Hernán Videla Lira, Nueva Paipote, representa alrededor de US$1.700 millones. El proyecto contempla un complejo metalúrgico integrado con fundición y refinación, mostrando que la nueva ola de inversión chilena no termina cuando el mineral sale de la mina.

La verdadera carrera es convertir la cartera en minas e infraestructura

La Región de Antofagasta concentra por sí sola más de US$40.000 millones dentro de la cartera 2025-2034, una escala que refleja la concentración de grandes yacimientos, plantas concentradoras, infraestructura hídrica y operaciones de cobre y litio en el norte del país.

Sin embargo, una cartera de US$104.549 millones no equivale automáticamente a US$104.549 millones en obras. Solo una parte corresponde a proyectos con mayor grado de certeza, mientras una fracción importante todavía depende de permisos, ingeniería, financiamiento, acuerdos territoriales y decisiones corporativas de inversión.

Ahí está probablemente el dato más importante detrás de estas cifras. Chile no enfrenta únicamente el desafío de descubrir nuevos depósitos minerales: debe invertir cantidades extraordinarias para seguir extrayendo cobre de yacimientos conocidos, procesar mineral de menor ley, incorporar agua desalada, modernizar plantas y extender la vida de minas que llevan décadas funcionando.

Las inversiones más grandes de la próxima década muestran justamente esa transformación. El futuro de la minería chilena no se construirá solamente abriendo nuevos rajos. También se jugará en nuevas concentradoras, plantas desaladoras, sistemas eléctricos, relaves, fundiciones y tecnologías capaces de obtener más mineral desde operaciones cada vez más complejas.