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Industria Minera

Megaproyectos mineros por US$19.000 millones anticipan un nuevo ciclo de inversión en Chile

Chile se prepara para un nuevo ciclo de inversión minera con proyectos por US$19.000 millones, destacando la expansión de El Abra y la nueva concentradora de Escondida.

Megaproyectos mineros por US$19.000 millones anticipan un nuevo ciclo de inversión en Chile
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El ingreso de iniciativas como la expansión de El Abra, la nueva concentradora de Essemestral registrado en evaluación ambiental durante la última década.

La minería chilena abrió 2026 con una cartera ambiental de una magnitud poco habitual. Durante el primer semestre ingresaron al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental proyectos sectorialeión presentada durante cada año completo de la última década y que vuelve a instalar la posibilidad de un nuevo ciclo de megaproyectos.

El volumen está concentrado en pocas iniciativas de gran escala. La expansión de Minera El Abra, la nueva planta concentradora de Escondida, la transición hacia extracción directa de litio de Albemarle y el proyecto aurífero Lobo-Marte explican la mayor parte del monto.

Sin embargo, el fenómeno tiene una diferencia relevante respecto de anteriores ciclos expansivos. Una fracción importante de los recursos no busca abrir nuevas minas desde cero, sino reemplazar infraestructura que está llegando al final de su vida operativa, enfrentar la caída de las leyes minerales y sostener la producción de yacimientos maduros.

En términos de inversión, Chile vuelve a mostrar proyectos de escala mundial. En términos productivos, el resultado dependerá de cuáles iniciativas logren obtener sus permisos, asegurar financiamiento y entrar en operación dentro de los plazos previstos.

El Abra lidera la nueva cartera ambiental

El mayor proyecto presentado durante el semestre corresponde a la expansión de Minera El Abra, operación controlada en un 51% por Freeport-McMoRan y en un 49% por Codelco, ubicada en la Región de Antofagasta.

La iniciativa considera una inversión estimada de US$7.500 millones para extender la continuidad de la faena por varias décadas. El plan incorpora la explotación de nuevos recursos sulfurados, la construcción de una planta concentradora, infraestructura de relaves y un sistema de suministro de agua desalada.

El desarrollo permitiría transformar la escala productiva de El Abra. La operación produjo alrededor de 91.000 toneladas de cobre durante 2025, mientras que el proyecto apunta a llevar su producción anual hacia niveles cercanos a las 300.000 toneladas.

A diferencia de otros proyectos incluidos en la cartera, El Abra sí representa una posibilidad concreta de crecimiento para la oferta chilena de cobre. La construcción de una concentradora permitiría procesar minerales sulfurados y abrir una nueva etapa para un yacimiento que actualmente opera principalmente mediante procesos de lixiviación.

El proyecto también refleja uno de los cambios estructurales de la minería del norte del país: el abandono progresivo del uso de agua continental para las nuevas expansiones. La planta desaladora y el sistema de impulsión serán componentes centrales de la inversión y de su evaluación ambiental.

Escondida invierte para mantener su capacidad

El segundo mayor proyecto corresponde a la Nueva Concentradora Escondida, ingresada por BHP con una inversión ambiental declarada de aproximadamente US$5.150 millones.

La planta reemplazará la capacidad de procesamiento de Los Colorados, instalación histórica que se acerca al final de su vida operacional. El objetivo principal no es aumentar de manera significativa la producción total de Escondida, sino evitar que esta disminuya durante las próximas décadas.

La nueva concentradora tendrá capacidad para procesar cerca de 50 millones de toneladas de mineral al año, con posibilidades de alcanzar aproximadamente 57,5 millones de toneladas anuales. Su aporte productivo se ubicaría entre 220.000 y 260.000 toneladas de cobre por año, reemplazando parte de la capacidad que dejará de estar disponible.

El proyecto considera un programa de construcción de varios años. BHP estima una ocupación promedio cercana a 2.500 trabajadores mensuales durante esa etapa, con máximos que podrían alcanzar las 6.000 personas. La primera producción se proyecta para el período 2031-2032, siempre que la iniciativa obtenga las autorizaciones necesarias.

El caso de Escondida muestra por qué una cartera elevada de inversiones no necesariamente se traduce en un crecimiento equivalente de la producción. La menor ley del mineral, su mayor dureza y el envejecimiento de las plantas obligan a destinar miles de millones de dólares simplemente para conservar la capacidad instalada.

Litio y oro amplían el mapa de inversiones

El ciclo de proyectos no está limitado al cobre. Albemarle ingresó una iniciativa por US$3.100 millones para avanzar hacia la extracción directa de litio en el Salar de Atacama.

El plan contempla la instalación progresiva de hasta seis líneas de procesamiento mediante tecnología DLE, diseñada para aumentar la recuperación de litio y disminuir la extracción neta de salmuera.

Con la implementación completa, el bombeo neto podría reducirse desde aproximadamente 442 litros por segundo hasta cerca de 142 litros por segundo. La iniciativa busca extender la operación hasta 2045 y será una de las principales pruebas industriales para la extracción directa de litio a gran escala en Chile.

Su evaluación será observada tanto por la industria como por las comunidades del Salar de Atacama. El desempeño ambiental de la tecnología, la reinyección de salmueras y el comportamiento hidrogeológico del salar serán elementos decisivos para determinar si el modelo puede replicarse en futuros desarrollos.

En la Región de Atacama, Kinross ingresó además el proyecto aurífero Lobo-Marte, con una inversión estimada de US$1.500 millones y una vida útil proyectada de 22 años.

La operación se desarrollaría en las comunas de Copiapó y Tierra Amarilla y permitiría prolongar la presencia productiva de la compañía en la región después del agotamiento de otras faenas. Su incorporación confirma que el oro también está recuperando espacio dentro de la cartera minera chilena.

A estos proyectos podría sumarse Novandina Litio, cuyo ingreso ambiental ha sido anticipado con una inversión cercana a US$3.500 millones. Mientras el estudio no sea formalmente presentado, el monto permanece fuera del total efectivamente sometido a evaluación.

Una cartera superior a US$100.000 millones

El aumento de proyectos ambientales coincide con una cartera minera de largo plazo que supera los US$104.500 millones para el período 2025-2034, el mayor nivel registrado en más de una década.

El dato confirma que existe capital interesado en desarrollar cobre, litio, oro y minerales industriales en Chile. Pero la materialización de ese portafolio continúa condicionada por la tramitación ambiental, los permisos sectoriales, la disponibilidad de agua y energía, la relación con las comunidades y la capacidad de ejecución de las empresas.

El Gobierno ha planteado reducir los tiempos de los permisos sectoriales y eliminar duplicidades administrativas, sin modificar los estándares ambientales. La efectividad de esas medidas será determinante para saber si los proyectos ingresados durante 2026 avanzan hacia decisiones de inversión o permanecen durante años en etapas de evaluación.

El desafío no es solo aprobar, sino producir

Las proyecciones oficiales sitúan el máximo de la producción chilena de cobre en torno a 6,06 millones de toneladas en 2033. Alcanzar ese nivel exige que los proyectos de reposición entren a tiempo y que las expansiones compensen el agotamiento natural de las operaciones existentes.

Por eso, el nuevo ciclo puede ser considerado un boom de inversión, pero todavía no un boom productivo. Proyectos como El Abra ofrecen crecimiento efectivo, mientras que iniciativas como la nueva concentradora de Escondida están diseñadas principalmente para evitar una caída de la oferta.

La diferencia será relevante para proveedores, trabajadores y regiones mineras. Durante la etapa de construcción, los megaproyectos movilizarán contratos de ingeniería, montaje, equipos, transporte, servicios tecnológicos y empleo especializado. En el largo plazo, su efecto sobre la producción dependerá de cuánto volumen adicional logren incorporar.

Chile vuelve a contar con una cartera capaz de modificar el escenario de inversión minera. El próximo paso será convertir los estudios ambientales en permisos, los permisos en construcción y las inversiones en producción efectiva, antes de que la pérdida de leyes minerales y el envejecimiento de las faenas absorban gran parte de la nueva capacidad.