
Washington amplía su presencia en proyectos de cobre, litio, tierras raras y bauxita mediante financiamiento estatal, acuerdos de suministro y respaldo diplomático.
Estados Unidos está acelerando su avance sobre la minería de América Latina, una región que vuelve a ocupar un lugar central en la competencia por asegurar cobre, litio, tierras raras, bauxita y otros recursos indispensables para la industria tecnológica, energética y de defensa.
El movimiento representa un cambio respecto de la última década, periodo en que las compañías chinas consolidaron una presencia dominante en proyectos, infraestructura, procesamiento y comercialización de minerales latinoamericanos. Washington ahora intenta reducir esa brecha combinando capital privado con préstamos públicos, inversiones directas, acuerdos de compra de producción y cooperación bilateral.
Desde enero de 2025, las iniciativas estadounidenses relacionadas con minerales críticos en América Latina han movilizado más de US$1.000 millones. Brasil y Argentina concentran una parte relevante de este nuevo interés, aunque la estrategia también se extiende hacia Chile, Perú, Ecuador y Guyana.
El objetivo ya no se limita a asegurar materias primas para vehículos eléctricos. La política estadounidense relaciona directamente la minería con la seguridad nacional, la fabricación de semiconductores, las redes eléctricas, la industria aeroespacial y la producción de equipamiento militar.
Brasil y Argentina concentran el nuevo impulso
Uno de los movimientos más concretos se encuentra en Brasil. La Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos, conocida como DFC, firmó un financiamiento por US$565 millones para optimizar y ampliar la mina de tierras raras Pela Ema, operada por Serra Verde en el estado de Goiás.
La operación produce elementos de tierras raras, incluidos minerales pesados que son utilizados en imanes permanentes, motores eléctricos, sistemas de defensa y tecnologías avanzadas. Para Estados Unidos, el proyecto puede convertirse en una fuente de suministro vinculada a países occidentales y reducir la exposición frente al procesamiento controlado por China.
Brasil posee una de las mayores bases de recursos de tierras raras del mundo, pero su participación en la producción global continúa siendo limitada. Esa diferencia entre potencial geológico y producción efectiva explica el creciente interés de agencias estatales, empresas mineras y fondos especializados.
Argentina también está ganando terreno, principalmente por su cartera de litio y cobre. La implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones abrió beneficios tributarios, aduaneros y cambiarios para proyectos superiores a US$200 millones, aumentando el atractivo del país para capitales internacionales.
La industria argentina ya cuenta con múltiples operaciones de litio y una extensa cartera en construcción, evaluación y exploración. Al mismo tiempo, proyectos de cobre de gran escala comienzan a posicionar al país como una posible fuente relevante de nueva producción durante la próxima década.
Para Washington, la combinación de litio, cobre, estabilidad contractual y cercanía geográfica convierte a Argentina en una pieza de interés para cadenas de suministro orientadas al mercado norteamericano.
Guyana abre una nueva frontera minera
La estrategia estadounidense también está llegando a países con menor tradición minera a gran escala. En Guyana, representantes del Gobierno de Estados Unidos iniciaron conversaciones para evaluar oportunidades en bauxita y otros recursos minerales.
El país posee depósitos utilizados para producir aluminio, metal esencial para transporte, construcción, defensa y manufactura avanzada. La actividad local de bauxita mantiene una fuerte presencia de operadores chinos, una situación que Washington busca equilibrar mediante inversión, tecnología de exploración y eventual desarrollo de procesamiento local.
Guyana pretende que las nuevas inversiones no se limiten a la extracción. El país busca agregar valor mediante procesamiento, infraestructura energética y desarrollo industrial, replicando una demanda que se repite en distintas economías latinoamericanas.
La disputa, por lo tanto, no será únicamente por el acceso a los yacimientos. También estará marcada por la capacidad de financiar plantas, carreteras, puertos, líneas eléctricas y procesos metalúrgicos.
Chile mantiene una posición estratégica por cobre y litio
Chile ocupa un lugar inevitable dentro de esta reconfiguración. El país es uno de los principales productores de cobre del mundo, mantiene una posición relevante en litio y cuenta con infraestructura, proveedores especializados, experiencia operacional y relaciones comerciales consolidadas.
Estados Unidos ha fortalecido durante los últimos años sus mecanismos de cooperación con Chile en minerales críticos. Sin embargo, China continúa siendo un socio comercial determinante para la minería chilena y uno de los principales destinos de los embarques de cobre y litio.
Esa realidad obliga a Chile a administrar una relación compleja. Por una parte, necesita mantener acceso al mercado chino, que concentra una parte significativa del consumo mundial de cobre refinado. Por otra, puede capturar nuevas oportunidades de inversión, financiamiento y tecnología provenientes de Estados Unidos y otros países que buscan diversificar sus proveedores.
Para la minería chilena, la competencia entre ambas potencias podría ampliar las fuentes de capital para proyectos, especialmente en infraestructura, procesamiento, recuperación de minerales secundarios, exploración y tecnologías de reducción de emisiones.
También podría elevar la presión para asegurar contratos de largo plazo, trazabilidad de la producción y condiciones preferentes de suministro para determinados mercados.
Del financiamiento tradicional a la compra de producción
La nueva política estadounidense incorpora herramientas que van más allá de los créditos convencionales. Entre ellas aparecen inversiones accionarias, garantías, regalías, contratos de suministro y acuerdos vinculados directamente con la futura producción minera.
La DFC cerró durante 2026 una inversión de US$600 millones en el Orion Critical Mineral Consortium, una plataforma público-privada de US$1.800 millones creada para financiar proyectos de minerales estratégicos en distintos países.
El fondo puede operar mediante deuda, participación accionaria, regalías, contratos de streaming y compromisos de compra. Este modelo permite intervenir en etapas tempranas de desarrollo y asegurar parte de la producción futura antes de que los proyectos entren en operación.
Estados Unidos también lanzó Project Vault, una iniciativa de US$12.000 millones destinada a formar inventarios estratégicos de minerales críticos. El programa considera US$10.000 millones en financiamiento del Export-Import Bank y US$2.000 millones de capital privado.
Aunque el almacenamiento se realizará principalmente para abastecer a fabricantes estadounidenses, su implementación puede aumentar la demanda por producción proveniente de América Latina y facilitar nuevos contratos de suministro.
China conserva una ventaja estructural
El avance estadounidense no elimina la posición construida por China. Las compañías chinas poseen participaciones en operaciones de litio, cobre, hierro, níquel y bauxita, además de una amplia capacidad para financiar infraestructura vinculada a los proyectos.
La principal ventaja china está en el procesamiento. América Latina concentra una parte considerable de los recursos mundiales, pero más del 70% de las inversiones regionales relacionadas con minerales críticos sigue enfocada en extracción. Las actividades de refinación, transformación e innovación continúan desarrollándose mayoritariamente fuera de la región.
China controla gran parte de la capacidad global de procesamiento de tierras raras y mantiene una posición dominante en distintas etapas de las cadenas de baterías. Esa infraestructura no puede ser reemplazada rápidamente solo mediante nuevos anuncios financieros.
Estados Unidos deberá demostrar que puede ejecutar proyectos, asumir riesgos de construcción y ofrecer condiciones competitivas frente a los paquetes integrados de financiamiento, infraestructura y comercialización utilizados por empresas chinas.
Una oportunidad con condiciones para América Latina
La mayor competencia entre Estados Unidos y China puede abrir una ventana de inversión para la minería latinoamericana, pero también aumenta los riesgos geopolíticos y regulatorios.
Los gobiernos regionales buscarán evitar una dependencia exclusiva y mantener abiertas las relaciones con ambas potencias. Al mismo tiempo, exigirán mayor procesamiento local, transferencia tecnológica, empleo, infraestructura y participación de proveedores nacionales.
Para Chile, Perú, Argentina, Brasil y otros países mineros, la oportunidad estará en convertir el interés internacional en proyectos ejecutables, con permisos definidos, infraestructura disponible y estándares ambientales capaces de sostener contratos de largo plazo.
El nuevo avance de Estados Unidos confirma que los minerales de América Latina dejaron de ser observados únicamente como commodities. Ahora forman parte de una disputa industrial y estratégica que puede redefinir el financiamiento, los mercados de destino y la estructura futura de la minería regional.












