Estamos terminando el año 2020 y probablemente muchas empresas estarán pensando en cómo decodificar este año el que sin duda será inolvidable. A pesar de todos los desafíos, tales como disturbios sociales, restricciones a la movilidad, confinamiento, pérdida de seres queridos, este año deja muchas cosas positivas.
Primero, estoy seguro de que muchas organizaciones han demostrado una agilidad y capacidad de adaptación que quizás nunca fue puesta a prueba en tal magnitud. Las empresas, que son lo más parecido a una célula, han sido capaces de alimentarse a sí mismas, generar sinapsis con otras, es decir, establecer redes de trabajo articuladas, mutar cuando ha sido necesario -y en muchos casos- lamentablemente también morir para, en ese proceso, tal vez volver a nacer.
Otra capacidad que hemos visto presente de manera cotidiana es pensar acerca del futuro. Comentarios como la fuerza de trabajo ya cambió, cuáles serán las fuerzas que afectarán a la empresa del mañana, qué empresas sobrevivirán y/o cuál será el rumbo que tomará una determinada organización están presentes.
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Pero si hay algo que me deja este año, es que estos meses serán recordados como aquellos donde todos los paradigmas se han puesto a prueba.
Que el mundo funciona como una red neuronal donde algo que afecta en un lugar ocurre lo mismo en el otro, o que seremos capaces de estar encerrados durante un tiempo sin tener contacto social, o que la experiencia de compra y consumo siempre tiene un gran componente presencial, o que nuestra fuerza laboral sólo funciona con otros, etc.
Esta capacidad de romper paradigmas siempre ha estado presente con nosotros y así ha quedado demostrado a lo largo de la historia, sea por el instinto de supervivencia, dominio, expansión o cambio; pero en las empresas aún esta capacidad de romper esquemas es un camino con un ritmo que no varía a menos que enfrentemos la necesidad de supervivencia. Esta pandemia nos lo ha mostrado y es justamente lo que debemos modificar para no tener que colocar nuestros instintos de supervivencia en marcha para adaptarnos a una nueva realidad.
Estamos ad-portas de cerrar este inolvidable 2020 y es momento de hacer balances, evaluar y procesar lo que hicimos bien para codificarlo y así construir -de forma colaborativa en el sector- las bases de las nuevas formas de hacer negocio y de trabajar, que sentarán las bases para una industria preparada para el futuro.
En el caso de Finning, hemos avanzado en la adaptación a la nueva realidad y captura de oportunidades desde diferentes ópticas: fortalecimiento del compromiso a través de un potente foco en seguridad, salud y bienestar; mayor agilidad en la toma de decisiones; más eficiencia y productividad en nuestra propuesta de valor a los clientes y por supuesto, un visible compromiso con las comunidades (prácticas online para jóvenes estudiantes, apoyo a iniciativas STEM para la incorporación de talento femenino a la industria; donaciones por la emergencia, etc.).
Sin embargo y mirando hacia adelante, ninguna industria no puede ni debe confiarse en sus buenos resultados respecto a otros sectores productivos, sino – y sabiendo que los impactos a largo plazo siguen siendo inciertos- debe aprovechar su actual estabilidad para revisitar sus estrategias ambientales, sociales y de gobernanza que aseguren una rentabilidad sustentable en el tiempo post futuro Covid-19.
Marco Berdichevsky,
Vicepresidente de Recursos Humanos de Finning




