Los recursos financiarán maquinaria y equipamiento para pequeños productores y mineros artesanales entre Antofagasta y Los Ríos. Atacama concentra la mayor asignación, con cerca de $360 millones para 40 iniciativas.
El Ministerio de Minería adjudicó más de $960 millones a 103 proyectos de pequeña minería y minería artesanal mediante las líneas PAMMA Equipa y Desarrolla 2026, recursos que estarán destinados a modernizar faenas metálicas y no metálicas mediante la adquisición y mejoramiento de maquinaria y equipamiento.
La asignación comprende iniciativas ubicadas entre las regiones de Antofagasta y Los Ríos y apunta directamente a dos variables sensibles para las operaciones de menor escala: productividad y seguridad operacional. Entre los equipos considerados por el programa se encuentran cargadores frontales, motobombas y generadores, activos que pueden tener incidencia directa en continuidad operacional y capacidad productiva.
La adjudicación se produce en un escenario en que la pequeña minería enfrenta desafíos asociados al acceso a capital, renovación de equipos, cumplimiento regulatorio y capacidad para sostener operaciones económicamente viables. En abril de 2026, la cartera de Minería situó precisamente la productividad, los permisos y el fortalecimiento de los instrumentos de fomento entre los ejes de su agenda para reactivar este segmento.
Atacama concentra cerca de $360 millones
La Región de Atacama tendrá la mayor participación dentro de la adjudicación. Cerca de $360 millones serán destinados a 40 proyectos, equivalentes a casi cuatro de cada diez iniciativas seleccionadas en esta convocatoria.
La concentración de recursos en Atacama refleja el peso que mantiene la minería de menor escala dentro de la estructura productiva regional, especialmente en territorios donde pequeñas faenas, productores individuales y servicios asociados forman parte de cadenas económicas vinculadas históricamente a la extracción y procesamiento de minerales.
Los fondos no están restringidos exclusivamente a operaciones metálicas. El concurso también considera proyectos asociados a yacimientos y faenas no metálicas, ampliando el alcance del instrumento a distintos tipos de productores.
El componente territorial es relevante porque la inversión en equipos de pequeña escala tiene efectos que van más allá de una faena individual. La compra, mantenimiento y operación de maquinaria moviliza servicios de reparación, transporte, abastecimiento, insumos y mano de obra, generando actividad en localidades donde la minería constituye uno de los principales soportes productivos.
PAMMA Equipa concentra más de $781 millones
La convocatoria 2026 recibió 199 postulaciones para sus dos líneas de financiamiento. Finalmente, 103 proyectos fueron seleccionados.
La mayor parte de los recursos quedó concentrada en PAMMA Equipa, que distribuirá más de $781 millones entre 69 proyectos. Esta modalidad permite acceder a un subsidio máximo de hasta $6 millones sin exigencia de cofinanciamiento por parte del beneficiario.
La segunda línea, PAMMA Desarrolla, asignará $178 millones a 34 iniciativas. En este caso, el financiamiento puede alcanzar hasta $12 millones por proyecto, pero requiere un cofinanciamiento mínimo de 10%.
La diferencia entre ambos mecanismos permite abordar distintas capacidades de inversión dentro de la pequeña minería. Equipa reduce la barrera de entrada para productores que necesitan incorporar activos pero tienen menor disponibilidad de capital propio, mientras Desarrolla permite abordar iniciativas de mayor monto con participación financiera del beneficiario.
La adquisición debe estar orientada a maquinaria o equipamiento nuevo y sin uso. Cuando se abrió el concurso en junio, además, se estableció como requisito que los postulantes contaran con los permisos de explotación o autorizaciones vigentes correspondientes.
Modernización de equipos y seguridad operacional
Uno de los focos de la adjudicación es reemplazar o incorporar equipamiento capaz de mejorar las condiciones de operación de faenas que trabajan con escalas de producción y estructuras financieras muy diferentes a las de la gran minería.
En este segmento, una motobomba, un generador o un cargador frontal puede representar una inversión proporcionalmente elevada respecto del tamaño del negocio. Al mismo tiempo, esos equipos pueden resultar determinantes para sostener labores, movilizar material, manejar agua, disponer de energía o reducir procesos manuales.
Por ello, el efecto del financiamiento no se limita a la incorporación de activos. La renovación tecnológica también puede incidir en seguridad, disponibilidad de equipos y eficiencia de las operaciones, especialmente cuando permite sustituir maquinaria antigua o incorporar soluciones adaptadas a las condiciones actuales de una faena.
El subsecretario de Minería, Álvaro González, destacó precisamente la modernización como uno de los objetivos del instrumento, apuntando a que la incorporación de maquinaria nueva permita a los pequeños mineros elevar su productividad.
El programa considera subsidios no reembolsables y está dirigido a productores de pequeña minería y minería artesanal, tanto personas naturales como jurídicas.
Pequeña minería bajo presión por productividad y permisos
La adjudicación se inserta además en una agenda más amplia para recuperar actividad en este segmento. Durante 2026, el Ejecutivo ha planteado medidas orientadas a simplificar trámites, reforzar instrumentos de fomento y abordar condiciones estructurales que dificultan la continuidad de productores de menor tamaño.
Las cifras oficiales utilizadas para esa agenda dimensionan un universo de más de 3.400 faenas y sobre 21.000 empleos directos vinculados al sector. Esto convierte a la pequeña minería en una actividad relevante no solo desde el punto de vista extractivo, sino también por su presencia territorial y generación de empleo en zonas mineras.
A diferencia de las grandes compañías, los productores pequeños disponen de menor capacidad para absorber incrementos de costos, financiar renovaciones importantes de maquinaria o enfrentar periodos prolongados de baja actividad. Esa diferencia vuelve especialmente relevante el acceso a instrumentos que permitan realizar inversiones acotadas, pero críticas para mantener una operación.
También existe una dimensión regulatoria. La exigencia de contar con permisos o autorizaciones vigentes vincula el acceso al financiamiento con la formalización de las operaciones, elemento que adquiere peso a medida que aumentan las exigencias técnicas, ambientales y de seguridad aplicables al sector.
El desafío será convertir subsidios en capacidad productiva
Con la adjudicación definida, la atención se trasladará ahora a la ejecución de los 103 proyectos y a la incorporación efectiva del equipamiento financiado.
El alcance del programa es acotado frente a las inversiones multimillonarias habituales en la gran minería, pero opera sobre una estructura productiva completamente distinta. Para una faena artesanal o de pequeña escala, inversiones de algunos millones de pesos pueden resolver restricciones operacionales concretas y habilitar mejoras que difícilmente podrían financiarse únicamente con recursos propios.
La distribución de más de $960 millones entre Antofagasta y Los Ríos, con Atacama encabezando tanto el número de proyectos como los recursos adjudicados, refuerza además el carácter territorial del instrumento.
El resultado productivo dependerá finalmente de cuánto de esa nueva capacidad se traduzca en operaciones más seguras, continuidad de las faenas y mayores niveles de eficiencia. En un segmento donde acceso a financiamiento, permisos y productividad siguen estrechamente relacionados, la ejecución de PAMMA 2026 será una de las señales para medir el avance de la agenda de reactivación de la pequeña minería chilena.









