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Minería atrae al 56% de los universitarios, pero solo 14% dice conocer bien la industria

Un reciente estudio revela que aunque el 56% de los universitarios se muestra interesado en la minería, solo el 14% tiene un conocimiento adecuado de la industria, evidenciando importantes brechas de

Minería atrae al 56% de los universitarios, pero solo 14% dice conocer bien la industria
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Un estudio de CESCO elaborado a partir de una encuesta de CADEM a 700 estudiantes universitarios detectó una amplia disposición a ingresar al sector, aunque persisten brechas de conocimiento, género y vinculación con el mundo formativo.

La minería chilena mantiene capacidad para atraer a las nuevas generaciones, pero enfrenta una brecha que podría transformarse en un problema para el recambio de su fuerza laboral: el 56,3% de los estudiantes universitarios estaría dispuesto a trabajar en la industria, mientras apenas el 14,4% declara conocer mucho o bastante sobre ella. El contraste aparece en el estudio “Atracción de talento joven hacia la minería chilena: percepciones estudiantiles y brechas de género”, desarrollado por el Centro de Estudios del Cobre y la Minería (CESCO) sobre una encuesta aplicada por CADEM a 700 universitarios de distintas regiones, niveles socioeconómicos y áreas de formación.

Los resultados ponen el foco en un desafío que va más allá de salarios y beneficios. La industria aparece ante los estudiantes como un sector con buenas perspectivas económicas y estabilidad, pero una proporción considerable de quienes podrían incorporarse al mercado laboral todavía no cuenta con información suficiente para visualizar las oportunidades profesionales que existen en operaciones, mantenimiento, ingeniería, tecnología, sustentabilidad, automatización, gestión o servicios especializados.

El interés existe, pero falta conocimiento

La percepción económica sigue jugando a favor de la minería. Un 68,9% de los universitarios asocia al sector con oportunidades económicas y un 55,45% con estabilidad laboral, dos atributos particularmente relevantes en la decisión de carrera de profesionales que se preparan para entrar al mercado del trabajo.

Sin embargo, ese posicionamiento no se traduce necesariamente en cercanía con la actividad. Solo un 33,4% de los encuestados manifiesta una imagen positiva de la minería, mientras el porcentaje que declara conocer mucho o bastante sobre el funcionamiento de la industria se limita al 14,4%.

La diferencia entre interés y conocimiento abre una señal para compañías mineras, proveedores, universidades y centros de formación. La competencia por profesionales ya no ocurre exclusivamente entre empresas del mismo sector. La expansión de industrias vinculadas a tecnología, energía, infraestructura, análisis de datos y servicios digitales ha ampliado las alternativas disponibles para ingenieros y otros especialistas requeridos también por la minería.

En ese escenario, la capacidad de explicar qué perfiles necesita actualmente una faena y cómo ha cambiado el trabajo minero adquiere una dimensión estratégica. Operaciones remotas, automatización, inteligencia artificial, gestión energética y descarbonización están modificando funciones que durante décadas estuvieron asociadas principalmente a la operación tradicional en terreno.

La brecha de género sigue condicionando la atracción

Uno de los aspectos más sensibles del estudio aparece en las diferencias entre hombres y mujeres. El denominado Índice de Afinidad con la Minería alcanza 50,33% entre los hombres y 43,03% entre las mujeres, mostrando que la disposición hacia la industria continúa marcada por percepciones distintas según género.

La diferencia no responde únicamente al interés por las carreras disponibles. Entre las mujeres adquieren mayor peso factores relacionados con discriminación, inclusión, sustentabilidad y conciliación entre vida laboral y personal.

La señal más clara aparece entre quienes descartan trabajar en minería. El 41,7% de las mujeres que no ingresarían al sector menciona la discriminación de género como una razón, frente a apenas un 5% de los hombres. Pese a esa distancia, más de la mitad de las universitarias encuestadas sí consideraría desarrollar su carrera profesional dentro de la minería.

El resultado muestra que existe una base potencial de incorporación femenina, pero también que aumentar la participación requerirá avanzar más allá de las campañas de reclutamiento. Condiciones de trabajo, posibilidades de desarrollo, culturas organizacionales, sistemas de turno y conciliación forman parte de los elementos que las nuevas generaciones incorporan al momento de evaluar una oferta laboral.

El desafío es especialmente relevante para una industria que durante los últimos años ha impulsado una mayor incorporación de mujeres y que necesita ampliar su universo de profesionales disponibles para cubrir futuras vacantes técnicas y profesionales.

El norte mantiene mayor afinidad con la minería

La cercanía territorial con las operaciones también influye en la percepción de los estudiantes. La zona norte registra los mayores niveles de afinidad con la minería, un resultado coherente con la presencia de grandes operaciones de cobre, oro, hierro y otros minerales y con el peso que tiene la cadena de proveedores en regiones mineras.

Por área académica, el mayor interés aparece entre estudiantes de carreras relacionadas con ingeniería, manufactura y construcción, aunque la transformación tecnológica está ampliando progresivamente el espectro de especialidades que pueden incorporarse al sector.

Esta diversificación será relevante para el desarrollo de las operaciones durante la próxima década. La minería chilena necesita capacidades asociadas no solo a extracción y procesamiento de minerales, sino también a automatización, telecomunicaciones, ciberseguridad, programación, mantenimiento predictivo, energía renovable, gestión hídrica y análisis avanzado de información.

Una necesidad de capital humano que seguirá creciendo

La discusión sobre atracción universitaria adquiere mayor peso al observar las proyecciones de empleo del sector. La industria minera podría requerir cerca de 37 mil nuevos trabajadores y trabajadoras hacia 2034, considerando las necesidades de capital humano y renovación que enfrentará durante los próximos años.

Esta demanda coincide con un escenario de mayor complejidad operacional. Las compañías enfrentan envejecimiento de yacimientos, menores leyes minerales en algunas operaciones, presión sobre costos, exigencias ambientales crecientes y una acelerada incorporación de tecnologías destinadas a mejorar productividad y seguridad.

La disponibilidad de profesionales preparados pasa así a formar parte de la competitividad minera. Una cartera de inversiones puede contar con recursos minerales, financiamiento y permisos, pero su ejecución también depende de disponer de operadores, mantenedores, ingenieros, especialistas digitales y profesionales capaces de administrar instalaciones cada vez más automatizadas.

La brecha detectada entre disposición laboral y conocimiento ofrece, en ese sentido, una oportunidad. Existe un segmento amplio de universitarios que no descarta trabajar en minería, pero que todavía mantiene una relación distante con la actividad.

Más vínculo entre minería y universidades

Para la industria, uno de los desafíos será reducir esa distancia antes de que los estudiantes ingresen plenamente al mercado laboral. Prácticas profesionales, visitas técnicas, programas de graduados, presencia temprana en universidades y una comunicación más clara sobre los perfiles requeridos pueden ampliar el universo de candidatos disponibles.

La discusión tampoco se limita a carreras tradicionalmente consideradas mineras. La digitalización de las operaciones está incorporando perfiles provenientes de disciplinas que hace algunos años tenían una presencia menor en faena y oficinas corporativas.

En paralelo, las expectativas laborales están cambiando. Desarrollo profesional y estabilidad continúan siendo relevantes, pero aparecen con mayor fuerza variables como flexibilidad, bienestar, sustentabilidad, diversidad y condiciones que permitan compatibilizar trabajo y vida personal.

Para la minería chilena, el dato central del estudio es favorable, pero plantea una tarea concreta: más de la mitad de los universitarios está abierta a trabajar en el sector, aunque una amplia mayoría todavía conoce poco sobre él. Convertir esa disposición potencial en postulaciones efectivas será parte de la competencia por el capital humano que necesitarán las operaciones y nuevos proyectos durante la próxima década.