
La ocupación creció 9,4% en doce meses y anotó su nivel más alto del año. Las empresas contratistas y conexas concentraron el 73% de los puestos de trabajo del sector.
La minería peruana alcanzó 287.537 empleos directos durante mayo de 2026, la cifra más alta registrada en los primeros cinco meses del año. El resultado representó un crecimiento de 1,8% frente a abril y un avance de 9,4% en comparación con igual mes de 2025, confirmando una expansión sostenida de la demanda laboral asociada a las operaciones mineras y su cadena de proveedores.
El incremento mensual equivale a más de 5.000 nuevos puestos de trabajo respecto de abril, cuando la actividad contabilizó 282.520 trabajadores. La evolución refuerza el peso del sector extractivo dentro del mercado laboral peruano, especialmente en las regiones donde se concentran las principales faenas de cobre, oro, zinc, plata, hierro y otros minerales.
Entre enero y mayo, la minería generó un promedio de 280.167 empleos directos, nivel que superó en 5,6% el promedio anual registrado durante 2025. El indicador muestra que el crecimiento no respondió únicamente a una variación puntual de mayo, sino a una trayectoria ascendente durante buena parte del ejercicio.
Contratistas concentran siete de cada diez empleos
La estructura laboral del sector peruano continúa marcada por la fuerte participación de empresas contratistas mineras y compañías conexas, responsables de actividades que incluyen construcción, mantenimiento, movimiento de tierras, transporte, perforación, servicios técnicos, alimentación, seguridad, ingeniería y soporte operacional.
Durante mayo, este segmento concentró el 73% del empleo directo minero, equivalente a cerca de 210.000 trabajadores. Las compañías titulares de las operaciones mineras representaron el 27% restante.
El empleo generado por contratistas y empresas relacionadas aumentó 12,3% frente a mayo de 2025, convirtiéndose en el principal motor del crecimiento interanual. Esta composición confirma que el impacto laboral de la minería se extiende más allá de las dotaciones propias de cada faena y depende ampliamente de una red de proveedores especializados.
La participación de estas empresas también refleja el modelo operativo que predomina en la gran minería latinoamericana, donde una parte relevante de los servicios se ejecuta mediante contratos externos. El crecimiento de la ocupación contratista puede estar vinculado a mayores requerimientos operacionales, campañas de mantenimiento, preparación de áreas de explotación, construcción de infraestructura y desarrollo de iniciativas de expansión.
Para las empresas proveedoras, el aumento de trabajadores representa una señal de mayor movimiento en los distritos mineros, aunque también plantea exigencias adicionales en capacitación, seguridad laboral, productividad y disponibilidad de personal técnico.
Arequipa lidera la generación de puestos de trabajo
Arequipa se mantuvo como el principal polo de empleo minero de Perú, con 16,1% del total nacional. La región alberga operaciones de gran escala y una amplia base de empresas de servicios vinculadas a la industria extractiva.
La Libertad ocupó el segundo lugar, con 8,6%, mientras que Ica alcanzó una participación de 8,4%. En conjunto, las tres regiones concentraron aproximadamente un tercio de los puestos de trabajo directos contabilizados en mayo.
La distribución territorial evidencia la capacidad de los proyectos mineros para modificar la estructura laboral de las regiones productoras. Además de los empleos dentro de las faenas, la actividad genera demanda para transporte, alojamiento, alimentación, comercio, reparación de equipos, servicios profesionales y logística industrial.
Arequipa también había encabezado el empleo minero en abril, con una participación de 15,9%. El avance hasta 16,1% durante mayo indica que la región ganó peso dentro de la dotación nacional, mientras La Libertad e Ica se mantuvieron entre los principales centros laborales del sector.
Este patrón resulta relevante para las políticas regionales de formación técnica. La expansión de la actividad requiere operadores de equipos, mantenedores, electricistas, especialistas en automatización, profesionales ambientales, geólogos, ingenieros y trabajadores capacitados en seguridad y gestión de riesgos.
Participación femenina llega al 8,2%
La ocupación femenina alcanzó 23.479 puestos de trabajo, equivalentes al 8,2% de la dotación minera total. Los hombres sumaron 264.058 trabajadores y representaron el 91,8%.
Aunque la participación de mujeres continúa siendo reducida frente a la dotación masculina, el número de trabajadoras aumentó respecto de abril, cuando se contabilizaron 22.954 puestos femeninos y una participación de 8,1%. En términos mensuales, la industria incorporó más de 500 mujeres adicionales.
El desafío para Perú será transformar el crecimiento general del empleo en una expansión más acelerada de la participación femenina, particularmente en funciones operacionales, mantenimiento, supervisión y liderazgo técnico.
La automatización de procesos, el control remoto de equipos y la digitalización de las faenas han abierto nuevas posibilidades de incorporación laboral. Sin embargo, el avance también depende de políticas de formación, infraestructura adecuada, conciliación familiar, ambientes laborales seguros y procesos de selección capaces de ampliar la diversidad de las dotaciones.
Una señal para la inversión y la cadena de proveedores
El récord de empleo ocurre en un escenario en que Perú busca sostener su posición entre los principales productores mineros del mundo y reactivar una cartera de proyectos que enfrenta desafíos regulatorios, territoriales y sociales.
La evolución de la ocupación constituye un indicador relevante para medir el nivel de actividad de las operaciones existentes. Un aumento de trabajadores puede anticipar mayores servicios de mantenimiento, campañas de exploración, construcción de instalaciones o preparación de proyectos, aunque por sí solo no permite concluir que exista un incremento equivalente de la producción minera.
El dato también entrega una señal para los proveedores regionales. Con siete de cada diez trabajadores vinculados a contratistas y empresas conexas, una parte considerable del valor laboral generado por la minería depende de compañías que prestan servicios especializados a las operaciones.
Esta estructura abre oportunidades para pequeñas y medianas empresas capaces de cumplir estándares técnicos, ambientales y de seguridad, pero también aumenta la exposición de los trabajadores a los ciclos de contratación de cada proyecto.
La continuidad del crecimiento dependerá de la ejecución de inversiones, la estabilidad operacional de las faenas, la tramitación de permisos y la capacidad del país para resolver conflictos que puedan retrasar proyectos o afectar la producción.
Con 287.537 trabajadores directos, mayo se convirtió en el mejor mes de 2026 para el empleo minero peruano. El resultado consolida a la minería como una actividad central para las economías regionales y confirma que su efecto laboral se concentra principalmente en la extensa red de contratistas, proveedores y servicios que sostiene el funcionamiento cotidiano de las operaciones.












