Industria Minera

Minería registra menor tasa de enfermedades de salud mental, pero Cochilco alerta por riesgos psicosociales

A pesar de registrar una tasa de enfermedades mentales significativamente menor que el promedio nacional, la minería chilena enfrenta crecientes desafíos psicosociales que requieren atención urgente.

Minería registra menor tasa de enfermedades de salud mental, pero Cochilco alerta por riesgos psicosociales
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La tasa de enfermedades profesionales asociadas a salud mental llegó a 0,03% en la minería durante 2025, frente al 0,13% nacional. Pese al mejor desempeño relativo, aumentaron los casos y persisten brechas en carga laboral, vulnerabilidad, conflicto de rol y compañerismo.

La minería chilena presenta indicadores de salud mental y riesgos psicosociales más favorables que el promedio de las actividades económicas del país, pero mantiene desafíos que comienzan a adquirir mayor peso dentro de la gestión operacional. Durante 2025, las enfermedades profesionales vinculadas a salud mental representaron el 32% del total registrado en la actividad minera, mientras la tasa específica del sector alcanzó 0,03%, cuatro veces menor que el 0,13% observado a nivel nacional.

El diagnóstico forma parte del estudio Salud mental en la industria minera nacional, elaborado por la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), que analiza las estadísticas de enfermedades profesionales entre 2019 y 2025, los resultados 2024 del cuestionario de Evaluación de Ambiente Laboral–Salud Mental (CEAL-SM/SUSESO), la regulación vigente y experiencias desarrolladas en industrias mineras de Australia y Canadá.

Los resultados muestran una posición comparativamente positiva para el sector, aunque también revelan señales que obligan a mirar más allá de la accidentabilidad tradicional. Los casos de enfermedades profesionales asociadas a salud mental en minería pasaron de cinco en 2019 a 24 durante 2025, evolución que instala esta variable como parte creciente de la agenda de seguridad y salud ocupacional.

Minería se mantiene bajo el promedio nacional

Durante 2025, la tasa total de enfermedades profesionales en minería alcanzó 0,11%, por debajo del 0,16% registrado para el conjunto de las actividades económicas. La diferencia es todavía más marcada cuando se observan exclusivamente las patologías relacionadas con salud mental.

A nivel nacional, los diagnósticos de salud mental representaron el 76,6% de todas las enfermedades profesionales registradas durante 2025. En minería, esa proporción llegó al 32%.

El contraste también aparece en la tasa específica: 0,03% en minería frente a 0,13% para el conjunto del país. El desempeño podría estar relacionado con sistemas de gestión de seguridad y salud ocupacional que la industria ha desarrollado durante décadas para enfrentar operaciones de alto riesgo, aunque el aumento absoluto de los casos evidencia que el problema no puede considerarse resuelto.

La salud mental comienza así a incorporarse a un concepto de seguridad operacional más amplio. Ya no se trata únicamente de controlar exposición a riesgos físicos, accidentes, interacción con equipos móviles o condiciones ambientales extremas, sino también de identificar factores organizacionales que pueden afectar el desempeño, bienestar y capacidad de respuesta de los trabajadores.

Solo 8% de los centros mineros presenta condición psicosocial no óptima

Otra de las diferencias relevantes aparece en los resultados del cuestionario CEAL-SM/SUSESO, instrumento utilizado en Chile para evaluar factores de riesgo psicosocial mediante 12 dimensiones.

En minería, 8% de los centros de trabajo evaluados quedó clasificado en una condición de riesgo psicosocial no óptima, mientras el promedio nacional alcanzó 20,9%.

Sin embargo, el dato agregado esconde áreas que requieren atención. Entre las dimensiones con mayores dificultades aparecen carga de trabajo, vulnerabilidad, conflicto de rol y compañerismo, factores especialmente sensibles en una actividad organizada en torno a sistemas de turnos, continuidad operacional y faenas ubicadas lejos de los centros urbanos. (Cochilco)

La escala de salud mental GHQ-12 incluida en la evaluación entrega otra señal. El 40,7% de los centros mineros evaluados presentó una condición no óptima en ese indicador, aunque nuevamente se ubicó bajo el 71,8% registrado para el conjunto de las actividades económicas.

Existe, además, una limitación estadística que la industria deberá abordar. La cobertura de esta medición llegó al 37% del universo correspondiente y alcanzó solo 28% en minería, lo que restringe la capacidad de construir una radiografía completa y continua de la situación sectorial. (Cochilco)

Turnos, aislamiento y organización del trabajo entran en la discusión

La particular estructura operacional de la minería chilena transforma la gestión de riesgos psicosociales en un asunto directamente relacionado con productividad, seguridad y disponibilidad de personal.

Las faenas operan frecuentemente mediante turnos prolongados, en zonas aisladas, a gran altitud y con períodos de separación familiar. A ello se agregan estructuras jerárquicas, trabajos con elevada responsabilidad operacional y procesos en los que errores humanos pueden tener consecuencias relevantes para las personas, equipos y continuidad productiva.

En ese escenario, el manejo de la salud mental deja de ser únicamente una materia de recursos humanos. Su incorporación a los sistemas de prevención supone evaluar cómo la organización del trabajo, las responsabilidades, los niveles de autonomía, la supervisión y las relaciones dentro de los equipos pueden generar o mitigar riesgos.

La experiencia internacional considerada en el análisis apunta precisamente hacia un modelo integrado, donde la salud psicológica se incorpora a los mismos sistemas utilizados para gestionar la seguridad física.

Ese enfoque considera prevención, identificación anticipada de problemas, respuesta frente a enfermedades y promoción de condiciones laborales que favorezcan el bienestar. También amplía la responsabilidad desde las áreas de salud ocupacional hacia supervisores, recursos humanos, relaciones laborales, capacitación, inclusión y los propios equipos operacionales.

Un desafío para productividad y atracción de trabajadores

La evolución del empleo minero agrega otra dimensión al debate. La industria busca aumentar la participación femenina, atraer nuevas generaciones y desarrollar capacidades asociadas a automatización, digitalización, mantenimiento especializado y operación remota.

En ese contexto, las condiciones laborales y la percepción de bienestar pasan a formar parte de la competencia por trabajadores especializados.

El desafío adquiere mayor relevancia ante una cartera de proyectos que requerirá nuevas capacidades técnicas, mientras varias compañías enfrentan simultáneamente procesos de renovación generacional y mayores exigencias de productividad.

La Política Nacional Minera 2050 ya incorporó entre sus objetivos avanzar hacia empleos de calidad, inclusivos y con estándares elevados de seguridad y salud física y mental. El seguimiento de licencias médicas, enfermedades profesionales y percepción de las condiciones laborales aparece como una de las herramientas para medir ese avance.

La industria deberá mejorar medición y prevención

El principal desafío hacia adelante será transformar indicadores todavía parciales en sistemas de gestión permanentes.

La menor incidencia registrada por la minería respecto del promedio nacional constituye una ventaja, pero el aumento desde cinco a 24 casos de enfermedades profesionales asociadas a salud mental entre 2019 y 2025 muestra que la tendencia requiere vigilancia.

También existe espacio para desarrollar instrumentos más específicos para la realidad minera, considerando que las condiciones de una faena de altura, una operación subterránea, una planta concentradora o un centro integrado de operaciones difieren significativamente de otros ambientes laborales.

Para una industria que durante décadas ha construido su desempeño de seguridad sobre indicadores, estándares y control sistemático de riesgos, la salud mental aparece ahora como una nueva frontera preventiva. El desafío será incorporar los factores psicosociales a la gestión diaria con el mismo nivel de seguimiento que progresivamente alcanzaron los riesgos físicos, particularmente cuando productividad, seguridad operacional y disponibilidad de capital humano están cada vez más conectadas.