
El precio del petróleo volvió a situarse por debajo de los US$100 por barril, pero el mercado continúa bajo presión debido a la persistente incertidumbre en torno al estrecho de Ormuz, un corredor estratégico por donde transitaba más del 20% del suministro mundial de crudo antes de la reciente escalada entre Estados Unidos e Irán. Pese a un acuerdo de alto el fuego anunciado esta semana, el flujo marítimo sigue severamente limitado, lo que mantiene una prima de riesgo incorporada en los precios internacionales y genera dudas sobre la velocidad de normalización del suministro energético global.
En este contexto, los futuros del crudo West Texas Intermediate (WTI) para entrega en mayo registraban un alza de 0,6%, alcanzando los US$98,46 por barril, mientras que el Brent del Mar del Norte subía 0,42%, ubicándose en US$96,36 para contratos de junio. La moderación respecto de los máximos recientes refleja cierta expectativa de distensión, aunque lejos de disipar completamente las tensiones.
Tránsito restringido y señales contradictorias
A pesar del acuerdo entre Washington y Teherán, que contemplaba la reapertura progresiva del estrecho, la realidad operativa dista de esa expectativa. Reportes de mercado indican que la mayoría de los buques que han logrado cruzar en las últimas 24 horas tienen vínculos con Irán, lo que evidencia un control selectivo del tránsito marítimo.
Te puede interesar
El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó el tono al advertir públicamente a Irán sobre eventuales cobros a petroleros, una práctica que podría vulnerar los términos del cese de hostilidades. En paralelo, desde la Casa Blanca se ha señalado que incluso permitir el paso de un número limitado de embarcaciones ya representaría un avance relevante en la recuperación del suministro.
Desde la industria naviera, el diagnóstico es más crítico. Ejecutivos del sector describen la situación como “caótica”, sin protocolos claros para el tránsito ni canales definidos de coordinación con autoridades iraníes. Las pocas embarcaciones que han cruzado lo han hecho por rutas alternativas, más cercanas a la costa iraní, elevando significativamente los costos logísticos y de seguros.
Impacto en precios y cadenas de suministro
El mantenimiento de restricciones en Ormuz está teniendo efectos directos en los flujos globales de crudo. Las importaciones desde el Golfo Pérsico se mantienen por debajo de los 2 millones de barriles diarios, muy por debajo de los niveles habituales, mientras que los tiempos de transporte se han extendido en varias semanas.
Analistas del mercado energético coinciden en que esta situación obligará a los compradores a recurrir a inventarios estratégicos o proveedores alternativos en el corto plazo. Además, el encarecimiento del transporte y los riesgos geopolíticos continúan alimentando la volatilidad en los precios.
Proyecciones: entre normalización y riesgo persistente
Las principales entidades financieras han comenzado a ajustar sus previsiones ante este escenario incierto. Barclays proyecta un precio promedio del Brent de US$85 por barril para 2026 en un escenario base de normalización gradual. Sin embargo, advierte que cualquier retraso en la reapertura efectiva del estrecho podría presionar al alza esas estimaciones.
Por su parte, Goldman Sachs redujo sus proyecciones para el segundo trimestre, situando el Brent en torno a US$90 y el WTI en US$87, aunque reconoce que el mercado seguirá incorporando una “prima de guerra” mientras persistan las tensiones en la región.
La evolución del conflicto y, especialmente, la capacidad de restablecer el tránsito seguro por el estrecho de Ormuz serán factores decisivos para el equilibrio del mercado petrolero en las próximas semanas, en un contexto donde la seguridad energética vuelve a posicionarse como una variable crítica para la economía global.












