Minería Internacional

Sur del Perú triplica su producción de cobre en 20 años y concentra 64% del total nacional

En dos décadas, la producción de cobre en el sur de Perú se ha triplicado, concentrando el 64% del total nacional y atrayendo inversiones significativas que transforman la economía regional.

Sur del Perú triplica su producción de cobre en 20 años y concentra 64% del total nacional
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La expansión de grandes operaciones en Arequipa, Moquegua, Cusco y Apurímac transformó el mapa cuprífero peruano. La macrorregión también captó S/68.000 millones en canon y regalías mineras durante las últimas dos décadas.

La producción de cobre en el sur del Perú se triplicó durante los últimos 20 años y actualmente concentra alrededor del 64% del volumen nacional, consolidando a esta zona como el principal núcleo cuprífero del país y uno de los corredores mineros de mayor peso en Sudamérica. El salto productivo ha estado acompañado por grandes inversiones, nuevas operaciones y ampliaciones que modificaron de manera estructural la economía de regiones como Arequipa, Moquegua, Cusco y Apurímac.

La transformación tiene detrás proyectos de escala mundial. Cerro Verde, en Arequipa; Quellaveco, en Moquegua; Las Bambas, en Apurímac; y las operaciones de Southern Copper en el extremo sur conforman buena parte de la plataforma que permitió elevar la extracción de metal rojo durante las últimas dos décadas. El resultado es una concentración territorial que convierte al sur peruano en una pieza estratégica para la producción nacional y para la oferta latinoamericana de cobre.

Una nueva geografía para el cobre peruano

El cambio productivo registrado desde mediados de la década de 2000 coincide con una etapa de fuertes inversiones en minería a gran escala.

Uno de los movimientos determinantes fue la ampliación de Cerro Verde. La operación desarrolló un proceso de expansión por más de US$4.600 millones, elevando significativamente su capacidad de tratamiento de mineral y reforzando el peso de Arequipa dentro de la industria cuprífera peruana.

A ello se agregó Quellaveco, desarrollado por Anglo American en Moquegua y puesto en operación durante 2022. La entrada de esta faena incorporó una nueva fuente de producción de gran escala al sur del país, modificando rápidamente la distribución regional de la extracción de cobre.

Apurímac también ingresó con fuerza al mapa cuprífero a partir del desarrollo de Las Bambas, mientras que Tacna y Moquegua mantienen operaciones de larga trayectoria vinculadas a Southern Copper. La coexistencia de activos históricos con proyectos construidos durante los últimos años explica buena parte del crecimiento acumulado por la macrorregión.

El peso alcanzado por el sur resulta especialmente relevante considerando la dimensión global de Perú. El país produjo 2,736 millones de toneladas de cobre durante 2024, entre concentrados y cátodos, volumen que confirma la importancia del metal dentro de su matriz exportadora y minera.

S/68.000 millones en canon y regalías

El crecimiento productivo también tuvo un fuerte efecto fiscal. Durante los últimos 20 años, las regiones del sur recibieron aproximadamente S/68.000 millones por concepto de canon y regalías mineras, cifra equivalente al 52% del total nacional distribuido mediante estos mecanismos durante el período.

La magnitud de esos recursos muestra una de las principales consecuencias económicas del desarrollo de grandes faenas: el aumento de ingresos disponibles para inversión pública regional y municipal.

Sin embargo, la expansión de las transferencias también evidencia una brecha que continúa presente en varias zonas mineras. El aumento de los recursos fiscales no siempre ha conseguido traducirse con la misma velocidad en infraestructura, educación, agua potable, salud y servicios públicos.

En Apurímac, Cusco y Puno, más de la mitad de los establecimientos educacionales públicos requieren ser sustituidos. En Apurímac, además, pese a que más del 96% de la población dispone de acceso al agua, solo el 10,7% cuenta con agua adecuadamente clorada.

La discusión sobre minería y desarrollo regional, por lo tanto, se desplaza cada vez más desde cuánto dinero genera la actividad hacia la capacidad institucional para ejecutar esos recursos y transformarlos en mejoras permanentes.

El efecto sobre empleo y economías regionales

La minería también multiplica actividad fuera de las faenas.

Las estimaciones disponibles muestran que por cada empleo minero directo se generan otros seis puestos de trabajo en Moquegua y siete en Tacna. Solo durante 2025, la actividad minera habría sostenido aproximadamente 226.000 empleos directos e indirectos entre ambas regiones.

El efecto se extiende hacia transporte, mantenimiento, ingeniería, construcción, servicios técnicos, alimentación, alojamiento y proveedores industriales, configurando ecosistemas económicos que dependen en distinta medida del ciclo de inversión y producción minera.

En una mirada histórica más amplia, la expansión de la actividad coincidió con cambios relevantes en los indicadores económicos del sur. La economía de la macrorregión multiplicó por diez su tamaño durante los últimos 70 años. En ese período, Moquegua registró un crecimiento promedio anual de 4,5% y Arequipa de 3,8%, por encima del promedio de 3,4% de la zona sur.

Desde 2004, además, cerca de dos millones de personas salieron de la pobreza en esta parte del país. En Apurímac, donde la expansión minera es más reciente, la tasa de pobreza disminuyó 17 puntos porcentuales desde el inicio de las operaciones mineras a gran escala en 2016.

El desafío ahora es sostener la nueva producción

El crecimiento de las últimas dos décadas plantea un desafío distinto para Perú: mantener la producción existente y convertir su cartera de proyectos en nuevas minas.

La actual concentración del 64% del cobre peruano en el sur también aumenta la exposición del país a los problemas que pueden afectar a ese corredor. Conflictos sociales, restricciones logísticas, permisos, disponibilidad de infraestructura y retrasos de proyectos tienen capacidad para incidir directamente sobre una fracción relevante de la producción nacional.

Al mismo tiempo, la escala alcanzada fortalece las condiciones para seguir desarrollando proveedores, infraestructura energética, soluciones de transporte, servicios especializados y cadenas industriales asociadas a la minería.

Para una industria mundial que busca aumentar la disponibilidad de cobre frente al crecimiento de las redes eléctricas, energías renovables, almacenamiento, electromovilidad y digitalización, mantener activos competitivos y habilitar nueva oferta será determinante.

El caso del sur peruano demuestra lo que pueden producir varios ciclos consecutivos de inversión minera: en dos décadas, la macrorregión pasó a generar tres veces más cobre y a controlar prácticamente dos de cada tres toneladas producidas por Perú.

La próxima etapa dependerá menos de descubrir el potencial geológico —ampliamente reconocido— y más de la capacidad para desarrollar nuevos proyectos, asegurar infraestructura y convertir los recursos generados por la minería en mejoras económicas capaces de sostenerse más allá de cada ciclo del precio del cobre.