El Ejecutivo enviará el proyecto de Ley de Inversiones a la Asamblea Legislativa el 11 de agosto y prepara posteriormente reformas específicas para minería. El objetivo es modificar las condiciones para atraer capital privado y destrabar proyectos en sectores considerados estratégicos.
Bolivia prepara nueva Ley de Inversiones mientras anticipa cambios a la legislación minera
Bolivia prepara una modificación relevante de su marco económico y regulatorio con impacto directo sobre la industria extractiva. El gobierno del presidente Rodrigo Paz confirmó que el 11 de agosto de 2026 enviará a la Asamblea Legislativa Plurinacional el proyecto de una nueva Ley de Inversiones, iniciativa que funcionará como marco general para una serie de reformas sectoriales posteriores, entre ellas cambios a la legislación minera. (larazon.bo)
La propuesta busca establecer nuevas condiciones para la llegada de capital privado nacional y extranjero, con énfasis en seguridad jurídica, estabilidad de las reglas y reducción de barreras que actualmente dificultan la ejecución de inversiones. Minería e hidrocarburos aparecen entre los sectores donde el Ejecutivo pretende avanzar posteriormente con normas específicas.
Para la minería boliviana, el proceso abre una discusión que va más allá de una actualización formal de las leyes. El país intenta generar condiciones para movilizar capital hacia exploración, desarrollo de yacimientos e industrialización, mientras enfrenta problemas acumulados en materia contractual, consolidación de derechos mineros y tiempos administrativos.
Una ley que funcionará como marco para las inversiones
La nueva Ley de Inversiones será la primera pieza de un paquete legislativo más amplio impulsado por el Ejecutivo. El Gobierno la ha definido como un marco transversal sobre el que posteriormente deberán articularse regulaciones para sectores estratégicos y mecanismos de asociación entre el Estado y privados.
El proyecto aún debe ingresar formalmente al Legislativo y superar su correspondiente discusión parlamentaria, por lo que sus disposiciones definitivas no están cerradas.
Lo confirmado hasta ahora es la orientación general: crear un entorno que permita recuperar inversión, entregar mayor previsibilidad regulatoria y facilitar la participación de capital privado en una economía que necesita ampliar sus fuentes de crecimiento.
Ese objetivo cobra especial relevancia para minería, una actividad donde las decisiones de inversión se toman con horizontes de largo plazo y donde la estabilidad contractual, los permisos, la propiedad de los derechos mineros y las condiciones tributarias pueden determinar la viabilidad financiera de un proyecto.
La discusión también se produce después de medidas gubernamentales orientadas a reducir obstáculos administrativos. Durante 2026, el Ejecutivo impulsó un programa de simplificación y desregulación con énfasis en digitalización de trámites y eliminación de requisitos considerados redundantes, dentro de una estrategia más amplia de recuperación económica.
La reforma minera será el siguiente frente
El cambio en inversiones estará acompañado por una revisión específica del marco minero. El Ministerio de Minería y Metalurgia trabaja en una reforma normativa integral, enfocada en problemas que incluyen la adecuación al régimen de contratos mineros, consolidación de derechos y retrasos administrativos que afectan a distintos actores de la industria.
El Ejecutivo ha adelantado además que la nueva normativa minera buscará fortalecer la seguridad jurídica y generar condiciones para atraer inversión hacia el sector. El proceso todavía se encuentra en fase de construcción y discusión, por lo que no existe un texto definitivo que permita anticipar cambios concretos en regalías, impuestos, contratos o mecanismos de participación estatal.
Bolivia opera actualmente bajo la Ley N°535 de Minería y Metalurgia, promulgada en 2014, que regula la actividad minero-metalúrgica y establece las bases jurídicas para las distintas etapas de la cadena productiva.
La revisión de ese marco ocurre en un escenario donde el Gobierno busca aumentar la participación de la minería en la generación de ingresos, exportaciones e inversión, especialmente ante la necesidad de diversificar una economía que durante décadas mantuvo una alta dependencia de los hidrocarburos.
Contratos, permisos y seguridad jurídica bajo observación
Uno de los aspectos más sensibles para los inversionistas será determinar hasta dónde llegará la reforma en materia de contratos y derechos mineros.
El diagnóstico oficial reconoce dificultades asociadas a la adecuación contractual y a demoras administrativas. Para proyectos intensivos en capital, estos factores pueden extender los plazos entre la exploración, obtención de derechos, evaluación ambiental, construcción y entrada en producción.
La nueva arquitectura regulatoria deberá además resolver la convivencia entre distintos actores que participan de la minería boliviana, incluyendo empresas estatales, compañías privadas y cooperativas.
Esto representa una diferencia estructural respecto de otros grandes productores de minerales de Sudamérica. Una eventual apertura a mayores inversiones privadas deberá integrarse con el rol que mantiene el Estado en los recursos naturales y con las particularidades sociales y productivas de las principales regiones mineras.
La discusión tampoco estará limitada a grandes proyectos. La agilización de trámites, la claridad sobre derechos y la formalización pueden repercutir sobre proveedores, contratistas, pequeñas operaciones y proyectos de exploración que requieren certidumbre regulatoria antes de comprometer recursos.
Bolivia busca volver al radar del capital minero
El Gobierno también está intentando reposicionar al país frente a inversionistas internacionales. Durante 2026, el Ministerio de Minería puso en marcha una estrategia orientada a captar capital y desarrollar una reforma institucional con apoyo técnico internacional, incorporando como uno de sus ejes centrales la solución de problemas estructurales que han limitado el desarrollo de nuevos proyectos.
Bolivia posee una larga tradición en producción de zinc, plata, estaño, oro y otros minerales, además de recursos de litio que han concentrado interés internacional durante los últimos años. Sin embargo, transformar ese potencial geológico en nueva producción exige inversiones de largo plazo, infraestructura, financiamiento y un sistema de permisos capaz de acompañar proyectos de mayor escala.
Para el sector, la discusión que comienza con la Ley de Inversiones será relevante precisamente porque podría definir el marco económico dentro del cual operarán posteriormente las nuevas reglas mineras.
Todavía no está definido qué incentivos contendrá la iniciativa, cómo será tratada la inversión extranjera ni qué mecanismos de protección contractual se incorporarán. Tampoco existe confirmación sobre eventuales modificaciones tributarias específicamente dirigidas a minería.
Qué observará la industria
El primer momento decisivo llegará el martes 11 de agosto, cuando el proyecto de Ley de Inversiones sea remitido a la Asamblea Legislativa. Desde allí comenzará una discusión que permitirá conocer con mayor precisión las garantías, obligaciones y mecanismos propuestos para atraer nuevos capitales.
Después vendrá la reforma minera, cuyo diseño será determinante para evaluar si Bolivia logra convertir la nueva política de inversiones en proyectos concretos.
Para compañías mineras y fondos especializados, variables como estabilidad contractual, plazos de permisos, mecanismos de asociación con el Estado, tratamiento de inversiones extranjeras y certeza sobre derechos mineros tendrán mayor peso que las declaraciones generales de apertura.
Bolivia está entrando así en una etapa de redefinición de sus reglas económicas y extractivas. La nueva Ley de Inversiones marcará el punto de partida, pero será la legislación minera posterior la que determinará en qué condiciones podrá ingresar capital, desarrollar yacimientos y ampliar la producción durante los próximos años.









