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Industria Minera

Chile pierde terreno en el mercado del litio ante avance de Argentina y mayor oferta mundial

La producción global creció 31% durante 2025, mientras nuevos proyectos avanzan con mayor rapidez fuera de Chile. El régimen especial de concesión del mineral y los prolongados procesos para autorizar operaciones amenazan la posición del país durante la próxima década.

Chile pierde terreno en el mercado del litio ante avance de Argentina y mayor oferta mundial
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Chile enfrenta una presión creciente sobre su posición en el mercado mundial del litio. Aunque continúa entre los principales productores del planeta y mantiene una de las mayores bases de reservas conocidas, la expansión de la oferta en Australia, China, África y especialmente Argentina está reduciendo su peso relativo dentro de una industria que avanza con nuevos proyectos, tecnologías de extracción y mayores niveles de competencia.

El principal problema chileno no está en la disponibilidad geológica del recurso, sino en la dificultad para transformar ese potencial en nuevas operaciones. A diferencia del cobre y de otros minerales concesibles, el litio tiene en Chile el carácter de sustancia no concesible, por lo que su explotación requiere un Contrato Especial de Operación de Litio, conocido como CEOL, o desarrollarse sobre pertenencias constituidas antes de 1979.

Este modelo entrega al Estado un control directo sobre la apertura de nuevos yacimientos, pero también incorpora etapas administrativas, negociaciones contractuales, consultas indígenas, autorizaciones ambientales y definiciones políticas que pueden extender considerablemente los plazos de inversión.

Mientras Chile intenta habilitar nuevos salares, Argentina ha acelerado su cartera productiva mediante un sistema en el que las provincias administran los recursos minerales y las empresas pueden obtener derechos sobre los proyectos sin depender de contratos especiales equivalentes a los CEOL chilenos.

La oferta mundial crece más rápido que Chile

La producción mundial de litio aumentó desde unas 222.000 toneladas de contenido de litio en 2024 hasta aproximadamente 290.000 toneladas en 2025, lo que representa un incremento anual de 31%.

El crecimiento de la oferta superó la expansión del consumo, que avanzó cerca de 20% durante el mismo periodo. Este desbalance mantuvo presionados los precios durante buena parte de 2025, pese al aumento de las ventas de vehículos eléctricos y al desarrollo de sistemas de almacenamiento de energía.

Chile produjo aproximadamente 56.000 toneladas de contenido de litio en 2025, por encima de las 48.900 toneladas registradas durante el año anterior. Sin embargo, el crecimiento fue menor que el observado en otros mercados.

Australia alcanzó unas 92.000 toneladas, China llegó a 62.000 toneladas y Argentina aumentó su producción hasta cerca de 23.000 toneladas de contenido de litio. A esto se sumó la entrada o expansión de operaciones en Brasil, Canadá, Mali y Zimbabue.

La consecuencia es una industria más diversificada. Chile ya no compite únicamente con Australia o con los productores sudamericanos, sino con una cartera global que incluye proyectos de roca dura, salmueras, arcillas y fuentes geotérmicas.

Argentina acelera su cartera de proyectos

Argentina se ha convertido en el principal desafío regional para Chile. Su producción de carbonato de litio equivalente pasó desde aproximadamente 31.000 toneladas en 2018 hasta 86.000 toneladas en 2025, impulsada por nuevas plantas y ampliaciones en las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca.

Las proyecciones disponibles apuntan a que el país podría alcanzar unas 218.000 toneladas de carbonato de litio equivalente hacia 2030, un aumento cercano a 153% respecto de 2025.

Este avance se apoya en una cartera de proyectos que se encuentra en distintas etapas de construcción, puesta en marcha y expansión. Argentina también ha utilizado el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones para ofrecer estabilidad tributaria, aduanera y cambiaria a iniciativas de gran escala.

El ritmo argentino contrasta con el caso chileno, donde la producción comercial continúa concentrada en el Salar de Atacama, a través de las operaciones de SQM y Albemarle. Incluso considerando los proyectos promovidos mediante asociaciones estatales, las nuevas capacidades relevantes comenzarán a incorporarse principalmente durante la próxima década.

El proyecto Salares Altoandinos, liderado por Enami junto a Rio Tinto, contempla iniciar producción durante la década de 2030. En Maricunga, Codelco impulsa otro desarrollo que también requiere completar estudios, permisos, acuerdos territoriales y definiciones tecnológicas antes de comenzar su etapa operacional.

Recursos abundantes, pero pocos centros productivos

Chile mantiene una posición geológica privilegiada. El país cuenta con aproximadamente 9,2 millones de toneladas de reservas de litio y recursos estimados en torno a 13 millones de toneladas.

Argentina dispone de cerca de 4,4 millones de toneladas de reservas, pero sus recursos identificados alcanzan aproximadamente 28 millones de toneladas, la mayor cifra registrada a nivel mundial.

La diferencia entre recursos, reservas y producción es decisiva. Los recursos representan concentraciones conocidas que pueden tener potencial económico, mientras las reservas corresponden a volúmenes que pueden explotarse bajo condiciones técnicas y económicas determinadas.

Chile posee una base suficiente para seguir siendo un actor relevante durante décadas. Sin embargo, su capacidad productiva depende actualmente de pocos activos. La concentración en el Salar de Atacama aumenta la exposición frente a retrasos contractuales, restricciones ambientales o dificultades operacionales.

Argentina, en cambio, está construyendo una estructura con múltiples proyectos y operadores. Esa diversificación permite desarrollar capacidades en forma paralela y distribuir el riesgo entre distintas provincias, compañías y tecnologías.

Los CEOL avanzan, pero todavía no aseguran producción

La Estrategia Nacional del Litio abrió procesos para entregar contratos especiales en doce áreas prioritarias ubicadas en las regiones de Tarapacá, Antofagasta y Atacama.

Entre los sectores definidos aparecen Coipasa, Ollagüe, Ascotán, Laguna Verde, Piedra Parada, Agua Amarga, Hilaricos, Quillagua Norte, Quillagua Este, Quillagua Sur, María Elena Este y Cerro Pabellón.

La apertura representa un cambio respecto de años anteriores, cuando prácticamente no existían mecanismos efectivos para incorporar proyectos privados fuera del Salar de Atacama. Sin embargo, la definición de áreas prioritarias es solo la primera etapa.

Antes de iniciar producción, cada iniciativa deberá completar la asignación contractual, las consultas indígenas cuando correspondan, la exploración, la evaluación de recursos, los estudios de ingeniería, la tramitación ambiental, el financiamiento y la construcción.

En minería de salmueras, estos procesos pueden tomar varios años. También existen desafíos tecnológicos para implementar extracción directa de litio, reinyección de salmueras y sistemas que reduzcan el consumo de agua y los efectos sobre los ecosistemas altoandinos.

Menor participación implica menor influencia

Perder participación de mercado no significa necesariamente que Chile reduzca su producción en términos absolutos. El país puede aumentar sus volúmenes y, al mismo tiempo, representar una proporción menor de la oferta mundial si otros productores crecen más rápido.

Ese escenario tiene consecuencias económicas. Una menor participación reduce la influencia de Chile sobre las cadenas de suministro, limita su capacidad para atraer inversiones industriales asociadas a materiales catódicos y baterías, y disminuye las oportunidades para proveedores tecnológicos y servicios especializados.

También puede afectar los ingresos fiscales futuros. El litio generó aportes extraordinarios durante el ciclo de precios elevados de 2021 a 2023, pero el aumento de la oferta y la caída de las cotizaciones demostraron que esos ingresos no son permanentes.

El precio promedio anual del carbonato de litio grado batería en Estados Unidos cayó desde cerca de US$63.700 por tonelada en 2022 hasta aproximadamente US$9.000 en 2025. En un mercado con precios más bajos, los proyectos necesitan menores costos, rapidez de ejecución y mayor eficiencia para competir.

El desafío de combinar velocidad y control ambiental

Chile enfrenta una decisión que no consiste simplemente en flexibilizar permisos o acelerar contratos. Los salares son sistemas ambientales sensibles, relacionados con acuíferos, biodiversidad y comunidades indígenas que requieren evaluaciones rigurosas.

La dificultad está en construir un modelo que entregue protección ambiental y participación estatal sin inmovilizar durante años los proyectos técnicamente viables.

La industria observará especialmente la velocidad con que se materialicen Salares Altoandinos, Maricunga y los contratos abiertos a inversionistas privados. También será clave la capacidad de implementar tecnologías de extracción directa a escala comercial y demostrar que pueden operar con menor impacto hídrico.

Chile todavía posee reservas, infraestructura, experiencia técnica y acceso a mercados para conservar un papel relevante. Pero la ventaja geológica ya no es suficiente. Durante la próxima década, la posición del país dependerá de su capacidad para convertir contratos, estudios y anuncios en producción efectiva antes de que la nueva oferta mundial termine por consolidar a otros competidores.