
Daniel Mas quedó instalado como el nuevo rostro que conectará —en una sola conducción política— las carteras de Economía y Minería del gobierno entrante de José Antonio Kast. La señal no es menor: en minería, donde cada mes de retraso en permisos se traduce en CAPEX postergado, empleo diferido y pérdida de competitividad frente a jurisdicciones más rápidas, la idea de un “biministerio” apunta a alinear crecimiento, inversión y tramitación bajo un mismo timón. La lectura en la industria es directa: si el Ejecutivo quiere acelerar proyectos, necesita que la política económica y la política minera dejen de correr en carriles distintos. En paralelo, el movimiento ocurre con el gabinete ya presentado y con fecha de cambio de mando a la vista —11 de marzo de 2026—, lo que comprime los plazos para ordenar equipos, priorizar proyectos y enviar señales tempranas al mercado. En un ciclo donde el cobre vuelve a estar bajo el escrutinio externo, como se ha visto en el debate por aranceles y competitividad exportadora, el diseño institucional se vuelve parte del costo país.
Un biministerio: menos coordinación “por oficio” y más conducción por diseño
Que Economía y Minería converjan en una misma jefatura cambia la lógica de coordinación que, tradicionalmente, depende de comités interministeriales y de la capacidad política del día a día. En la práctica, la minería vive cruzada por decisiones que no están “solo” en Minería: permisos sectoriales, tramitación ambiental, infraestructura, energía, encadenamientos productivos, promoción de inversiones y productividad. Por eso, el argumento que suele aparecer en períodos de baja inversión es que el Estado conversa demasiado fragmentado con quienes financian, construyen y operan proyectos. En esa línea, el anuncio del gabinete de Kast sorprendió con la fórmula del biministro, ubicando a Mas al frente de ambas carteras, según la nómina difundida por Diario Financiero en la presentación del equipo ministerial. Esa convergencia ocurre además en un contexto de presión competitiva global por minerales críticos y por control de cadenas de valor, tema que REDIMIN ha venido siguiendo en clave geopolítica con análisis como el de Groenlandia y el cuello de botella del refinado de tierras raras.
Quién es Daniel Mas y por qué su perfil importa para inversión y permisos
En lo formal, Daniel Mas llega con un respaldo gremial claro: es vicepresidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), condición que la propia multigremial oficializó en su anuncio del período 2025–2026. Ese punto es relevante para minería por dos razones. Primero, porque instala en el corazón del Ejecutivo una mirada típicamente enfocada en inversión, productividad y clima de negocios, variables que pesan en decisiones de CAPEX de largo plazo. Segundo, porque el mayor cuello de botella de la industria en Chile no suele estar en la geología ni en la ingeniería, sino en la velocidad y certeza del ciclo de permisos, la judicialización y la previsibilidad regulatoria. En paralelo, el debate sobre competitividad minera vuelve a ganar temperatura cada vez que se tensan las condiciones externas del cobre, como lo mostró REDIMIN al abordar el impacto del aumento de aranceles en EE.UU. sobre el cobre chileno y, en contraste, cuando Hacienda acota incertidumbre en episodios como el de los aranceles y la confirmación de que el cobre quedó fuera del impuesto del 10%.
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El punto de inflexión no será el nombre del ministerio, sino la señal operativa: qué proyectos se destraban, qué permisos se aceleran y qué coordinación real aparece entre servicios. En minería, las expectativas se ordenan en tareas muy concretas, donde un biministerio puede ganar tiempo si actúa con foco:
Gestión de permisos y plazos críticos: mapeo de cuellos de botella por tipo de proyecto (exploración, ampliaciones, greenfields) y cronogramas públicos de tramitación.
Cartera de inversión priorizada: identificación de iniciativas con impacto en empleo regional, encadenamientos y exportaciones.
Competitividad y costos: medidas de productividad y facilitación para proveedores, especialmente en regiones mineras.
Atracción de inversión en minerales críticos: reglas claras para exploración y desarrollo, considerando el apetito por nuevos yacimientos y tecnologías.
La lógica es que, si la minería quiere convertir hallazgos en proyectos financiables, necesita velocidad institucional. En esa misma línea, REDIMIN ha mostrado cómo el interés por minerales estratégicos se activa con fuerza ante anuncios y descubrimientos, desde resultados de exploración de cobre hasta señales de interés externo por recursos críticos, como el hallazgo de litio y rubidio en Salamanca.
Oportunidades y riesgos: el equilibrio entre “acelerar” y mantener gobernanza
Para la industria, la oportunidad del biministerio es evidente: menos fricción de coordinación y una narrativa proinversión más coherente entre Economía y Minería. Sin embargo, también hay riesgos que deberán administrarse desde el diseño y los equipos. El primero es capacidad: dos carteras con agendas densas exigen subsecretarías y unidades técnicas con mandato claro para evitar cuellos internos. El segundo es gobernanza regulatoria: acelerar no puede ser sinónimo de debilitar estándares, porque el costo de un retroceso termina materializándose en judicialización, retrasos y pérdida de legitimidad social. El tercero es señal internacional: Chile compite por capital en un mapa donde Perú, Canadá, Australia y nuevas jurisdicciones de minerales críticos también ofrecen velocidad y certezas. Por eso, el foco real será cómo se traduce la decisión política en instrumentos: coordinación con Medio Ambiente y Energía, modernización de tramitación, y una agenda explícita de competitividad que le permita al cobre seguir defendiendo participación global sin hipotecar estabilidad.
Lo que hay que mirar de aquí al 11 de marzo de 2026
El mercado no esperará a la instalación para formarse una opinión. Entre hoy y el cambio de mando, las señales más relevantes serán: (1) los nombres técnicos que acompañarán a Mas en subsecretarías y jefaturas clave; (2) la primera lista de “proyectos críticos” que el gobierno entrante considere estratégicos para destrabar; (3) si se anuncia una hoja de ruta concreta en permisos con metas verificables; y (4) el tono del relacionamiento con regiones mineras y proveedores. La minería opera con planificación de años, pero el termómetro se mueve en semanas cuando hay definiciones institucionales. La apuesta del biministerio es, en el fondo, una promesa de coordinación: que la política de crecimiento no vaya por un lado y la minería —principal generadora de exportaciones— por otro. Si esa coordinación se materializa en decisiones rápidas y consistentes, Daniel Mas podría convertirse en una bisagra real entre inversión y producción; si no, el riesgo es que el diseño se lea como un cambio de organigrama sin impacto en la operación.












