La Agencia Internacional de Energía proyecta que la oferta disponible cubriría solo cerca del 75% de los requerimientos primarios de cobre hacia 2035. Argentina busca aprovechar ese escenario con una cartera de grandes yacimientos, mientras Chile enfrenta el desafío de sostener su liderazgo productivo y acelerar nuevas inversiones.
La creciente estrechez prevista para el mercado mundial del cobre está configurando un nuevo escenario para la minería sudamericana. La Agencia Internacional de Energía (AIE) calcula que, sobre la base de los proyectos actualmente anunciados, en 2035 persistiría una brecha de oferta cercana al 25% respecto de los requerimientos primarios del metal, una situación que abre espacio a nuevos productores y aumenta la presión sobre países consolidados como Chile.
El escenario entrega una oportunidad particularmente relevante para Argentina, que actualmente no cuenta con producción cuprífera de gran escala, pero concentra una cartera de proyectos capaces de modificar sustancialmente su posición minera durante la próxima década.
Para Chile, principal productor mundial de cobre de mina, el desarrollo argentino no necesariamente representa solo competencia. Parte de los nuevos proyectos ubicados en la cordillera contempla una creciente integración entre ambos países y podría utilizar infraestructura, servicios y corredores logísticos chilenos para acceder al Pacífico.
La AIE mantiene la alerta sobre la oferta de cobre
El Global Critical Minerals Outlook 2026 de la AIE concluyó que el panorama de abastecimiento del cobre mejoró respecto de la evaluación realizada un año antes, aunque continúa lejos de eliminar los riesgos de escasez.
La brecha proyectada para 2035 bajó desde aproximadamente 30% en la edición anterior hasta cerca de 25%, debido principalmente al avance de nuevos proyectos mineros en distintas regiones.
Aun así, el cobre continúa siendo uno de los minerales con mayores restricciones de oferta previstas para la próxima década.
La AIE estima además que la demanda mundial de cobre registrará un incremento de alrededor de 7 millones de toneladas hacia 2040, impulsada por la expansión de redes eléctricas, energías renovables, vehículos eléctricos, centros de datos y nuevas tecnologías intensivas en electricidad.
La presión ya comenzó a reflejarse en el mercado. Entre enero de 2025 y abril de 2026, los precios de metales básicos como cobre, aluminio y estaño aumentaron aproximadamente un tercio, mientras el cobre alcanzó niveles récord durante el período.
Argentina prepara una cartera que podría cambiar su escala minera
Argentina parte desde una posición muy diferente a la chilena. El país no produce actualmente cobre a gran escala, pero concentra algunos de los depósitos sin desarrollar más importantes de la cordillera de los Andes.
Entre las principales iniciativas aparecen Vicuña —que integra Josemaría y Filo del Sol—, Los Azules, El Pachón, Taca Taca, MARA y PSJ Cobre Mendocino, además de otros depósitos en distintas etapas de desarrollo.
Las propias proyecciones de la Secretaría de Minería argentina muestran la magnitud potencial del cambio, aunque están sujetas a que los proyectos logren concretarse.
Estimaciones gubernamentales publicadas durante 2025 plantearon que las exportaciones argentinas de cobre podrían comenzar a registrar un salto significativo desde 2029, superar los US$5.400 millones en 2030 y alcanzar más de US$12.200 millones hacia 2035.
Esas cifras no corresponden a producción asegurada. Su cumplimiento depende de que las compañías obtengan financiamiento, permisos, infraestructura eléctrica, agua, caminos y capacidad logística, además de adoptar sus respectivas decisiones finales de inversión.
Vicuña concentra una de las mayores apuestas
Uno de los proyectos que mejor refleja el cambio de escala es Vicuña, controlado en partes iguales por BHP y Lundin Mining.
La compañía presentó en febrero una evaluación económica preliminar que contempla el desarrollo integrado de Josemaría y Filo del Sol mediante distintas etapas.
El plan considera aproximadamente US$18.000 millones de inversión durante los primeros diez años, incluyendo unos US$7.000 millones hasta alcanzar el primer concentrado de cobre previsto por la compañía para 2030.
El proyecto también fue incorporado durante 2026 al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones de Argentina bajo la categoría de Proyecto de Exportación Estratégica de Largo Plazo, mecanismo que busca entregar estabilidad tributaria y regulatoria para inversiones de gran escala.
Pese al avance de distintos proyectos argentinos, transformar recursos geológicos en producción sigue siendo el principal desafío. Las grandes iniciativas cupríferas necesitan miles de millones de dólares de capital y varios años de construcción antes de convertirse en minas operativas.
Chile enfrenta el desafío de recuperar crecimiento
El avance de Argentina ocurre mientras Chile busca recuperar dinamismo después de años de dificultades para incrementar sostenidamente su producción.
Las estadísticas de Cochilco muestran que el país produjo aproximadamente 5,39 millones de toneladas de cobre de mina durante 2025, frente a 5,51 millones de toneladas en 2024, una disminución cercana al 2,1%.
Chile mantiene una enorme base productiva instalada, infraestructura minera, proveedores especializados, puertos, fundiciones y décadas de experiencia operacional. Sin embargo, enfrenta desafíos asociados al envejecimiento de algunos yacimientos, menores leyes minerales, mayores costos y los extensos plazos requeridos para desarrollar proyectos de gran minería.
En ese contexto, el déficit proyectado por la AIE aumenta la importancia de acelerar nuevas expansiones y, simultáneamente, mejorar la productividad de las operaciones existentes.
La incorporación de automatización, inteligencia artificial, sensores, análisis de datos y nuevas tecnologías de procesamiento aparece entre las alternativas utilizadas por las compañías para aumentar recuperación, disponibilidad de equipos y eficiencia operacional sin depender exclusivamente de nuevos yacimientos.
Competencia, pero también integración
El crecimiento de Argentina tampoco implica necesariamente un escenario de sustitución entre ambos países.
Chile y Argentina reactivaron durante 2026 el Tratado de Integración y Complementación Minera, firmado originalmente en 1997, con el objetivo de facilitar el desarrollo de depósitos ubicados en la zona fronteriza.
En agosto, ambos gobiernos aprobaron protocolos específicos para Vicuña, NexoAndino y Filo Sur, estableciendo condiciones para la operación de proyectos que involucran sectores de la cordillera compartida entre la provincia argentina de San Juan y la Región de Atacama.
Esta integración podría permitir que parte de la futura producción argentina utilice infraestructura chilena para acceder a los mercados internacionales a través del Pacífico, generando demanda adicional para corredores logísticos, puertos, proveedores y servicios especializados instalados en Chile.
El resultado, por lo tanto, podría combinar competencia por capital minero con oportunidades de integración productiva y logística.
Una década decisiva para el cobre sudamericano
La proyección de la AIE no garantiza que el déficit de 25% previsto para 2035 vaya a materializarse exactamente en esa magnitud. Nuevos proyectos, cambios tecnológicos, reciclaje, evolución de precios y modificaciones en la demanda pueden alterar el balance.
Lo que sí muestra el escenario es que la cartera actualmente conocida todavía no sería suficiente para responder completamente a las necesidades previstas del mercado.
Argentina dispone de recursos capaces de incorporarse a esa nueva oferta, pero deberá transformar proyectos en construcción y luego en producción. Chile, en tanto, parte con la ventaja de una industria consolidada, pero necesita elevar producción, productividad e inversión para conservar su peso dentro del mercado mundial.
Más que una amenaza inmediata para la minería chilena, el surgimiento del cobre argentino configura un nuevo mapa productivo en los Andes, precisamente cuando el mercado internacional requiere mayores volúmenes y los grandes proyectos son cada vez más costosos y demorados de desarrollar.









