
Los paneles solares en el desierto suelen asociarse a generación eléctrica y a la presión por ocupar grandes extensiones de suelo. Pero en el Mojave, un seguimiento científico en torno al proyecto Gemini (Nevada, EE.UU.) registró un efecto poco habitual: una leguminosa nativa y escasa, conocida como threecorner milkvetch (Astragalus geyeri var. triquetrus), pasó de 12 individuos detectados antes de la obra a 93 en el monitoreo posterior.
El resultado está documentado en un estudio revisado por pares en Frontiers in Ecology and Evolution y fue difundido por el Desert Research Institute (DRI), con foco en cómo el diseño y la construcción pueden cambiar el impacto ecológico de un parque solar.
Qué se midió y dónde ocurrió
La investigación se realizó en el Gemini Solar Project, un complejo fotovoltaico a escala utility que, según el artículo, abarca 20 km² e incluye 1,8 millones de paneles en el desierto de Mojave, aproximadamente 50 km al noreste de Las Vegas. La construcción se inició en 2022 y terminó en 2023.
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Los autores compararon censos de la planta antes y después de la construcción, y además contrastaron el desempeño de individuos dentro del área del proyecto versus un sitio cercano no intervenido.
En cifras, el estudio reporta:
2018 (preconstrucción): 12 plantas en 6 ubicaciones.
2024 (posconstrucción): 93 plantas en 44 ubicaciones.
Distribución dentro del parque: 86 plantas en el espacio entre paneles (interspace), 4 en la línea de goteo (dripline) y 1 bajo un panel.
Detalle completo del trabajo en el artículo científico en Frontiers in Ecology and Evolution.
No solo más plantas: también crecieron más y produjeron más
El hallazgo no se limita al recuento. En el sitio del proyecto, las plantas medidas presentaron mayores tamaños en múltiples variables (ancho de copa, altura, longitud de tallos y hojas, número de hojas y tallos), en comparación con el sitio externo.
En reproducción, el estudio es explícito: las plantas dentro del parque registraron ocho veces más flores y diez veces más frutos que las observadas fuera del área intervenida. Los autores también reportan que la supervivencia entre poblaciones no mostró diferencias significativas en ese levantamiento, mientras que la fenología fue más temprana en el sitio con paneles.
El punto crítico: el “microambiente” entre paneles y la humedad del suelo
El mecanismo que discuten los investigadores no es “más agua” por intervención directa, sino un cambio en condiciones locales: sombra parcial, menor demanda evaporativa y mayor retención de humedad tras eventos de lluvia, especialmente en los espacios entre paneles.
El mismo estudio advierte un matiz relevante para el diseño: hubo muy poca emergencia directamente bajo los paneles y también en su línea de goteo, lo que sugiere que ciertos micro-sitios pueden volverse menos favorables si ese patrón se mantiene en el tiempo o se amplifica espacialmente.
A esto se suma un componente clave para especies anuales del desierto: el banco de semillas. En pruebas de viabilidad, el trabajo reporta 100% de viabilidad para semillas de ambas poblaciones evaluadas, un dato consistente con la hipótesis de que el banco de semillas logró mantenerse funcional.
Qué hizo distinto el proyecto Gemini durante la construcción
Una parte central del caso es que Gemini se ejecutó con exigencias de minimización de disturbio en hábitat de la especie, lo que permitió evaluar resultados bajo métodos que buscan reducir impacto en suelos y vegetación.
El DRI lo sintetiza comparando el enfoque tradicional de “blade and grade” (despeje y nivelación intensiva) con prácticas orientadas a preservar suelos superficiales y semillas. Ese resumen está en la nota institucional del Desert Research Institute sobre el monitoreo en Gemini.
En términos prácticos, el estudio destaca que mantener sectores con suelos y vegetación menos alterados puede ser determinante cuando el objetivo es que el ecosistema conserve capacidad de regeneración.
Por qué importa para el despliegue solar en zonas áridas
El caso aporta evidencia directa para una discusión que crece con la expansión fotovoltaica: no se trata solo de “instalar paneles”, sino de cómo se sitúan y cómo se construyen para no destruir suelos frágiles y procesos biológicos clave.
En Chile, donde la energía solar ha escalado con fuerza y ya se discuten desafíos operacionales y de infraestructura, este tipo de evidencia se cruza con el debate sobre despliegue territorial y usos de suelo, como se aborda en la expansión de la energía solar y su peso en la capacidad instalada y en proyectos de gran escala como CEME1 y su operación en el norte.
Límites del hallazgo y qué falta por observar
El propio artículo en Frontiers delimita el alcance: es un resultado de un año de estudio (con condiciones de precipitación caracterizadas para los periodos de censo) y se enfoca en una especie con rasgos específicos de historia de vida. Por eso, lo que queda por resolver no es menor:
Si el patrón de mayor crecimiento y reproducción se mantiene en años más secos o con lluvias distintas.
Si la baja emergencia bajo paneles y en driplines se vuelve más marcada con el tiempo.
Qué ajustes de diseño (densidad, altura, orientación, manejo del suelo) preservan mejor los micro-sitios favorables.
Cómo se comportan otras especies nativas del Mojave frente a la misma configuración.
Para referencia taxonómica oficial de la especie, su perfil está disponible en la base PLANTS del USDA.












