
La importación de arena dejó un dato difícil de ignorar: Emiratos Árabes Unidos registró en 2023 compras de 6.202.790 toneladas de arenas de sílice y cuarzo, por US$ 87,9 millones, de acuerdo con las estadísticas de comercio internacional compiladas en WITS (Banco Mundial/UN Comtrade). La cifra vuelve a poner en el centro una paradoja: países rodeados de dunas igualmente recurren a arena “importada” para construcción e industria.
Por qué la arena del desierto no es la preferida para el hormigón
En ingeniería de materiales, no toda arena se comporta igual. La arena eólica típica de dunas suele ser más fina y con granos más redondeados por la erosión del viento. Para hormigón, en cambio, se busca con frecuencia una fracción de arena con geometrías más angulares y granulometría controlada, porque mejora el “encaje” entre partículas y la respuesta mecánica del material ya mezclado con cemento y agua.
Por esa razón, cuando el objetivo es construir infraestructura en gran escala, la arena apta tiende a venir de cauces, depósitos aluviales, canteras o de procesos industriales que generan áridos con forma y tamaño más controlables.
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Lo que muestran las cifras: quién vende arena a Emiratos y cuánto
El registro de 2023 en el ítem “arenas de sílice y arenas de cuarzo” (HS 250510) detalla, además, los principales orígenes:
Omán aparece como primer proveedor, con 5.517.880 toneladas.
Arabia Saudita figura como segundo origen, con 624.937 toneladas.
Ambos datos están contenidos en la misma ficha de importaciones 2023 para Emiratos en WITS, que también consigna el valor total importado.
Arabia Saudita: importador y exportador en la categoría “arenas naturales”
En paralelo, Arabia Saudita aparece con flujos en ambos sentidos en la categoría HS 2505 (“arenas naturales”): en 2023, el valor de importaciones llegó a US$ 6,45 millones y el de exportaciones alcanzó US$ 43 millones, según la serie de comercio anual por país publicada por TrendEconomy para HS 2505. En esa misma vista se observa que el componente dominante de la canasta corresponde a arenas de sílice y cuarzo (HS 250510).
La presión global detrás del negocio: 50.000 millones de toneladas al año
Más allá del Golfo, la magnitud del mercado se entiende por escala: un reporte de Naciones Unidas estima que el mundo usa 50.000 millones de toneladas de arena y grava al año, posicionándolas como el segundo recurso más utilizado después del agua. Esa dimensión y sus efectos sobre ríos, costas y ecosistemas están resumidos en un comunicado oficial del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), que también advierte sobre riesgos como erosión, salinización de acuíferos y pérdida de biodiversidad cuando la extracción se realiza en zonas sensibles.
Alternativas técnicas que ya están sobre la mesa (y ejemplos en Chile)
El enfoque para reducir presión sobre fuentes naturales ya está explicitado por UNEP: materiales reciclados, roca chancada y el uso de “ore-sand” proveniente de relaves figuran como opciones a incentivar.
En Chile, ese tipo de líneas aparece en desarrollos y marcos recientes:
Un caso reportado en minería subterránea es el uso de arena de relaves para fabricar hormigón en El Teniente, con pruebas y aplicaciones piloto descritas en esa experiencia.
En el plano normativo, la norma chilena NCh163:2024 para áridos en hormigón y mortero incorporó un marco orientado a reducir extracción de áridos naturales y promover valorización de residuos industriales.
En infraestructura, se ha descrito el impulso a pilotos para reutilizar escorias de cobre y relaves en obras viales.
En minería no metálica, hay movimientos para optimizar producción local de insumos industriales como sílice y arenas, como el proyecto de optimización de planta vinculada a cuarzo y sílice en el Maule.
En el Golfo, la demanda por materiales de construcción se cruza con megaproyectos y movimientos de tierra: un ejemplo reciente es NEOM y su ciudad lineal en Arabia Saudita.












