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El fertilizante sintético que puso a las salitreras chilenas frente a un rival mundial

Europa aprendió a fijar nitrógeno del aire mientras el negocio chileno dependía de exportar un mineral extraído en el desierto.

El fertilizante sintético que puso a las salitreras chilenas frente a un rival mundial

En 1913, una planta de BASF en Oppau, Alemania, comenzó a producir amoníaco mediante el proceso Haber-Bosch, que permitió fabricar este compuesto a escala industrial a partir de nitrógeno e hidrógeno. La innovación ofreció una alternativa al salitre natural chileno, pero no provocó por sí sola el derrumbe de las oficinas: la guerra, los cambios en los mercados y las vulnerabilidades del propio negocio también incidieron en su declive.

La diferencia entre ambos productos importa. El salitre chileno era nitrato de sodio extraído de depósitos del norte; Haber-Bosch producía amoníaco, materia prima para fabricar fertilizantes y otros compuestos nitrogenados. Con nuevas etapas químicas, ese amoníaco también podía transformarse en ácido nítrico y nitratos, sustitutos útiles tanto para la agricultura como para la industria bélica.

Haber-Bosch convirtió nitrógeno del aire en amoníaco industrial

El químico Fritz Haber desarrolló en laboratorio la síntesis de amoníaco a partir de nitrógeno e hidrógeno. Desde 1908, un equipo de BASF liderado por Carl Bosch trabajó para llevarla a escala industrial. La primera planta entró en operación en Oppau el 9 de septiembre de 1913. El paso decisivo no fue solo la reacción química: también hubo que construir equipos capaces de operar a alta presión y de manera continua.

En el proceso, el nitrógeno se separa del aire y se combina con hidrógeno. Una descripción técnica del Banco Mundial señala que los gases se comprimían hasta cerca de 250 atmósferas y se recirculaban sobre un catalizador de hierro a alta temperatura; el amoníaco se retiraba por enfriamiento y condensación. En las primeras décadas, el hidrógeno se obtenía principalmente al hacer reaccionar vapor con coque. La disponibilidad de amoníaco industrial permitió producir fertilizantes sintéticos, mientras que, durante la Primera Guerra Mundial, Alemania desarrolló instalaciones para convertirlo en ácido nítrico y nitratos.

La competencia, sin embargo, no nació de una sola tecnología ni apareció de un día para otro. Antes de que Haber-Bosch se consolidara, existían otras rutas para fijar nitrógeno, entre ellas procesos basados en arco eléctrico y cianamida. Además, el amoníaco necesitaba transformaciones adicionales para convertirse en un producto comparable al nitrato sódico chileno. El cambio fue gradual: la producción sintética amplió la oferta mundial y redujo la dependencia de los yacimientos naturales, pero su avance coincidió con trastornos comerciales y bélicos.

La guerra hizo crecer el negocio y luego expuso su fragilidad

Las exportaciones chilenas muestran por qué no basta con atribuir la crisis a la competencia sintética. La serie histórica de la Asociación de Productores de Salitre registra 2,74 millones de toneladas exportadas en 1913 y un máximo de 2,92 millones en 1918. La demanda asociada a la guerra sostuvo los envíos, aun cuando el conflicto impulsó la fabricación de nitrógeno sintético en Europa. Tras el armisticio, las exportaciones bajaron a 915.539 toneladas en 1919, y repuntaron a 2,80 millones en 1920. Al año siguiente volvieron a caer, a 1,11 millones.

Ese vaivén revela el peso de la demanda y del acceso a los mercados. El historiador Carlos Donoso Rojas, en su estudio sobre la dependencia salitrera entre 1914 y 1926 publicado en Diálogo Andino en 2014, examina cómo la guerra alteró los pedidos y las respuestas de productores y autoridades. En 1919, la interrupción de faenas de industrias sintéticas alemanas favoreció temporalmente la demanda por salitre chileno. Pero la recuperación no eliminó el problema: cuando volvieron a operar los productores sintéticos, el mineral enfrentó otra vez la presión de los sustitutos.

También pesaban factores propios del comercio salitrero. Antes de la guerra, la industria había dejado sin atender parte de la demanda de mercados asiáticos porque consideraba poco rentables las rutas por su distancia y no contaba con transporte regular; algunos compradores cubrían sus necesidades con productos sintéticos. Donoso identifica, además, falta de coordinación duradera para organizar ventas y producción. A ello se sumaron conflictos laborales que interrumpieron el transporte ferroviario y marítimo, según el historiador Edward D. Melillo. No eran causas idénticas, pero todas podían reducir los despachos o dificultar la respuesta de las oficinas.

La crisis de 1919-1922 precedió al golpe de 1929

La Gran Depresión agravó una contracción que ya venía de antes. Sergio González Miranda, Renato Calderón y Pablo Artaza sostienen en un artículo de 2016 que el período 1919-1922 marcó una crisis estructural: Chile perdió definitivamente el mercado alemán y el nitrato sintético se consolidó como competidor. Su interpretación matiza el relato que sitúa el declive salitrero únicamente en el desplome de 1929.

La depresión mundial, iniciada en 1929, fue un golpe posterior de gran magnitud. Un informe histórico del Banco Mundial registra que la producción chilena de nitratos pasó de 3,23 millones de toneladas en 1929 a 437.000 en 1933. Se trata de producción, no de exportaciones. La caída combinó la contracción de la demanda y los precios con una competencia sintética que ya había ganado terreno; el informe señala que la industria natural no recuperó sus niveles previos a la crisis durante los años siguientes.

El salitre sintético no reemplazó instantáneamente a las oficinas chilenas: la serie de exportaciones muestra años de recuperación después de 1919. Pero la química industrial cambió las condiciones del mercado justo cuando la dependencia de pocos compradores, las dificultades logísticas y la limitada coordinación comercial dejaban al sector expuesto. La Primera Guerra Mundial amortiguó temporalmente el retroceso al elevar la demanda; la pérdida de mercados de posguerra y la Gran Depresión hicieron más profunda la caída.

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¿Cuándo comenzó la producción de amoníaco mediante el proceso Haber-Bosch?

La producción de amoníaco mediante el proceso Haber-Bosch comenzó el 9 de septiembre de 1913 en una planta de BASF en Oppau, Alemania.

¿Qué impacto tuvo la Primera Guerra Mundial en la demanda de salitre chileno?

Durante la Primera Guerra Mundial, la demanda de salitre chileno se mantuvo alta debido a la necesidad de nitratos para la industria bélica, lo que sostuvo las exportaciones chilenas a pesar de la competencia del nitrógeno sintético.

¿Cómo afectó la Gran Depresión a la producción de nitratos en Chile?

La Gran Depresión agravó la contracción de la industria del salitre en Chile, reduciendo la producción de nitratos de 3,23 millones de toneladas en 1929 a 437.000 toneladas en 1933.

¿Qué factores contribuyeron al declive de la industria salitrera chilena antes de 1929?

El declive de la industria salitrera chilena antes de 1929 se debió a la pérdida del mercado alemán, la consolidación del nitrato sintético como competidor, la falta de coordinación comercial, y las dificultades logísticas y laborales.

¿Qué tecnologías competían con el proceso Haber-Bosch antes de su consolidación?

Antes de la consolidación del proceso Haber-Bosch, existían otras tecnologías para fijar nitrógeno, como los procesos basados en arco eléctrico y cianamida.