
La fiebre del oro en Tierra del Fuego reunió a mineros artesanales y compañías mecanizadas en torno a los ríos del cordón Baquedano, al norte de la isla. La explotación no dejó una cifra definitiva de producción: los registros disponibles son incompletos, pero la actividad sí modificó el poblamiento y dejó maquinaria que todavía puede reconocerse en la zona.
El punto de partida documentado fue una expedición chilena. En enero de 1879, el teniente de la Armada Ramón Serrano Montaner recorrió la isla por encargo del Gobierno y encontró indicios de oro en un curso de agua al que llamó río del Oro. Al lavar tierra con platos de lata, los expedicionarios obtuvieron pequeñas pepitas; el hallazgo impulsó nuevas búsquedas en Sierra Boquerón y sus alrededores.
La trayectoria de esa minería fue reconstruida por el historiador Mateo Martinic Beros, de la Universidad de Magallanes, en el estudio “La minería aurífera en la región austral americana (1869-1950)”, publicado en 2003 en la revista Historia. El trabajo reúne antecedentes de archivos, informes, publicaciones mineras y registros de época. Su advertencia central es también un límite: como parte del oro circulaba sin registro y varios datos empresariales eran parciales, la producción solo puede estimarse.
Río del Oro y cordón Baquedano concentraron las faenas
Los lavaderos se extendieron por los ríos y esteros de Sierra Boquerón, entre ellos los sectores de Río Verde, Río Rosario, Río Santa María y Río del Oro. En 1898, el inspector de Policía de Porvenir registró 134 faenas en la sierra, con 98 kilos de oro en la temporada y entre 200 y 300 trabajadores. El dato muestra una minería dispersa, compuesta por labores pequeñas, antes de la expansión de las compañías con maquinaria.
Entre quienes llegaron había dálmatas y otros inmigrantes de los Balcanes, además de chilotes, chilenos, británicos, alemanes, españoles e italianos. El rumano Julio Popper fue uno de los empresarios auríferos más conocidos de la región austral; su centro de operaciones, El Páramo, estaba en la costa de bahía San Sebastián, en el lado argentino de la isla. En el sector chileno, la explotación se concentró en torno a Porvenir y los lavaderos del cordón Baquedano. Tras la muerte de Popper, en 1893, siguieron operando compañías y buscadores independientes.
Porvenir, fundado en 1894, creció como pueblo de servicios ligado a la actividad minera y a la colonización ganadera. El oro atrajo trabajadores y estimuló el comercio local, aunque no explica por sí solo el crecimiento demográfico de Magallanes: Martinic también identifica la expansión de la ganadería ovina y otros emprendimientos como motores del poblamiento.
Doce dragas operaban en 1907, pero el rendimiento quedó bajo las expectativas
A comienzos del siglo XX, empresas como la Compañía Sutphen de Lavaderos de Oro de Tierra del Fuego instalaron dragas, palas a vapor y equipos hidráulicos. Llevar la maquinaria desde la costa hasta los yacimientos exigía trasladarla decenas de kilómetros hacia el interior. En 1907, un recuento documentó 12 dragas en funcionamiento y 368 trabajadores en once asientos mineros; también registró cuatro mujeres y tres niños viviendo en los campamentos.
La mecanización no garantizó los retornos esperados. Para Sierra Boquerón, el estudio calcula cerca de 973 kilos producidos por las faenas mecanizadas entre 1903 y 1907, además de una estimación para la extracción artesanal. Sumados ambos métodos, Martinic propone alrededor de seis toneladas para los yacimientos de la parte chilena de la isla entre 1881 y 1910. Es una reconstrucción, no un total certificado: el propio autor advierte que los antecedentes de producción eran incompletos y propone rangos e hipótesis para aproximarse a la cantidad extraída.
Una draga de Russfin conserva la huella material de la fiebre
La actividad no desapareció de inmediato con el declive de las empresas mecanizadas. Pirquineros croatas y chilotes mantuvieron labores artesanales en las décadas siguientes; el estudio histórico sitúa explotación de menor rendimiento hasta mediados del siglo XX. La disminución de los placeres auríferos redujo la producción y dejó atrás el auge de las dragas.
Una de esas huellas se conserva en Russfin, comuna de Timaukel: una pala mecánica de hierro fundido traída desde Inglaterra que trabajó entre 1904 y 1910. El Consejo de Monumentos Nacionales la registra como Monumento Histórico, declarada por el Decreto Supremo N.º 556 de 1976. En el cordón Baquedano, los restos de antiguas dragas y palas hidráulicas también forman parte del recorrido local conocido como Circuito del Oro.
La draga de Russfin permite dimensionar el cambio técnico que llegó a la isla, pero no resume toda su historia: durante décadas, buena parte del oro se extrajo a mano, en faenas pequeñas y con registros que no permiten fijar una producción total exacta.
REDIMIN Responde
¿Dónde se concentró la fiebre del oro en Tierra del Fuego?
La fiebre del oro en Tierra del Fuego se concentró en los ríos del cordón Baquedano, al norte de la isla, y en los lavaderos de Sierra Boquerón, incluyendo sectores como Río Verde, Río Rosario, Río Santa María y Río del Oro.
¿Cuántas faenas y cuánto oro se registraron en Sierra Boquerón en 1898?
En 1898, el inspector de Policía de Porvenir registró 134 faenas en Sierra Boquerón, con una producción de 98 kilos de oro en la temporada.
¿Qué nacionalidades participaron en la minería aurífera de Tierra del Fuego?
Participaron dálmatas y otros inmigrantes de los Balcanes, además de chilotes, chilenos, británicos, alemanes, españoles e italianos.
¿Cuántas dragas operaban en Tierra del Fuego en 1907 y cuántos trabajadores había?
En 1907, operaban 12 dragas en Tierra del Fuego, con 368 trabajadores en once asientos mineros, además de cuatro mujeres y tres niños viviendo en los campamentos.
¿Qué huella material de la fiebre del oro se conserva en Russfin?
En Russfin se conserva una pala mecánica de hierro fundido traída desde Inglaterra, que trabajó entre 1904 y 1910, y está registrada como Monumento Histórico por el Consejo de Monumentos Nacionales.












