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Glaciares en Suiza: la “manta blanca” que recorta 60% del deshielo en el Ródano y el costo oculto del método

Glaciares en Suiza se han convertido en un laboratorio de intervención climática a escala local: en verano, sectores específicos de hielo se cubren con mantas…

Glaciares en Suiza: la “manta blanca” que recorta 60% del deshielo en el Ródano y el costo oculto del método
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Glaciares en Suiza se han convertido en un laboratorio de intervención climática a escala local: en verano, sectores específicos de hielo se cubren con mantas blancas (geotextiles) para reflejar radiación solar y reducir el derretimiento. La evidencia disponible muestra que la técnica funciona en áreas puntuales, pero su impacto real queda acotado por costos, logística y cuestionamientos ambientales.

Qué son las mantas geotextiles y por qué se usan en los Alpes

La lógica es simple: cuando el hielo se oscurece (por polvo, detritos o suciedad), absorbe más energía y se derrite más rápido. La cubierta blanca eleva el albedo y actúa como barrera parcial frente a la radiación directa.

En Suiza, el uso de geotextiles lleva alrededor de dos décadas en sitios seleccionados. En una entrevista institucional de ETH Zürich, el glaciólogo Daniel Farinotti resume el alcance del método: puede evitar entre 50% y 70% del derretimiento a nivel localizado, pero no es una solución escalable para salvar glaciares completos y sus efectos secundarios siguen poco estudiados (por ejemplo, impactos ambientales y del paisaje).

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El glaciar del Ródano: una protección visible, pero limitada

El glaciar del Ródano (Rhonegletscher) es el caso más emblemático por su exposición turística y por la cobertura instalada para preservar una gruta de hielo y mantener la actividad asociada por más tiempo.

Según el Instituto Federal Suizo para Bosques, Nieve y Paisaje (WSL), en los puntos cubiertos se observa un desempeño claro: aproximadamente 60% menos derretimiento de hielo y nieve bajo las lonas respecto de zonas adyacentes sin protección.

Lo crítico es la escala: el mismo análisis indica que hoy solo una fracción mínima del total glaciar suizo está cubierta con geotextiles, precisamente porque el método se utiliza donde hay infraestructura o ingresos que justifican el gasto (turismo y pistas).

Cómo se instala y por qué requiere trabajo manual intensivo

La instalación no es una operación “industrial” automatizada. En terreno, el despliegue se concentra en ventanas climáticas específicas y exige cuadrillas especializadas.

En términos operativos, el ciclo típico considera:

  • Despliegue en primavera: traslado del material a cotas altas, desenrollado por paños y ajuste sobre el hielo.

  • Fijación: anclajes con sacos, piedras u otros pesos para resistir viento, tormentas y cambios bruscos de temperatura.

  • Retiro antes del invierno: se retira para evitar que nieve/hielo lo encapsule, lo dañe y encarezca la reposición.

Costos: por qué protege “activos” y no glaciares completos

El principal freno es económico. WSL reporta que el costo promedio para “preservar” artificialmente un metro cúbico de hielo mediante estas coberturas ha estado entre CHF 0,60 y CHF 7,90 por año, dependiendo del tipo de cubierta y su ubicación. Además, estima que cubrir todos los glaciares del país superaría CHF 1.000 millones anuales, y aun así solo desaceleraría la pérdida, no la detendría.

Ese marco explica por qué el foco práctico queda en:

  • accesos de centros de esquí,

  • infraestructura crítica para temporadas turísticas,

  • atracciones específicas (como grutas de hielo).

Críticas ambientales: el problema del plástico en un ecosistema frágil

El cuestionamiento más repetido es directo: si el material es sintético, su desgaste puede convertirse en contaminación.

Un reporte divulgativo de la Columbia Climate School recoge la crítica central: al descomponerse, el plástico puede contaminar cursos de agua y acumularse aguas abajo, con potencial daño a flora y fauna, un riesgo que sería mayor si el uso se expandiera a grandes superficies.

En la discusión pública, ese punto suele resumirse en “microplásticos”: fibras y fragmentos derivados del desgaste del material, transportados por agua de deshielo hacia ríos y valles.

El contexto duro: pérdidas aceleradas y presión sobre el agua

El despliegue de mantas ocurre mientras el retroceso glaciar se acelera. ETH Zürich indica que en 2022 y 2023 se perdió 10% del hielo glaciar de Suiza, en un periodo marcado por temperaturas estivales récord.

La misma fuente vincula el retroceso a un efecto estructural: menos reservas hídricas en el largo plazo, con impactos en riego, ecosistemas y caudales en verano.

Por qué esto importa fuera de Europa

Aunque el caso es alpino, el patrón es universal: medidas de “adaptación local” que protegen infraestructura o economías puntuales, sin cambiar la trayectoria global del deshielo.

En Chile, el debate sobre glaciares convive con exigencias productivas y estrés hídrico, y aparece explícitamente en discusiones de política pública y planificación sectorial, como en la Política Nacional de Minería 2050. En paralelo, el retroceso glaciar se entiende cada vez más como un factor que presiona sistemas aguas abajo, tema que también cruza reportes recientes sobre grandes masas de hielo, como el seguimiento al glaciar 79°N de Groenlandia y señales de riesgo en el deshielo de la Antártida.

En términos simples: las mantas blancas sirven para “comprar tiempo” en puntos muy específicos. El deshielo general, los costos y las externalidades ambientales siguen marcando el límite real de la intervención.