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IA gana terreno en redes eléctricas inteligentes ante el aumento de la demanda y la presión por integrar renovables

La inteligencia artificial se integra en las redes eléctricas inteligentes para optimizar la gestión de la demanda y mejorar la seguridad del suministro, un avance crucial para la minería en Chile.

IA gana terreno en redes eléctricas inteligentes ante el aumento de la demanda y la presión por integrar renovables
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La inteligencia artificial comienza a incorporarse en la operación de las redes eléctricas para anticipar cargas, detectar anomalías y administrar sistemas cada vez más complejos. El desafío ahora pasa por la calidad de los datos, la ciberseguridad y la confianza en decisiones automatizadas.

La inteligencia artificial está avanzando desde aplicaciones experimentales hacia funciones concretas dentro de las redes eléctricas inteligentes, en momentos en que los sistemas de transmisión y distribución enfrentan una combinación cada vez más exigente de electrificación industrial, incorporación de energías renovables, almacenamiento, generación distribuida y nuevos centros de consumo intensivo.

El cambio tiene implicancias directas para sectores electrointensivos como la minería. Una red capaz de anticipar variaciones de demanda, identificar fallas antes de una interrupción y gestionar de manera dinámica los flujos de electricidad puede mejorar la seguridad de suministro en operaciones donde una desconexión inesperada implica pérdidas productivas, riesgos operacionales y elevados costos de recuperación.

Empresas tecnológicas vinculadas a la gestión de redes, entre ellas Siemens Grid Software, Plexigrid y Reactive Technologies, están incorporando herramientas basadas en IA para procesar grandes volúmenes de información eléctrica y entregar respuestas más rápidas frente a sistemas cuya complejidad supera progresivamente las capacidades de los modelos convencionales.

Redes eléctricas con más variables y menos margen de error

La transformación del sistema energético está modificando la manera en que las redes deben ser operadas.

Durante décadas, las compañías eléctricas trabajaron principalmente con grandes centrales generadoras y flujos relativamente predecibles desde la generación hacia los consumidores. El crecimiento de la energía solar y eólica, las baterías, los vehículos eléctricos y los recursos energéticos distribuidos está creando un sistema mucho más descentralizado y variable.

A esa presión se suma el crecimiento de nuevas cargas industriales y digitales. Los centros de datos asociados a inteligencia artificial, por ejemplo, están acelerando las necesidades de expansión eléctrica en distintos mercados y aumentando la relevancia de la capacidad disponible en transmisión y distribución.

En ese escenario, la IA ofrece una ventaja particular: puede analizar simultáneamente información histórica y datos operacionales en tiempo real para reconocer patrones que serían difíciles de identificar mediante procesos manuales.

Entre sus aplicaciones se encuentran la predicción de demanda, identificación de congestiones, mantenimiento predictivo, detección de anomalías, optimización de activos y administración de recursos distribuidos.

Para una operación minera conectada a una red con alta penetración renovable, este tipo de capacidad puede adquirir especial relevancia. La continuidad operacional depende no solo de contar con energía suficiente, sino también de disponer de estabilidad de frecuencia, calidad de suministro y capacidad de respuesta ante cambios rápidos de generación o demanda.

Los datos aparecen como uno de los principales obstáculos

La incorporación masiva de inteligencia artificial en el sector eléctrico enfrenta, sin embargo, una limitación estructural: los datos disponibles no siempre poseen la calidad ni la uniformidad necesarias.

Las redes eléctricas se desarrollaron durante décadas mediante diferentes generaciones de equipos, sensores y plataformas informáticas. El resultado es una infraestructura donde conviven tecnologías digitales modernas con activos más antiguos que entregan información incompleta o utilizan estándares distintos.

Esta fragmentación dificulta construir modelos de IA capaces de interpretar de forma consistente lo que ocurre en toda una red.

Paradójicamente, la misma debilidad abre espacio para el uso de algoritmos que puedan combinar información proveniente de múltiples sistemas y estimar variables que no están directamente disponibles.

La discusión, por lo tanto, ya no se concentra únicamente en instalar sensores. También está avanzando hacia cómo transformar información dispersa en decisiones operacionales útiles.

Confianza y ciberseguridad serán factores decisivos

El sector eléctrico tiene una característica que diferencia su adopción de inteligencia artificial respecto de otras industrias: el margen para experimentar es limitado.

Una recomendación incorrecta en una plataforma digital puede generar una experiencia deficiente. Una decisión equivocada dentro de una red eléctrica crítica puede provocar interrupciones de suministro o comprometer infraestructura esencial.

Por ese motivo, la incorporación de IA está avanzando acompañada de exigencias de trazabilidad, supervisión humana y validación de modelos.

Los operadores deben conocer por qué un sistema recomienda determinada acción, especialmente cuando interviene sobre activos de transmisión, distribución o generación.

También aumenta la importancia de la ciberseguridad. Digitalizar una red genera más información y capacidad de control, pero también amplía la superficie potencial de ataque.

La industria enfrenta así un equilibrio complejo: aprovechar algoritmos capaces de acelerar decisiones sin convertir la automatización en una nueva fuente de riesgo.

Qué puede significar para la minería

La evolución de las redes inteligentes tiene una conexión directa con el proceso de electrificación de la minería.

Faenas que buscan reducir el consumo de combustibles fósiles están incorporando progresivamente equipos eléctricos, sistemas de almacenamiento y contratos vinculados a generación renovable. La sustitución de diésel en transporte y procesos puede incrementar de manera significativa la dependencia del sistema eléctrico.

Esto significa que el desafío no será solamente generar más electricidad renovable. También será necesario transportar, distribuir y administrar esa energía de forma más flexible.

La inteligencia artificial puede aportar herramientas para coordinar consumos intensivos, almacenamiento y generación renovable, reduciendo peaks de demanda o desplazando determinadas cargas hacia periodos con mayor disponibilidad energética.

En faenas con plantas de procesamiento, sistemas de bombeo, desalación, correas transportadoras y futuros equipos móviles electrificados, la capacidad de gestionar cargas puede transformarse en una variable económica relevante.

Una operación que ajuste parcialmente sus consumos utilizando información de precios, disponibilidad de generación y restricciones de red podría disminuir costos y reducir presiones sobre la infraestructura eléctrica.

La infraestructura seguirá siendo indispensable

La digitalización, sin embargo, no reemplaza la inversión física.

Los algoritmos pueden mejorar el uso de una línea de transmisión o detectar anticipadamente una condición de riesgo, pero no pueden sustituir indefinidamente la construcción de nuevas redes cuando la demanda supera la capacidad disponible.

Esta distinción será especialmente relevante durante los próximos años. El crecimiento de renovables, centros de datos, industrias electrificadas y nuevos proyectos mineros está aumentando simultáneamente los requerimientos sobre la infraestructura eléctrica.

La IA puede ayudar a utilizar mejor los activos existentes mientras se desarrollan nuevas obras, pero su principal valor estaría en permitir que sistemas cada vez más complejos sean operados con mayor visibilidad y capacidad predictiva.

Para la minería, la evolución tecnológica de las redes se suma así a una discusión más amplia sobre seguridad energética. Una industria que avanza hacia mayores niveles de electrificación dependerá crecientemente de sistemas capaces de anticipar fallas, integrar generación variable y administrar cargas críticas prácticamente en tiempo real.

La disponibilidad de energía seguirá siendo fundamental, pero la inteligencia con que esa energía sea gestionada comenzará a pesar cada vez más en la competitividad de las operaciones industriales.