La International Federation of Robotics contabilizó unas 7.000 unidades vendidas en 2025 para usos industriales y servicios profesionales. Buena parte terminó en investigación, entrenamiento de inteligencia artificial y programas piloto, mientras las fábricas siguen dependiendo de cientos de miles de robots convencionales.
La industria mundial vendió aproximadamente 7.000 robots humanoides durante 2025 para aplicaciones industriales y de servicios profesionales, una cifra que confirma el rápido surgimiento de esta categoría tecnológica pero que todavía representa una escala reducida frente al mercado establecido de automatización. Como referencia, en 2024 se instalaron alrededor de 542.000 robots industriales convencionales y se comercializaron más de 199.000 robots profesionales de servicio, de acuerdo con datos de la International Federation of Robotics (IFR).
La comparación también muestra una diferencia más profunda que el número de unidades. Una proporción relevante de los humanoides vendidos durante 2025 no fue adquirida para sustituir directamente tareas humanas dentro de líneas de producción, sino por universidades, centros de investigación y compañías que necesitan generar datos para entrenar sistemas de inteligencia artificial. Los fabricantes automotrices que experimentan con estos equipos continúan, en general, trabajando con cantidades de uno o dos dígitos por instalación.
La IFR incorporó por primera vez estadísticas específicas de humanoides a su seguimiento global de robótica, reflejando el creciente interés industrial e inversor por máquinas diseñadas para desenvolverse en entornos creados originalmente para personas.
Un mercado diminuto frente a la automatización instalada
La distancia respecto de la robótica convencional sigue siendo considerable.
Las 542.000 instalaciones de robots industriales registradas en 2024 fueron más del doble que una década antes y marcaron el cuarto año consecutivo con más de medio millón de unidades nuevas. Al cierre de ese año existían aproximadamente 4,66 millones de robots industriales operando en fábricas alrededor del mundo.
Frente a esa base, las 7.000 ventas de humanoides de 2025 equivalen a poco más de 1% del volumen anual reciente de robots industriales convencionales.
La diferencia es también cualitativa. La automatización industrial tradicional utiliza equipos especializados para soldadura, manipulación de materiales, pintura, montaje, embalaje o mecanizado. Esas máquinas suelen operar dentro de áreas delimitadas y repiten tareas definidas con elevada velocidad y precisión.
El objetivo de los humanoides es distinto: conseguir que una plataforma más general pueda realizar múltiples trabajos dentro de instalaciones diseñadas para trabajadores humanos, utilizando herramientas, pasillos y estaciones que ya existen.
Ese potencial explica el interés económico, pero también aumenta la complejidad tecnológica.
El principal cuello de botella está en la inteligencia
El hardware ha avanzado rápidamente. Los modelos actuales pueden caminar, levantar objetos, mantener el equilibrio, manipular herramientas y ejecutar secuencias de movimientos que hace pocos años eran difíciles de conseguir fuera de laboratorios especializados.
El problema más complejo está en conseguir que esas capacidades funcionen de forma autónoma, repetitiva y segura durante jornadas completas en entornos reales.
Una fábrica introduce constantemente variaciones: piezas colocadas en posiciones diferentes, trabajadores que cruzan el espacio, objetos nuevos, pequeños errores de montaje o cambios en las instrucciones. Un robot generalista debe interpretar esas condiciones y responder correctamente sin que un programador tenga que especificar previamente cada situación.
Por eso, una parte de los robots humanoides vendidos actualmente está siendo utilizada para recopilar datos. Personas operan o supervisan las máquinas mientras estas registran movimientos, imágenes, fuerzas y secuencias de acciones. Esa información sirve posteriormente para entrenar modelos de inteligencia artificial capaces de relacionar instrucciones con acciones físicas.
La comercialización actual funciona así, en parte, como una etapa de construcción del propio conjunto de datos que podría hacer posible una automatización más avanzada en el futuro.
Automotrices prueban humanoides, pero en cantidades reducidas
La industria automotriz se ha convertido en uno de los principales campos de experimentación.
Las fábricas de vehículos reúnen varias condiciones favorables: procesos repetitivos, instalaciones relativamente estructuradas, grandes volúmenes de producción y una larga experiencia con automatización.
Sin embargo, la presencia de humanoides sigue concentrada en programas piloto de pequeña escala. Los despliegues habituales involucran unas pocas unidades por fábrica y buscan determinar si los robots pueden realizar tareas como trasladar componentes, manipular contenedores o alimentar estaciones de producción.
Esto contrasta con los robots industriales tradicionales, que pueden estar presentes por cientos o miles dentro de una sola planta automotriz.
La diferencia importa al interpretar anuncios de fabricantes. Un acuerdo para probar robots en una fábrica no equivale a una decisión de automatizar masivamente esa instalación, y la demostración exitosa de una tarea tampoco garantiza que pueda realizarse durante miles de horas con la fiabilidad necesaria para una operación comercial.
Los robots de servicio también mantienen una ventaja amplia
La comparación tampoco favorece todavía a los humanoides fuera de la manufactura.
La IFR registró más de 199.000 robots profesionales de servicio vendidos durante 2024, con un crecimiento interanual de 9%. Este mercado incluye máquinas diseñadas para logística, limpieza, agricultura, inspección, transporte y otras funciones profesionales.
Muchos de esos sistemas no tienen forma humana porque no la necesitan.
Un robot móvil que transporta mercancías dentro de un almacén puede resultar más barato y eficiente utilizando ruedas. Una máquina de limpieza puede diseñarse directamente alrededor de esa tarea. Un brazo industrial puede manipular cargas sin requerir piernas, cabeza o torso.
La ventaja potencial de un humanoide aparece precisamente cuando modificar todo el entorno para adaptarlo a robots especializados sería demasiado costoso. Escaleras, puertas, herramientas manuales, estanterías y puestos de trabajo ya están dimensionados para cuerpos humanos.
China concentra una parte creciente de la apuesta
El desarrollo de humanoides está atrayendo importantes inversiones, particularmente en China, donde fabricantes de robots, empresas de inteligencia artificial y compañías automotrices buscan combinar mejoras de hardware con modelos de IA para control físico.
El país ya ocupa una posición dominante en la robótica industrial convencional. En 2024 instaló alrededor de 295.000 robots industriales, equivalentes al 54% del total mundial de nuevas instalaciones.
Esa infraestructura manufacturera proporciona una base para probar nuevas plataformas y reducir costos mediante producción a mayor escala.
Pero el creciente flujo de capital hacia humanoides tampoco constituye por sí solo evidencia de demanda final consolidada. La adopción dependerá de si las máquinas consiguen ejecutar tareas económicamente útiles con suficiente autonomía, disponibilidad y seguridad para competir con trabajadores humanos o robots especializados.
Una tecnología en fase de aprendizaje
Los primeros datos globales de la IFR permiten establecer una referencia que hasta ahora faltaba.
Las 7.000 unidades vendidas en 2025 muestran que los humanoides ya han comenzado a salir de los laboratorios, pero también que siguen lejos de una implantación comparable con la robótica industrial convencional.
Una parte importante de esas máquinas está ayudando a investigadores y empresas a aprender cómo construir la siguiente generación: recogen datos, entrenan modelos y permiten descubrir fallas que aparecen únicamente al trabajar en entornos reales.
Por ahora, el sector se encuentra principalmente en una fase de investigación, recopilación de datos, entrenamiento y pilotos industriales. El salto hacia una sustitución significativa de tareas humanas dependerá menos de demostraciones puntuales y más de si los fabricantes consiguen convertir esas capacidades en operaciones repetibles, seguras y económicamente competitivas a gran escala.









