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Kinross abre Lobo-Marte a proveedores: proyecto de US$1.800 millones proyecta 2.800 empleos en construcción

Kinross presentó su proyecto Lobo-Marte en Atacama, que requiere una inversión de US$1.800 millones y promete generar 2.800 empleos durante su construcción, impulsando la economía local.

Kinross abre Lobo-Marte a proveedores: proyecto de US$1.800 millones proyecta 2.800 empleos en construcción
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La minera presentó en Atacama los avances de su futura operación aurífera, que contempla una vida inicial cercana a 15 años, producción promedio de unas 350.000 onzas de oro anuales y una fuerte participación esperada de proveedores y trabajadores locales.

Kinross puso el proyecto Lobo-Marte frente a la cadena de suministro minera con una señal concreta para Atacama: la futura operación requerirá una inversión inicial estimada en US$1.800 millones, podría generar hasta 2.800 puestos de trabajo durante el peak de construcción y alrededor de 1.000 empleos en su etapa operacional, además de demanda indirecta para empresas de servicios, suministros e infraestructura.

La iniciativa, emplazada en el cinturón de Maricunga, en la Región de Atacama, fue presentada ante representantes de empresas proveedoras como parte de la estrategia con que la compañía busca preparar anticipadamente su modelo de ejecución y abastecimiento. Lobo-Marte considera los depósitos Lobo y Marte y está diseñado como una operación minera a rajo abierto con procesamiento mediante chancado y lixiviación en pilas.

El proyecto se encuentra actualmente en evaluación ambiental y su entrada en producción apunta a comienzos de la próxima década. Para Kinross, su desarrollo permitiría prolongar por varios años su presencia productiva en Chile, apoyándose también en infraestructura ya existente vinculada a La Coipa.

Una operación aurífera de escala mayor en Atacama

Las dimensiones productivas de Lobo-Marte lo posicionan entre los proyectos auríferos de mayor escala actualmente en desarrollo en Chile.

El plan minero considera una vida operacional inicial de aproximadamente 15 años, con una producción total estimada cercana a 4,6 millones de onzas de oro. Durante régimen estable, la producción promedio se ubicaría en torno a 350.000 onzas anuales.

La base de reservas probadas y probables alcanza aproximadamente 6,7 millones de onzas de oro, contenidas en cerca de 160,7 millones de toneladas con una ley promedio de 1,30 gramos por tonelada. A ellas se agregan recursos indicados y recursos inferidos que abren espacio para eventuales ampliaciones futuras del plan minero.

La operación considera dos rajos abiertos que serían explotados secuencialmente mediante equipos convencionales de carguío y transporte. En su punto de máxima actividad, el movimiento minero podría alcanzar 50 millones de toneladas anuales.

El mineral será procesado mediante un circuito de chancado de tres etapas con capacidad aproximada de 35.000 toneladas por día, seguido de lixiviación en pilas. El diseño incorpora además instalaciones ADR para recuperación de oro y una planta SART para recuperar cobre desde las soluciones del proceso.

La recuperación metalúrgica promedio prevista alcanza cerca de 69% para el oro, mientras que la relación estéril-mineral se sitúa en torno a 2:1.

US$1.800 millones y una nueva demanda para proveedores

Uno de los aspectos centrales para la industria proveedora es la magnitud del gasto de capital previsto.

Kinross actualizó durante 2026 la evaluación económica del proyecto y elevó a aproximadamente US$1.800 millones la inversión inicial estimada, incorporando inflación y ajustes en la estrategia de ejecución.

Del total proyectado, cerca de US$490 millones corresponden a instalaciones de proceso; otros US$410 millones están asociados al desarrollo del sitio e infraestructura; unos US$145 millones se relacionan con equipos mineros; y aproximadamente US$70 millones corresponden a instalaciones de lixiviación. El presupuesto considera además costos indirectos y una contingencia estimada en US$290 millones.

Ese volumen de inversión abre un espacio relevante para empresas vinculadas a ingeniería, montaje, movimiento de tierra, mantenimiento, transporte, energía, automatización, seguridad, campamentos, servicios ambientales y suministro de equipos.

La presentación del proyecto ante proveedores responde precisamente a esa etapa preparatoria. El foco está puesto en cómo se estructurará la cadena de abastecimiento y en la capacidad de incorporar al ecosistema industrial de Atacama dentro de una operación con horizonte superior a una década.

Empleo local entra al centro de la ejecución

El impacto laboral es otro de los componentes relevantes del proyecto.

Las estimaciones actuales consideran aproximadamente 2.800 empleos durante el máximo de la construcción y unos 1.000 puestos directos durante la fase operacional, sin contabilizar la actividad indirecta que podría generarse entre contratistas y proveedores.

Para Atacama, esta dimensión adquiere especial relevancia por la posibilidad de encadenar la inversión con formación de capital humano, contratación regional y desarrollo de empresas locales.

Kinross mantiene además una estructura de compras ampliamente concentrada en Chile. Actualmente, el 99% de su abastecimiento se realiza dentro del país y cerca de la mitad corresponde a proveedores de la Región de Atacama, una base que podría facilitar la incorporación de empresas regionales a Lobo-Marte.

En la reciente exposición ante proveedores también se abordaron materias relacionadas con desarrollo territorial, participación empresarial, empleo y relacionamiento con las comunidades cercanas al proyecto.

Infraestructura conectada con La Coipa

Uno de los elementos que diferencia a Lobo-Marte es su integración potencial con activos ya desarrollados por Kinross en Atacama.

El proyecto contempla una carretera de acceso de aproximadamente 75 kilómetros, una línea eléctrica de unos 60 kilómetros y una tubería cercana a 40 kilómetros que conectaría Lobo-Marte con el sistema de pozos actualmente utilizado para abastecer de agua a La Coipa.

La relación entre ambos activos tiene consecuencias directas sobre la planificación operacional. La disponibilidad de infraestructura existente permite reducir duplicaciones, pero obliga también a coordinar el calendario de desarrollo con la evolución de La Coipa y sus eventuales extensiones de vida útil.

En materia energética, el diseño considera abastecimiento eléctrico proveniente de fuentes renovables conectadas a la red, palas eléctricas, generación solar y almacenamiento mediante baterías para el campamento y sistemas de frenado regenerativo en correas transportadoras.

Estas soluciones buscan contener costos operacionales y reducir emisiones en una operación ubicada en condiciones de alta montaña.

El permiso ambiental será decisivo

Aunque el proyecto exhibe una escala productiva y económica significativa, su calendario continúa condicionado por la tramitación ambiental.

El Estudio de Impacto Ambiental fue admitido a evaluación durante el segundo trimestre de 2026 y el proyecto sigue actualmente dentro del proceso regulatorio chileno. El área considerada se localiza en las comunas de Copiapó y Tierra Amarilla, en la Región de Atacama.

La evaluación ambiental aparece como la ruta crítica para definir el inicio de construcción y posterior puesta en marcha. En paralelo, Kinross continúa avanzando en ingeniería de detalle, planificación de ejecución y preparación de adquisiciones.

El objetivo corporativo es alcanzar la primera producción de oro a comienzos de la década de 2030.

Una señal para la continuidad de la minería aurífera chilena

Más allá del desempeño individual del proyecto, Lobo-Marte representa una pieza relevante para la continuidad de la minería del oro en Atacama.

Su escala permitiría mantener una plataforma productiva de largo plazo para Kinross en Chile, generando continuidad para trabajadores, contratistas y proveedores vinculados a sus operaciones regionales.

El desafío será convertir esa inversión proyectada en encadenamientos productivos efectivos. La incorporación temprana de proveedores regionales, la formación de trabajadores y la coordinación entre infraestructura nueva y existente determinarán cuánto del impacto económico permanecerá en Atacama.

Con US$1.800 millones de inversión inicial, una producción promedio cercana a 350.000 onzas anuales y una vida inicial estimada en 15 años, Lobo-Marte comienza a entrar en una etapa en que la discusión ya no se concentra únicamente en su geología. La atención de la industria pasa ahora por permisos, ingeniería, contratación y capacidad de las empresas proveedoras para posicionarse antes de que comience la fase de construcción.