
El proyecto aurífero de la Región de Atacama avanza en ingeniería de detalle y evaluación ambiental. Su diseño contempla una producción promedio cercana a 350.000 onzas anuales y la creación de hasta 2.800 empleos durante la construcción.
Kinross Gold actualizó las estimaciones técnicas y económicas del proyecto Lobo-Marte, ubicado en el cinturón de Maricunga, y elevó a aproximadamente US$1.800 millones la inversión inicial necesaria para desarrollar la futura operación aurífera. La iniciativa avanza actualmente en ingeniería de detalle, planificación de ejecución y tramitación ambiental, con el objetivo de alcanzar su primera producción de oro a comienzos de la década de 2030.
La actualización incorpora el efecto de la inflación sobre el estudio de factibilidad elaborado en 2021, además de cambios en la estrategia de construcción y ejecución. Kinross espera financiar el proyecto mediante sus propios flujos operacionales, distribuyendo el desembolso inicial durante un periodo aproximado de tres años.
El desarrollo considera la explotación secuencial de los depósitos Lobo y Marte mediante dos rajos abiertos. Durante su etapa de operación estable, la compañía proyecta una producción promedio cercana a 350.000 onzas de oro por año, con una vida útil inicial de 15 años y una producción acumulada estimada en 4,63 millones de onzas.
De concretarse en los términos actualmente evaluados, Lobo-Marte podría convertirse en uno de los principales proyectos auríferos nuevos de Chile y extender la presencia productiva de Kinross en la Región de Atacama hasta entrada la década de 2040.
Una inversión concentrada en planta e infraestructura
La estimación de capital inicial contempla US$145 millones para equipos y desarrollo minero, US$410 millones para infraestructura y habilitación del sitio, y US$490 millones para las instalaciones de procesamiento.
A estos montos se suman US$70 millones destinados al sistema de lixiviación en pilas, US$395 millones en costos indirectos y otros componentes, además de una contingencia de US$290 millones.
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Componente |
Inversión estimada |
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Minería y equipos |
US$145 millones |
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Infraestructura y desarrollo del sitio |
US$410 millones |
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Instalaciones de procesamiento |
US$490 millones |
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Lixiviación en pilas |
US$70 millones |
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Costos indirectos y otros |
US$395 millones |
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Contingencia |
US$290 millones |
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Capital inicial total |
US$1.800 millones |
El proyecto contempla además una ruta de acceso de 75 kilómetros, una línea eléctrica de 60 kilómetros y una tubería de aproximadamente 40 kilómetros. Esta última conectaría Lobo-Marte con el campo de pozos que actualmente abastece a la operación La Coipa, también controlada por Kinross.
La compañía continuará revisando la inversión a medida que avance la ingeniería de detalle. Por ello, la cifra de US$1.800 millones corresponde a una estimación actualizada de alto nivel y todavía podría experimentar ajustes antes de una decisión definitiva de construcción.
Producción, reservas y costos operacionales
El plan minero inicial está respaldado por 160,7 millones de toneladas de reservas probadas y probables, con una ley promedio de 1,30 gramos de oro por tonelada y un contenido estimado de 6,73 millones de onzas.
Lobo-Marte también cuenta con 120,8 millones de toneladas de recursos indicados, que contienen aproximadamente 2,75 millones de onzas, y 32,9 millones de toneladas de recursos inferidos, equivalentes a otras 670.000 onzas.
Estos recursos no forman parte completa del plan inicial de explotación y representan una oportunidad para convertir material adicional en reservas, extender la vida útil y aumentar la producción futura. La mineralización permanece abierta en distintas áreas y existen sectores ubicados fuera de los actuales límites económicos de los rajos.
El proyecto procesaría cerca de 161 millones de toneladas de mineral durante su vida útil inicial. Su diseño contempla una capacidad de trituración de 35.000 toneladas diarias y una tasa máxima de movimiento minero de 50 millones de toneladas por año.
El mineral será tratado mediante trituración en tres etapas y lixiviación en pilas, con una recuperación promedio de oro estimada en 69%. La operación incorporará además una planta ADR para recuperar el metal desde las soluciones y una unidad SART destinada a retirar cobre del circuito de procesamiento.
La relación estéril-mineral se ubicaría en 2:1, mientras que el costo promedio de extracción fue calculado en US$3,25 por tonelada minada. El costo de procesamiento alcanzaría aproximadamente US$12,30 por tonelada tratada.
Kinross estima un costo total sostenible cercano a US$1.000 por onza, nivel que entregaría márgenes relevantes frente a los precios del oro utilizados en la evaluación económica. Bajo un escenario de US$4.100 por onza, el proyecto presenta un valor presente neto de US$4.300 millones, una tasa interna de retorno de 26% y un periodo de recuperación de la inversión de 2,3 años.
Sin embargo, estos indicadores dependen directamente del precio de largo plazo del oro, de la resolución ambiental, de los costos definitivos de construcción y del calendario real de puesta en marcha.
Permisos marcan la ruta crítica
La tramitación ambiental constituye actualmente el principal factor que condiciona el cronograma de Lobo-Marte. El Estudio de Impacto Ambiental ingresó al Servicio de Evaluación Ambiental y fue admitido a evaluación durante el segundo trimestre de 2026.
Mientras se desarrolla la revisión regulatoria, Kinross continuará con la ingeniería, la estrategia de compras y la planificación de ejecución. La empresa fijó como horizonte preliminar el inicio de producción durante los primeros años de la década de 2030, sujeto a la obtención de permisos y a una decisión interna de inversión.
El diseño incorpora suministro eléctrico desde la red con fuentes renovables, palas eléctricas, generación solar y almacenamiento mediante baterías para el campamento. También considera sistemas de frenado regenerativo en los transportadores de mineral.
Los equipos proyectados buscan reducir el consumo de combustibles y las emisiones operacionales, aunque la evaluación ambiental deberá abordar con detalle materias vinculadas con recursos hídricos, fauna altoandina, polvo, caminos, infraestructura eléctrica y ocupación territorial.
El emplazamiento se encuentra aproximadamente a 160 kilómetros al este de Copiapó y a una altitud cercana a 4.200 metros sobre el nivel del mar, condiciones que agregan exigencias logísticas, climáticas y de construcción propias de la minería de alta cordillera.
Empleo y continuidad del distrito aurífero de Atacama
Lobo-Marte podría generar alrededor de 2.800 puestos de trabajo durante el máximo de la etapa de construcción y cerca de 1.000 empleos durante su operación, además de ocupaciones indirectas asociadas a transporte, mantenimiento, ingeniería, servicios industriales y suministro de insumos.
La iniciativa también abre oportunidades para contratistas y proveedores de Atacama, especialmente en preparación de terreno, montaje electromecánico, infraestructura vial, energía, campamentos, movimiento de materiales y servicios especializados.
Para Kinross, el proyecto forma parte de una estrategia de continuidad territorial que incluye la extensión de vida útil de La Coipa y el futuro aprovechamiento de su cartera minera en Maricunga. La disponibilidad de infraestructura y experiencia operacional en la región podría reducir riesgos de ejecución frente a un desarrollo completamente aislado.
El avance de Lobo-Marte será observado además como una señal para la cartera de grandes inversiones auríferas en Chile. Aunque el país mantiene una posición dominante en cobre, su producción de oro depende en buena medida de operaciones asociadas a distritos cupríferos y de un grupo acotado de minas primarias.
La materialización del proyecto permitiría incorporar una producción anual de escala relevante, fortalecer la actividad minera de Atacama y sostener una cadena de contratación y abastecimiento durante varias décadas. Antes de llegar a esa etapa, deberá superar la evaluación ambiental, completar su ingeniería y demostrar que sus costos, medidas de mitigación y soluciones hídricas mantienen viabilidad bajo condiciones reales de construcción.












