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La expansión de la IA está impulsando la fabricación de semiconductores, servidores, robots y vehículos inteligentes, mientras China acelera su integración en sectores tradicionales para elevar la productividad.
La inteligencia artificial comenzó a ocupar un lugar central en la estrategia industrial de China. El país asiático ya no concentra sus esfuerzos únicamente en desarrollar modelos de lenguaje o aplicaciones digitales, sino que está incorporando esta tecnología en fábricas, centros logísticos, automóviles, equipos médicos y cadenas de suministro.
Durante 2025, el número de empresas chinas vinculadas a la inteligencia artificial superó las 6.000, mientras el valor de esta industria sobrepasó los 1,2 billones de yuanes, equivalentes a unos US$172.000 millones.
El crecimiento está generando actividad en numerosos sectores relacionados. La demanda por centros de datos y sistemas automatizados requiere más semiconductores, equipos de procesamiento, redes eléctricas, almacenamiento energético, sistemas de refrigeración y minerales utilizados en infraestructura tecnológica.
La IA comienza a transformar la producción industrial
Uno de los cambios más visibles ocurre en las plantas manufactureras. Empresas automotrices, electrónicas, químicas y metalúrgicas están utilizando sistemas de inteligencia artificial para controlar procesos, detectar fallas, reducir pérdidas y anticipar necesidades de mantenimiento.
En una fábrica automatizada, las cámaras y sensores pueden identificar defectos en una pieza antes de que avance a la siguiente etapa de producción. Los algoritmos también permiten ajustar el consumo eléctrico, organizar inventarios y modificar el ritmo de las máquinas según la demanda.
Esta integración busca enfrentar uno de los principales desafíos de la economía china: mantener el crecimiento industrial en un escenario marcado por el envejecimiento de la población, una demanda interna todavía débil y una fuerte competencia internacional.
La automatización también está cambiando el trabajo dentro de las plantas. Algunas labores repetitivas comienzan a ser ejecutadas por robots, mientras aumenta la necesidad de técnicos, programadores, especialistas en mantenimiento, operadores de sistemas y profesionales capaces de analizar datos industriales.
Semiconductores, servidores y robots ganan protagonismo
La expansión de la inteligencia artificial necesita una infraestructura física considerable. Los modelos avanzados requieren procesadores, memorias, sistemas de almacenamiento, conexiones de alta velocidad y grandes instalaciones capaces de operar de manera continua.
Esta demanda está favoreciendo a los fabricantes chinos de componentes electrónicos y equipos informáticos. Durante el primer semestre de 2026, el comercio de componentes electrónicos y hardware computacional alcanzó cerca de 5,1 billones de yuanes, impulsado por la demanda internacional de tecnología relacionada con la IA.
Los robots industriales también forman parte de este proceso. China busca ampliar su producción y utilización en fábricas, bodegas, comercios y servicios. A los equipos tradicionales utilizados para soldar, ensamblar o trasladar materiales se están sumando máquinas con mayor autonomía, capaces de reconocer objetos y adaptarse a distintos entornos.
Los robots humanoides aparecen como una de las nuevas apuestas. Varias compañías automotrices y tecnológicas trabajan en modelos que podrían realizar tareas dentro de fábricas, centros comerciales y espacios de atención al público. Sin embargo, su uso masivo todavía depende de reducir costos y demostrar que pueden operar de manera segura y estable.
La estrategia “IA Plus” amplía su alcance
El programa “IA Plus” busca incorporar inteligencia artificial en actividades productivas y servicios de uso cotidiano. Su alcance incluye manufactura, transporte, salud, finanzas, educación, comercio y administración pública.
La meta es que la penetración de terminales inteligentes de nueva generación y agentes de inteligencia artificial supere el 70% en 2027 y alcance más del 90% hacia 2030.
Los agentes de IA son sistemas capaces de ejecutar tareas con cierto grado de autonomía. Pueden organizar procesos administrativos, revisar documentos, atender consultas, gestionar pedidos o controlar operaciones, siempre bajo parámetros definidos.
La estrategia también pretende ampliar el mercado interno para estas tecnologías. China cuenta con una extensa base manufacturera que permite probar soluciones a gran escala y reducir sus costos antes de exportarlas.
Este modelo podría acelerar la competencia internacional en áreas como robots industriales, vehículos autónomos, equipos para centros de datos, sistemas de reconocimiento visual y plataformas de automatización empresarial.
El crecimiento también enfrenta límites
El avance de la inteligencia artificial no elimina los problemas estructurales de la economía china. El menor dinamismo inmobiliario, las dificultades financieras de algunas administraciones locales y la cautela de los consumidores continúan presionando la actividad.
A esto se suman las restricciones internacionales para acceder a determinados semiconductores avanzados. Estados Unidos mantiene controles sobre la exportación de procesadores y equipos utilizados para fabricar chips, lo que ha llevado a China a aumentar la inversión en proveedores locales.
La expansión de los centros de datos también plantea desafíos energéticos. Entrenar y operar modelos de inteligencia artificial requiere grandes cantidades de electricidad y sistemas permanentes de refrigeración. El crecimiento de esta infraestructura obliga a ampliar redes, generación eléctrica y capacidad de almacenamiento.
Otro punto sensible será el empleo. La automatización puede elevar la productividad, pero también reemplazar ciertas funciones administrativas y operativas. La velocidad del cambio dependerá de la capacidad para capacitar trabajadores y crear nuevos cargos vinculados a la tecnología.
Por qué este avance importa para Chile
La transformación industrial china tiene efectos potenciales para Chile debido a su relevancia como destino de las exportaciones nacionales y principal comprador de cobre.
Los centros de datos, redes eléctricas, vehículos inteligentes y sistemas de generación renovable necesitan cobre para cables, transformadores, motores y conexiones. El crecimiento de estas instalaciones podría sostener una demanda estructural por el metal, aunque no garantiza aumentos inmediatos de precios.
El desarrollo de baterías, sistemas de respaldo y vehículos eléctricos también mantiene al litio dentro de esta cadena tecnológica. Chile puede beneficiarse de una mayor demanda, pero enfrenta el desafío de avanzar desde la exportación de materias primas hacia productos, servicios y soluciones con mayor valor agregado.
Para las empresas chilenas, la expansión china abre oportunidades para incorporar equipos automatizados en minería, energía, logística y manufactura. Al mismo tiempo, aumenta la presión competitiva sobre proveedores locales que deberán adaptarse a tecnologías más económicas y procesos cada vez más digitalizados.












