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La tecnológica eliminó cerca de 8.000 empleos, trasladó a otros 7.000 trabajadores a áreas de inteligencia artificial y proyecta inversiones de hasta US$145.000 millones durante 2026.
Meta ejecutó una de las reestructuraciones laborales más agresivas de la industria tecnológica bajo la premisa de que la inteligencia artificial permitiría operar con equipos más pequeños y acelerar el desarrollo de nuevos productos. Sin embargo, pocas semanas después del inicio de los despidos, Mark Zuckerberg reconoció internamente que los agentes de IA no avanzaron al ritmo previsto por la dirección de la compañía.
La reorganización contempló la salida de alrededor de 8.000 trabajadores, equivalentes a cerca del 10% de la plantilla global, además de la eliminación de aproximadamente 6.000 vacantes que todavía no habían sido cubiertas. Otros 7.000 empleados fueron reasignados a equipos vinculados directamente con inteligencia artificial.
El movimiento afectó, por tanto, a una parte considerable de la estructura de Meta, empresa matriz de Facebook, Instagram, WhatsApp y Threads. La apuesta buscaba reducir costos operativos, eliminar niveles administrativos y liberar recursos para financiar centros de datos, procesadores y sistemas necesarios para entrenar y ejecutar modelos avanzados.
La aceleración tecnológica no ocurrió como estaba previsto
Durante una reunión interna realizada a comienzos de julio, Zuckerberg reconoció que el desarrollo de agentes de inteligencia artificial durante los cuatro meses anteriores no se había acelerado de la manera esperada.
Estos agentes son programas diseñados para ejecutar tareas de forma más autónoma que los asistentes tradicionales. Pueden planificar acciones, utilizar herramientas digitales, analizar información y completar procesos con una intervención humana limitada.
Meta esperaba que esta tecnología comenzara a asumir una proporción creciente del trabajo desarrollado dentro de la empresa, especialmente en programación, publicidad, atención a usuarios y gestión de productos. También proyectaba que sus trabajadores utilizaran agentes como apoyo permanente para aumentar su productividad.
La dirección calculó que esos avances permitirían transformar rápidamente la forma de trabajar. El problema es que los sistemas todavía presentan dificultades para completar tareas extensas, mantener precisión durante procesos complejos y operar sin supervisión constante.
Zuckerberg señaló que la compañía espera observar mejoras más visibles durante los próximos tres a seis meses. La estrategia, por ahora, no ha sido revertida y Meta continuará destinando recursos a sus equipos de inteligencia artificial.
Hasta US$145.000 millones en infraestructura durante 2026
El tamaño de la apuesta queda reflejado en el presupuesto de inversión. Meta proyecta gastos de capital de entre US$125.000 millones y US$145.000 millones durante 2026, por encima del rango previsto anteriormente.
Los recursos se concentrarán principalmente en centros de datos, servidores, procesadores especializados, almacenamiento, redes eléctricas y otros componentes necesarios para sostener el desarrollo de modelos de IA.
La empresa también trabaja en procesadores propios para reducir parcialmente su dependencia de proveedores externos. Uno de sus objetivos es duplicar su capacidad computacional y alcanzar cerca de 14 gigavatios durante 2027, una escala que exige grandes inversiones en energía e infraestructura física.
El gasto no significa que Meta haya desembolsado ya US$145.000 millones. Se trata del límite superior de su proyección anual, sujeto a la ejecución de proyectos, disponibilidad de componentes y evolución de los costos.
La compañía explicó en sus resultados financieros que el aumento responde principalmente al encarecimiento de componentes y a mayores necesidades de capacidad para los próximos años.
Los despidos llegaron antes que los resultados
La secuencia expone uno de los principales riesgos de la actual carrera tecnológica: las empresas están tomando decisiones laborales inmediatas sobre beneficios que todavía no pueden medir con certeza.
Meta redujo puestos, canceló contrataciones y reorganizó equipos antes de comprobar si los agentes podrían alcanzar rápidamente el nivel de autonomía proyectado. La productividad esperada no se materializó dentro del plazo considerado por la administración, aunque la empresa sostiene que podría aparecer durante los próximos meses.
Esto no significa que la inteligencia artificial haya dejado de ser útil dentro de Meta. La compañía ya utiliza algoritmos para recomendar contenido, moderar publicaciones, personalizar publicidad y optimizar sus plataformas. La dificultad está en convertir los nuevos modelos generativos en trabajadores digitales capaces de reemplazar procesos completos de manera estable.
Esa diferencia es relevante para el mercado laboral. Una herramienta puede ayudar a un empleado a redactar código, resumir documentos o analizar información, pero eso no implica necesariamente que pueda asumir todas sus funciones sin errores, coordinación humana o conocimiento institucional.
La incertidumbre alcanza a toda la industria tecnológica
El caso de Meta refleja un problema que afecta a buena parte del sector: ninguna empresa puede anticipar con precisión qué capacidades tendrá su próximo modelo ni cuánto demorará en alcanzar un rendimiento comercial confiable.
El desarrollo de inteligencia artificial no avanza de forma lineal. Un aumento en potencia computacional puede mejorar determinadas funciones, pero no garantiza progresos equivalentes en razonamiento, autonomía o confiabilidad.
Las compañías tecnológicas están destinando cifras récord a infraestructura sin contar todavía con estimaciones definitivas sobre los ingresos que generarán esos activos. También enfrentan mayores precios en procesadores, memoria, sistemas de almacenamiento y suministro eléctrico.
Para justificar estas inversiones, deberán convertir la tecnología en servicios que consumidores y empresas estén dispuestos a pagar, o utilizarla para reducir costos sin deteriorar la calidad de sus productos.
La presión es especialmente fuerte para Meta, cuyo negocio continúa dependiendo principalmente de la publicidad digital. La empresa necesita que sus inversiones en IA mejoren la recomendación de contenido, la producción de anuncios y la interacción dentro de sus plataformas, mientras busca desarrollar nuevas fuentes de ingresos.
Qué implica para trabajadores y empresas en Chile
Aunque la reestructuración ocurrió fuera de Chile, el caso entrega una señal para las compañías locales que están evaluando automatizaciones y reducciones de personal.
La incorporación de inteligencia artificial puede generar mejoras de productividad, pero sus resultados dependen de la calidad de los datos, la supervisión, la capacitación y la forma en que se integran las herramientas a los procesos existentes.
Reemplazar trabajadores antes de comprobar el funcionamiento de la tecnología puede provocar pérdida de conocimiento interno, retrasos operativos y mayores costos de corrección. También puede obligar a contratar nuevamente perfiles especializados si la automatización no alcanza el nivel esperado.
Para los trabajadores, el escenario apunta a una transformación de funciones más que a una sustitución inmediata y generalizada. Las empresas están reasignando personas hacia áreas técnicas, análisis de datos, supervisión de sistemas y desarrollo de productos vinculados con IA, al mismo tiempo que eliminan cargos considerados menos estratégicos.
El episodio de Meta deja una advertencia concreta: la capacidad potencial de la inteligencia artificial no siempre coincide con su rendimiento actual. Mientras las inversiones y los despidos ya tienen efectos reales, los beneficios económicos prometidos todavía dependen de avances tecnológicos que ni siquiera las mayores empresas del sector pueden pronosticar con precisión.












