
Estados Unidos y la Unión Europea están reforzando financiamiento, permisos, compras coordinadas y acuerdos internacionales para asegurar minerales clave para defensa, energía, baterías, semiconductores y electrificación.
La competencia por minerales críticos entró en una nueva etapa. Estados Unidos y Europa están acelerando sus estrategias para reducir la dependencia de China en procesamiento, refinación y suministro de insumos estratégicos, en un contexto donde la seguridad de abastecimiento ya no se analiza solo como un problema industrial, sino también como un asunto de defensa, tecnología y política comercial.
El movimiento apunta a minerales como litio, cobre, cobalto, níquel, grafito, tierras raras, galio, germanio y tungsteno, todos relevantes para cadenas de valor asociadas a vehículos eléctricos, baterías, redes eléctricas, energías renovables, semiconductores, equipos militares y manufactura avanzada.
La presión sobre las cadenas de suministro
La Agencia Internacional de Energía advirtió en su Global Critical Minerals Outlook 2025 que la demanda de minerales para energía siguió creciendo en 2024. El litio aumentó cerca de 30%, mientras que níquel, cobalto, grafito y tierras raras crecieron entre 6% y 8%, impulsados por vehículos eléctricos, almacenamiento, renovables y redes.
El problema no está solo en la minería. La mayor vulnerabilidad se concentra en refinación y procesamiento. Según la IEA, la participación promedio de los tres principales países refinadores de minerales energéticos clave subió de alrededor de 82% en 2020 a 86% en 2024. En ese mismo periodo, cerca de 90% del crecimiento de suministro refinado provino de un solo proveedor dominante: Indonesia en níquel y China en cobalto, grafito y tierras raras.
Ese nivel de concentración explica por qué Washington y Bruselas están tratando de mover el eje desde una política de libre abastecimiento global hacia una estrategia de seguridad de suministro, con más intervención pública, financiamiento, permisos acelerados y alianzas con países productores.
Estados Unidos apunta a minería, procesamiento y defensa
En marzo de 2025, la Casa Blanca emitió la orden ejecutiva Immediate Measures to Increase American Mineral Production, que instruyó a agencias federales a identificar proyectos prioritarios de producción mineral y acelerar permisos. La definición usada por Washington incluye minería, procesamiento, refinación, fundición y producción de derivados.
Un mes después, el gobierno estadounidense abrió una investigación bajo la Sección 232 sobre importaciones de minerales críticos procesados y productos derivados. En la orden Ensuring National Security and Economic Resilience Through Section 232 Actions, la administración sostuvo que los minerales críticos procesados son insumos esenciales para defensa, energía, telecomunicaciones, transporte y manufactura avanzada.
La estrategia también incluye recursos públicos. El Departamento de Energía anunció en agosto de 2025 su intención de lanzar convocatorias por casi US$1.000 millones para escalar tecnologías de minería, procesamiento y manufactura en cadenas de minerales críticos. El paquete considera áreas como refinación de tierras raras, galio, germanio, tecnologías de extracción directa de litio, procesamiento de materiales para baterías y recuperación desde residuos industriales.
Europa fija metas al 2030 y activa compras coordinadas
La Unión Europea está avanzando por una vía regulatoria e industrial. La European Critical Raw Materials Act establece metas hacia 2030: cubrir al menos 10% de sus necesidades anuales mediante extracción dentro del bloque, 40% mediante procesamiento interno y 25% a través de reciclaje.
El reglamento también fija un límite estratégico: no más de 65% de la demanda anual europea de cada materia prima estratégica, en cualquier etapa relevante de procesamiento, debería provenir de un solo tercer país.
En abril de 2026, la UE puso en marcha una plataforma de compras de minerales críticos dentro de la estrategia REsourceEU, orientada a conectar compradores y proveedores de tierras raras, materiales para baterías y materias primas de defensa. Según Reuters, la primera fase está enfocada en materiales disponibles de forma inmediata o próxima, con resultados previstos para septiembre.
La lógica europea es clara: reducir la exposición a interrupciones, mejorar el poder de negociación de la industria y acelerar proyectos dentro y fuera del bloque, especialmente en materiales donde China mantiene una posición dominante.
Cobalto, cobre y África entran al mapa estratégico
La presión occidental también se está moviendo hacia acuerdos con países productores. Esta semana, Entreprise Générale du Cobalt, EVelution Energy y Trafigura anunciaron un memorando de entendimiento para crear una cadena de suministro de hidróxido de cobalto desde la República Democrática del Congo hacia Estados Unidos.
De acuerdo con Reuters, el acuerdo busca respaldar la capacidad de EVelution Energy para cubrir hasta cerca de 40% de la demanda proyectada de cobalto de Estados Unidos, mediante procesamiento en Arizona para producir sulfato de cobalto grado batería o metal de cobalto para sectores aeroespacial, defensa y vehículos eléctricos.
[Imagen: A raw ruby and zoisite mineral specimen] https://www.redimin.cl/wp-content/uploads/2026/05/xiepowse8dk-1024x683.jpg
El antecedente es relevante porque muestra que la estrategia estadounidense no se limita a abrir minas domésticas. También busca asegurar derechos de compra, procesamiento local y acuerdos con jurisdicciones productoras de cobre y cobalto, especialmente en África.
Qué significa para Chile y América Latina
Para Chile, el giro de Estados Unidos y Europa abre una ventana estratégica, pero también eleva las exigencias. El país ya es un actor central en cobre y litio, dos minerales directamente vinculados a electrificación, almacenamiento energético, redes y electromovilidad. Sin embargo, la competencia internacional se está desplazando desde la simple disponibilidad de recursos hacia cadenas más completas: permisos, trazabilidad, procesamiento, estándares ambientales, infraestructura, agua, energía y capacidad de cerrar contratos de largo plazo.
En cobre, la oportunidad está asociada a la demanda estructural por redes eléctricas, transmisión, centros de datos, inteligencia artificial, electromovilidad y renovables. En litio, el escenario es más exigente: la demanda de baterías sigue creciendo, pero los precios han caído desde los máximos de 2021-2022, lo que obliga a mirar costos, eficiencia, tecnología de extracción y velocidad regulatoria con mayor disciplina.
La IEA señaló que los precios del litio cayeron más de 80% desde 2023, luego de haber subido ocho veces durante 2021 y 2022. Ese ajuste muestra que la seguridad de suministro no necesariamente se traduce en precios altos permanentes, sino en mayor presión para que los proyectos sean competitivos, financiables y capaces de cumplir estándares ambientales y comerciales.
Datos clave
Minerales bajo presión: litio, cobre, níquel, cobalto, grafito, tierras raras, galio, germanio y tungsteno.
Estados Unidos: aceleración de permisos, revisión de importaciones bajo Sección 232 y casi US$1.000 millones anunciados por el DOE para cadenas de minerales críticos.
Unión Europea: metas 2030 de 10% de extracción, 40% de procesamiento y 25% de reciclaje dentro del bloque.
Límite europeo: no más de 65% de dependencia de un solo tercer país por materia prima estratégica.
Mercado: la demanda de litio creció cerca de 30% en 2024, según la IEA.
Riesgo principal: concentración en refinación y procesamiento, más que solo disponibilidad geológica.
Qué observará la industria
La disputa por minerales críticos seguirá marcada por tres factores: velocidad de permisos, financiamiento para procesamiento y capacidad de los países productores de capturar más valor en la cadena. Para Chile, la pregunta de fondo no es solo cuánto cobre o litio puede producir, sino qué tan rápido puede convertir esa base geológica en proyectos autorizados, trazables, competitivos y conectados con las nuevas cadenas industriales de Estados Unidos, Europa y Asia.
En ese escenario, los países que combinen recursos, estabilidad regulatoria, infraestructura y capacidad de procesamiento estarán mejor posicionados para capturar inversión. La dependencia occidental de China no se resolverá solo con nuevos discursos estratégicos: requerirá minas, plantas, contratos, permisos y capital desplegado a escala.






