Buenos Aires — Manuel Adorni presentó el sábado su renuncia como jefe de Gabinete del presidente Javier Milei, sumido en un escándalo patrimonial que generó creciente presión tanto dentro del oficialismo como en la oposición y la sociedad civil. En una carta publicada en sus redes sociales, Adorni explicó que su decisión busca proteger a su familia de los “interminables ataques mediáticos”.
En el comunicado, expresó: “Gracias por esta vez sí haber aceptado mi renuncia” y defendió su integridad al señalar que las acusaciones relacionadas con su patrimonio eran “mentiras de lo más variadas”. Adorni negó rotundamente cualquier acto de corrupción y remarcó que el acoso hacia su figura tenía límites, que él ya había identificado.
La renuncia, ahora confirmada, fue considerada casi inminente en un contexto de críticas que no solo provenían de la oposición, sino también de figuras del oficialismo. En días previos, el propio Javier Milei había afirmado que actuaría en función de los resultados de la Justicia: “Si la Justicia lo considera culpable, lo eyecto de una patada”, dijo Milei. Sin embargo, la renuncia llegó antes de cualquier pronunciamiento judicial, lo que añade un matiz de imprevisibilidad a la situación política del gobierno de Milei.
La salida de Adorni no es solo un hecho aislado, sino parte de un patrón preocupante. Su renuncia se convierte en la cuarta del gabinete en menos de tres años de gobierno, algo sin precedentes desde la creación del cargo de jefe de Gabinete en 1995. Esta rotación reflejaría no sólo crisis personales, sino también una inestabilidad institucional significativa en el nuevo gobierno.
A medida que surgen las interrogantes acerca de su sucesor, el actual ministro del Interior, Diego Santilli, ha sido mencionado entre los preferidos para asumir el cargo. Sin embargo, el actual canciller Pablo Quirno ha desmentido rumores sobre una posible designación inminente.
Escándalos que precipitaron su salida
La renuncia de Adorni se da en un marco de escándalos relacionados con sus gastos personales y el origen de su patrimonio. Durante su ciclo en el gabinete, la atención pública se centró en sus extensos gastos, que comenzaron a ser cuestionados severamente. En particular, se revisaron sus declaraciones de impuestos, que mostraron inconsistencias significativas.
Por ejemplo, su viaje junto a su esposa, Bettina Angeletti, a Nueva York a bordo del avión presidencial en marzo, despertó controversias. Además, se conoció que Adorni había viajado en avión privado a Punta del Este, incurriendo en gastos que rondaron los US$9,000, supuestamente pagados por un amigo de la Televisión Pública.
La situación se volvió aún más grave cuando salieron a la luz otros gastos, como la adquisición de un departamento de casi 200 m² en Caballito por US$230,000 y una casa en el country Indio Cuá por US$120,000. La Justicia está también investigando gastos adicionales que podrían elevar la cifra total de las remodelaciones de estas propiedades.
Otros gastos que causaron controversia incluyeron compras extravagantes, como sommiers y sábanas por más de ARS$8 millones (aproximadamente US$5,500) y un consumo notable en tecnología gaming, como un monitor especial y proyectores, a través de una tarjeta de crédito no personal. Estos últimos gastos generaron un descontento significativo, dado que su salario era de ARS$3.5 millones.
Frente a este panorama, Adorni se retiró asegurando que había logrado construir su patrimonio antes de ingresar al gobierno y reafirmó su apoyo a Milei, quien, según él, sigue siendo la “única esperanza para la Argentina”.
La situación de Manuel Adorni abre un cuestionamiento mayor sobre la transparencia y la gestión pública en el gobierno de Javier Milei, en un contexto donde la confianza ciudadana se tambalea. La renuncia y su relación con los escándalos patrimoniales revelan desafíos constantes que el gabinete deberá enfrentar en su gestión.









