Industria Minera

Transición energética acelera reciclaje de cobre, litio, níquel y cobalto como nueva fuente de oferta

La transición energética impulsa el reciclaje de metales como cobre, litio y níquel, transformando residuos tecnológicos en una fuente clave para satisfacer la creciente demanda mundial.

Transición energética acelera reciclaje de cobre, litio, níquel y cobalto como nueva fuente de oferta
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El aumento de vehículos eléctricos, sistemas de almacenamiento y redes eléctricas está convirtiendo los residuos tecnológicos en una fuente cada vez más relevante de minerales. Hacia 2050, el material recuperado podría cubrir entre 20% y 30% de la demanda de litio, níquel y cobalto bajo condiciones favorables de recolección.

La transición energética está comenzando a modificar no solo cuánto cobre, litio, níquel y cobalto necesita la economía mundial, sino también de dónde provendrán esos metales. Junto con la expansión de nuevas minas, una segunda fuente de suministro gana escala: baterías usadas, chatarra industrial, equipos eléctricos y residuos generados durante la fabricación de tecnologías limpias.

El fenómeno todavía presenta diferencias importantes entre minerales. El cobre cuenta con una industria de recuperación desarrollada durante décadas, mientras que el reciclaje de litio y otros materiales de baterías se encuentra en una etapa mucho más temprana. Sin embargo, el rápido crecimiento del parque de vehículos eléctricos está creando las condiciones para que millones de baterías lleguen al final de su vida útil durante la próxima década.

Las proyecciones internacionales muestran la magnitud del cambio. Cerca de 1,2 millones de baterías de vehículos eléctricos podrían alcanzar el final de su vida útil en 2030 y alrededor de 14 millones en 2040. Ese volumen transformará progresivamente un flujo de residuos en una reserva secundaria de minerales que podrá reincorporarse a las cadenas industriales.

De residuo tecnológico a nueva fuente de minerales

La economía circular de los minerales críticos funciona bajo una lógica distinta a la minería convencional. En lugar de extraer mineral desde un yacimiento, el proceso recupera materiales contenidos en productos que ya fueron utilizados o en residuos industriales.

En las baterías de ion-litio, las operaciones pueden recuperar litio, níquel, cobalto y cobre mediante distintas combinaciones de procesamiento mecánico, hidrometalurgia y pirometalurgia. Parte del material recuperado puede volver posteriormente a cadenas de fabricación de baterías, reduciendo la necesidad de utilizar exclusivamente materias primas vírgenes.

Actualmente, una proporción relevante del material disponible para reciclaje de baterías todavía corresponde a residuos generados durante la fabricación, más que a baterías retiradas de automóviles.

Esa situación cambiará.

Durante la década de 2030 comenzará a crecer con fuerza el volumen de baterías provenientes de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento que alcanzarán el final de su vida útil. Desde 2035, las baterías retiradas podrían convertirse en la principal fuente disponible para reciclaje, desplazando progresivamente a los residuos industriales de fabricación.

Hacia 2050, las baterías de vehículos eléctricos y almacenamiento fuera de servicio podrían representar más del 90% del material disponible para reciclaje dentro de esta cadena.

El cobre parte con ventaja

Entre los minerales vinculados a la transición energética, el cobre presenta una posición particular. Su reciclaje posee una larga trayectoria industrial y el metal puede recuperarse repetidamente manteniendo sus propiedades fundamentales.

Además, el volumen involucrado es considerable.

La demanda mundial de cobre podría pasar desde aproximadamente 26,7 millones de toneladas en 2024 a más de 34 millones de toneladas en 2040 bajo las políticas actualmente previstas. En ese mismo escenario, la oferta secundaria y reutilización podría aumentar desde cerca de 4,4 millones a 8,7 millones de toneladas.

Eso convertiría al reciclaje en un componente todavía más relevante del balance mundial del metal rojo.

Para países productores como Chile, el avance de esta oferta secundaria no significa el reemplazo de la minería primaria. El crecimiento de redes eléctricas, energías renovables, centros de datos, infraestructura y electrificación industrial mantiene elevada la necesidad de nueva producción.

El efecto más probable será la formación de un mercado donde minería primaria y recuperación secundaria operen cada vez más como fuentes complementarias de suministro.

Litio, níquel y cobalto entran en una nueva etapa

La situación es diferente para los minerales utilizados principalmente en baterías.

La demanda mundial de litio mantiene una trayectoria particularmente intensa. Bajo las políticas vigentes, podría aumentar desde unas 205.000 toneladas en 2024 hasta aproximadamente 928.000 toneladas en 2040. La oferta secundaria y reutilización, todavía reducida, podría pasar desde unas 7.000 toneladas a alrededor de 82.000 toneladas durante ese período.

En níquel, la demanda total podría crecer desde aproximadamente 3,37 millones de toneladas en 2024 hasta 5,69 millones en 2040, mientras la oferta secundaria y reutilización podría acercarse a 295.000 toneladas.

El potencial aumenta considerablemente después de 2040, cuando una mayor cantidad de baterías llegue al final de su vida útil.

Bajo condiciones adecuadas de recolección y procesamiento, el reciclaje de baterías podría satisfacer entre 20% y 30% de la demanda mundial de litio, níquel y cobalto hacia 2050. Con tasas de recuperación particularmente altas, esa participación podría incluso superar ese rango.

China concentra también la capacidad de reciclaje

El desarrollo de esta nueva industria reproduce, por ahora, una característica conocida de las cadenas de minerales críticos: la concentración geográfica.

China domina actualmente gran parte de la infraestructura mundial asociada al reciclaje de baterías. El país concentra más de tres cuartas partes de la capacidad global de pretratamiento y cerca del 90% de la capacidad de recuperación de materiales.

La concentración introduce una dimensión estratégica adicional.

El reciclaje no solamente tiene implicancias ambientales. También comienza a formar parte de las políticas de seguridad de suministro, especialmente en economías que dependen fuertemente de minerales importados.

Estados Unidos, Europa y distintas economías asiáticas están impulsando instalaciones de recuperación, sistemas de trazabilidad y nuevas regulaciones destinadas a mantener los minerales dentro de sus propias cadenas productivas.

Europa obliga a incorporar materiales recuperados

La regulación europea de baterías constituye uno de los ejemplos más claros de esta transformación.

Desde agosto de 2031, determinadas baterías industriales, de vehículos eléctricos y de arranque deberán incorporar porcentajes mínimos de materiales recuperados. Las exigencias establecidas consideran 16% de cobalto reciclado, 6% de litio y 6% de níquel.

Los porcentajes aumentarán en 2036 hasta 26% para el cobalto, 12% para el litio y 15% para el níquel.

La normativa también establece metas de recuperación de materiales. Para fines de 2031, los procesos deberán alcanzar al menos 95% de recuperación para cobre, cobalto y níquel y 80% para litio.

Estas obligaciones generan un mercado regulado para materias primas secundarias y entregan una señal directa a fabricantes de baterías, empresas automotrices, recicladores y proveedores de tecnología.

Menos presión sobre nuevos proyectos, pero no menos minería

El crecimiento del reciclaje tendrá consecuencias para la planificación minera de largo plazo.

Una expansión significativa de la recuperación de minerales podría reducir entre 5% y 30% la necesidad de nueva actividad minera hacia 2040, dependiendo del mineral y del escenario considerado.

Hacia 2050, el efecto podría ser todavía mayor. Bajo las políticas actualmente previstas, una mayor circularidad podría reducir la necesidad de desarrollar nueva producción minera en aproximadamente 35% para cobre y cobalto, más de 20% para litio y alrededor de 15% para níquel.

Esto no significa que el mundo dejará de necesitar nuevas minas.

La demanda continúa aumentando con suficiente velocidad como para requerir simultáneamente producción primaria, expansión de operaciones existentes, nuevos proyectos y recuperación de materiales. En cobre, particularmente, la cartera mundial de proyectos continúa enfrentando dificultades para acompañar el crecimiento previsto del consumo durante la próxima década.

El reciclaje aparece así como una capa adicional de oferta, no como sustituto completo de la extracción.

Una nueva competencia dentro del mercado de minerales

Para la industria minera, la economía circular abre además una discusión estratégica. Los productores tradicionales ya no competirán únicamente con otras minas por costos, calidad y acceso a mercado. En algunos segmentos también comenzarán a coexistir con operadores capaces de recuperar metales desde inventarios acumulados sobre la superficie.

La llamada “minería urbana” podría adquirir especial relevancia en regiones con grandes parques automotores eléctricos y elevados volúmenes de equipos electrónicos.

Pero existen restricciones. La disponibilidad de material usado, los sistemas de recolección, el transporte seguro de baterías, las diferencias químicas entre tecnologías y la rentabilidad de los procesos determinarán cuánto metal podrá recuperarse realmente.

El avance de baterías de litio-ferrofosfato, por ejemplo, modifica la economía del reciclaje porque reduce la presencia de metales de alto valor como níquel y cobalto.

La transición energética está creando así una paradoja para el sector: el mismo crecimiento que aumenta la demanda por minerales está generando la futura materia prima para una industria capaz de recuperarlos.

Durante los próximos años, la minería primaria continuará siendo indispensable para abastecer la electrificación global. Pero a medida que las primeras grandes generaciones de vehículos eléctricos, baterías estacionarias y equipos renovables lleguen al final de su vida útil, cobre, litio, níquel y cobalto comenzarán a circular varias veces dentro de la economía.

Para países mineros como Chile, el cambio abre una discusión que va más allá de extraer recursos. La próxima cadena de valor de los minerales críticos incluirá producción, refinación, fabricación, recuperación y reutilización. Quien controle esos circuitos tendrá acceso no solo a residuos, sino a una nueva fuente estratégica de oferta mineral.

REDIMIN Responde

¿Qué porcentaje de la demanda de litio, níquel y cobalto podría cubrir el material recuperado hacia 2050?

Hacia 2050, el material recuperado podría cubrir entre 20% y 30% de la demanda de litio, níquel y cobalto bajo condiciones favorables de recolección.

¿Cuántas baterías de vehículos eléctricos podrían alcanzar el final de su vida útil en 2030 y 2040?

Cerca de 1,2 millones de baterías de vehículos eléctricos podrían alcanzar el final de su vida útil en 2030 y alrededor de 14 millones en 2040.

¿Cómo se espera que cambie la fuente principal de material para reciclaje de baterías durante la década de 2030?

Durante la década de 2030, se espera que el volumen de baterías provenientes de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento que alcanzarán el final de su vida útil crezca significativamente, convirtiéndose en la principal fuente disponible para reciclaje desde 2035, desplazando progresivamente a los residuos industriales de fabricación.

¿Cuál es la proyección de demanda mundial de cobre y su oferta secundaria para 2040?

La demanda mundial de cobre podría pasar desde aproximadamente 26,7 millones de toneladas en 2024 a más de 34 millones de toneladas en 2040. En el mismo escenario, la oferta secundaria y reutilización podría aumentar desde cerca de 4,4 millones a 8,7 millones de toneladas.

¿Qué porcentaje de la capacidad global de reciclaje de baterías concentra China?

China concentra más de tres cuartas partes de la capacidad global de pretratamiento y cerca del 90% de la capacidad de recuperación de materiales asociados al reciclaje de baterías.