
La Cámara Argentina de Empresas Mineras prevé una fuerte aceleración de los desembolsos desde 2027, impulsada principalmente por grandes proyectos de cobre. La cifra de US$50.000 millones incluye iniciativas ya presentadas al RIGI y otras que todavía podrían incorporarse.
La minería argentina podría sostener inversiones cercanas a US$7.000 millones anuales durante tres o cuatro años una vez que varios de los grandes proyectos actualmente en desarrollo entren en construcción, de acuerdo con las proyecciones de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM).
El presidente de la entidad, Roberto Cacciola, estimó que durante 2026 la inversión del sector alcanzaría alrededor de US$2.500 millones, para aumentar hasta cerca de US$4.000 millones en 2027. A partir de entonces, el ingreso a construcción de proyectos de mayor escala podría llevar los desembolsos hacia los US$7.000 millones anuales.
La proyección coincide con una expansión del número y tamaño de las iniciativas que buscan incorporarse al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). CAEM calcula que los proyectos mineros ya presentados al mecanismo suman alrededor de US$40.000 millones, mientras que otros US$10.000 millones podrían incorporarse posteriormente.
La diferencia es relevante: los cerca de US$50.000 millones no representan inversiones ya ejecutadas ni completamente aprobadas. Se trata de un pipeline potencial compuesto por proyectos en distintas etapas de tramitación, evaluación, financiamiento y desarrollo.
El salto de inversión esperado desde 2027
Las últimas proyecciones de CAEM muestran que el crecimiento previsto no sería inmediato.
Para 2026, la entidad espera inversiones por unos US$2.500 millones. En 2027, la cifra se aproximaría a US$4.000 millones y posteriormente podría instalarse durante tres o cuatro ejercicios en torno a US$7.000 millones anuales.
La estimación depende principalmente del avance de grandes proyectos de cobre, varios de los cuales requieren todavía completar ingeniería, permisos, financiamiento o decisiones finales de inversión antes de iniciar su construcción.
En agosto, CAEM había calculado que existían 17 proyectos mineros presentados al RIGI por aproximadamente US$39.000 millones. De ese total, 12 habían sido aprobados, involucrando unos US$21.000 millones, mientras cinco permanecían en evaluación.
Las cifras confirman que la cartera minera argentina está creciendo, pero también muestran la distancia entre la presentación de un proyecto y la ejecución efectiva de su capital.
El cobre concentra las mayores apuestas
Una parte importante del próximo ciclo de inversiones está vinculada a yacimientos de cobre de gran escala ubicados principalmente en las provincias cordilleranas.
Uno de los proyectos de mayor tamaño es Vicuña, que integra los depósitos Josemaría y Filo del Sol en San Juan. Su plan contempla una inversión inicial cercana a US$7.000 millones y un desembolso acumulado estimado en aproximadamente US$18.000 millones durante su desarrollo por etapas.
El proyecto recibió durante 2026 la aprobación para incorporarse al RIGI.
También en San Juan se encuentra Los Azules, controlado por McEwen Copper. Su adhesión al régimen comprende inversiones por US$2.672 millones. La compañía apunta a adoptar una decisión final de inversión durante 2027 y alcanzar producción comercial en 2030, aunque ambas etapas permanecen sujetas a financiamiento, permisos y ejecución del proyecto.
Glencore, por su parte, presentó al régimen sus proyectos El Pachón y Agua Rica, con desembolsos previstos de US$9.500 millones y US$4.000 millones, respectivamente. En conjunto, las iniciativas representan una inversión proyectada de US$13.500 millones durante la próxima década.
A esta cartera se suma Taca Taca, de First Quantum Minerals, en Salta. Una actualización técnica publicada en febrero de 2026 elevó el capital de desarrollo estimado del proyecto hasta US$5.250 millones, considerando tanto su capacidad inicial como una posterior expansión.
Qué ofrece el RIGI
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones fue creado mediante la Ley 27.742 y está orientado a iniciativas de gran escala en actividades como minería, energía, infraestructura y tecnología.
El sistema establece un umbral general de inversión computable de US$200 millones, aunque permite exigencias superiores dependiendo del sector, y contempla estabilidad tributaria, aduanera, cambiaria y regulatoria durante 30 años.
Para determinados vehículos de proyecto adheridos también establece una tasa de Impuesto a las Ganancias de 25%, además de beneficios fiscales y mecanismos especiales relacionados con importaciones, exportaciones y acceso al mercado cambiario.
El Gobierno argentino prorrogó durante 2026 el plazo disponible para incorporarse al régimen, ampliando la ventana para que nuevos proyectos soliciten su adhesión.
Para la industria minera, estas condiciones han pasado a formar parte del esquema financiero bajo el cual se están estructurando varios de los mayores desarrollos previstos para la próxima década.
Las exportaciones ya alcanzan niveles récord
La expansión proyectada ocurre mientras las exportaciones mineras argentinas registran máximos históricos.
Entre enero y agosto de 2026, el sector exportó US$6.059 millones FOB, un incremento de 65,7% frente al mismo período del año anterior. La minería explicó el 9,2% de las exportaciones totales del país durante esos ocho meses.
Sin embargo, el actual desempeño exportador todavía no está impulsado por los grandes proyectos de cobre que integran el nuevo ciclo de inversiones.
El oro concentró US$3.623 millones, equivalentes al 60% de las exportaciones mineras del período. El litio alcanzó US$1.467 millones, con un crecimiento interanual de 190,5%, mientras que la plata aportó US$726 millones.
Por lo tanto, el eventual ingreso de nuevos proyectos cupríferos podría modificar de manera significativa la composición de las exportaciones mineras argentinas durante la próxima década.
De la cartera de proyectos a la construcción
La principal incógnita para los próximos años será cuántos de los proyectos incluidos en el pipeline lograrán efectivamente llegar a construcción.
Las estimaciones de inversión dependen de decisiones finales de las compañías, disponibilidad de financiamiento, condiciones internacionales del mercado de metales, infraestructura, permisos ambientales y cronogramas de desarrollo.
En el cobre, además, los grandes proyectos requieren varios años entre la aprobación, la construcción y el inicio de la producción comercial.
Por esa razón, la expectativa de acercarse a US$50.000 millones en proyectos vinculados al RIGI debe interpretarse como una medida del tamaño potencial de la cartera minera argentina, y no como un desembolso asegurado.
El escenario proyectado por CAEM supone que una parte significativa de esas iniciativas supere las etapas pendientes y avance hacia construcción desde 2027. Si ese proceso se materializa, Argentina podría ingresar durante los años siguientes a un período de inversiones mineras considerablemente superior al registrado actualmente, con el cobre como principal motor del nuevo ciclo.






