
La tecnológica neerlandesa alcanzó una capitalización bursátil récord impulsada por la demanda de semiconductores para inteligencia artificial. Su avance refleja cómo la nueva carrera por centros de datos, chips avanzados y capacidad computacional está reordenando el mercado global.
La neerlandesa ASML se convirtió en la empresa europea más valiosa de la historia tras alcanzar una capitalización bursátil de 576.476 millones de euros, según informó Cinco Días. El salto fue impulsado por el fuerte interés del mercado en compañías vinculadas a la inteligencia artificial, especialmente aquellas que participan en la cadena crítica de fabricación de chips avanzados.
El hito marca un cambio de peso en el mapa corporativo europeo: ASML superó el récord previo de Novo Nordisk y se consolidó por sobre grandes grupos como SAP, HSBC y Roche. En lo que va de 2026, sus acciones acumulan un alza de 61%, de acuerdo con la misma información.
Qué hace ASML y por qué es clave para la IA
ASML no fabrica chips. Su negocio está en las máquinas de litografía que permiten producir semiconductores cada vez más pequeños, rápidos y eficientes. La propia compañía define su tecnología como fundamental para la producción masiva de microchips, utilizados por los principales fabricantes del mundo.
Ese punto explica la reacción del mercado. La inteligencia artificial necesita procesadores de alto rendimiento, memoria avanzada, servidores y centros de datos capaces de operar modelos cada vez más intensivos en cómputo. Para fabricar esos chips se requiere equipamiento especializado, y ASML es uno de los actores más relevantes de esa cadena.
En sus resultados del primer trimestre de 2026, la compañía reportó ventas netas por 8.800 millones de euros, un margen bruto de 53% y utilidades básicas por acción de 7,15 euros. Son cifras que muestran que el auge bursátil no responde solo a expectativas: también hay resultados financieros fuertes detrás.
La IA cambió la escala del negocio
El mercado está pagando una prima por las empresas que pueden capturar la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial. Reuters informó en abril que ASML elevó su proyección de ingresos para 2026 a un rango de 36.000 millones a 40.000 millones de euros, desde una estimación anterior de 34.000 millones a 39.000 millones, citando una demanda más fuerte vinculada a IA.
La señal es clara: la carrera por chips no se limita a Nvidia o a los fabricantes directos de procesadores. También alcanza a proveedores industriales menos visibles, pero indispensables para que esa capacidad de producción exista.
El valor bursátil actual de ASML también se refleja en el mercado estadounidense, donde su ADR cotiza con una capitalización superior a US$679.000 millones, según datos de mercado al 4 de junio de 2026.
Qué significa para Chile
Para Chile, el caso ASML importa por dos razones. La primera es económica: la IA está acelerando inversiones en centros de datos, redes eléctricas, semiconductores, refrigeración, energía y materias primas. La segunda es estratégica: el país participa indirectamente en esa cadena a través de cobre, energía, infraestructura digital y servicios asociados.
La Agencia Internacional de Energía proyecta que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos podría más que duplicarse hacia 2030, hasta cerca de 945 TWh, con la inteligencia artificial como uno de los principales motores del crecimiento. Ese dato conecta directamente con la discusión chilena sobre transmisión eléctrica, generación renovable, permisos, disponibilidad de suelo e inversión en infraestructura.
El cobre también entra en la ecuación, aunque con matices. Reuters advirtió que la demanda de cobre asociada a centros de datos crecería, pero que las proyecciones deben leerse con cautela por cuellos de botella en conexión eléctrica, disponibilidad de equipos, cambios tecnológicos y sustitución parcial por fibra óptica u otros diseños.
El riesgo detrás del récord
El avance de ASML confirma que la IA se convirtió en un motor financiero global, pero también concentra riesgos. La valorización depende de que las grandes tecnológicas mantengan sus planes de inversión en infraestructura, que los fabricantes de chips ejecuten nuevas plantas y que no se intensifiquen restricciones geopolíticas sobre exportaciones de tecnología avanzada.
También hay un riesgo de expectativas. Una cosa es que la demanda por chips de IA sea real; otra, que todas las valorizaciones actuales sean sostenibles si cambian las tasas, se enfría el gasto de las tecnológicas o aparecen limitaciones físicas en energía, agua, redes y permisos.
Qué observar ahora
El mercado mirará tres variables: nuevos pedidos de ASML, gasto de capital de gigantes como TSMC, Samsung, Intel, Nvidia, Microsoft, Amazon y Google, y las restricciones comerciales sobre equipos avanzados de semiconductores.
El récord de ASML muestra que la inteligencia artificial ya no es solo una historia de software. Es una carrera industrial, energética y geopolítica. Para Chile, el punto práctico es que el auge de la IA puede abrir oportunidades en cobre, energía e infraestructura, pero también exigirá planificación real si el país quiere capturar parte de esa expansión y no quedar solo como proveedor periférico.












