
El mercado mundial del cobre enfrenta una creciente presión por la disponibilidad de metal físico. Los inventarios almacenados en la Bolsa de Metales de Londres (LME) han caído durante 42 sesiones consecutivas, su racha de descensos más prolongada desde 2014, mientras que los compradores están pagando primas cada vez mayores para asegurar entregas inmediatas.
Al 14 de agosto, las existencias de cobre en las bodegas de la LME se situaban en 204.975 toneladas, frente a las 218.300 toneladas registradas solo cuatro jornadas antes. Una parte importante de ese volumen ya está comprometida para salir de los almacenes, reduciendo la cantidad efectivamente disponible para otros participantes del mercado.
La estrechez se refleja directamente en los contratos. El cobre al contado llegó a negociarse con una prima superior a US$300 por tonelada frente al contrato de septiembre, mientras que la diferencia respecto del contrato a tres meses superó los US$400 por tonelada, niveles que no se observaban desde el fuerte ajuste registrado en 2021.
Cobre a tres meses se mantiene sobre los US$14.100
El contrato de cobre a tres meses de la LME se mantenía sobre los US$14.100 por tonelada, respaldado por la demanda china, las restricciones de oferta y la competencia por metal disponible entre los principales centros de consumo. La LME confirmó un precio de cierre de US$14.132 por tonelada para el contrato a tres meses el 14 de agosto.
La situación de los inventarios es relevante porque las bodegas de la LME funcionan como una fuente de suministro de última instancia y permiten la entrega física para liquidar contratos. Cuando disminuyen las existencias disponibles, quienes necesitan metal para cumplir posiciones pueden verse obligados a competir por volúmenes cada vez más escasos.
Esa dinámica ya se observa en la estructura de precios: los contratos de entrega inmediata cotizan por encima de los futuros más lejanos, una situación conocida como backwardation y que suele reflejar una mayor urgencia por conseguir material físico.
Según datos de Reuters, los inventarios de cobre de la LME habían bajado desde unas 401.000 toneladas a comienzos de mayo hasta 214.550 toneladas el 11 de agosto. En ese momento, un 58% correspondía a metal marcado para retiro de las bodegas.
Competencia por el metal entre Estados Unidos y China
Parte de la caída de los inventarios responde al desplazamiento del cobre hacia Estados Unidos y China, mercados donde el metal ha registrado primas que incentivan el traslado desde las bodegas de Londres. En Estados Unidos, la incertidumbre sobre eventuales aranceles a las importaciones de cobre refinado ha generado oportunidades de arbitraje y contribuido a atraer grandes cantidades de metal. Esta distorsión ha desviado flujos mundiales de cobre hacia el mercado estadounidense, reduciendo la disponibilidad en Londres y Shanghái.
La competencia por el suministro coincide además con un mercado de concentrados tensionado. Tras recientes restricciones a las exportaciones desde la República Democrática del Congo, el cobre reaccionó con fuerza, aunque Goldman Sachs estimó que esas medidas no tendrían un impacto material sobre el balance mundial. La reacción mostró principalmente la sensibilidad actual del mercado ante cualquier posible interrupción de oferta.
Proyecciones de la AIE sobre déficit de cobre
Las dificultades no se limitan a los inventarios disponibles en el corto plazo. La Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que, considerando los proyectos actualmente anunciados, la oferta primaria de cobre podría quedar 25% por debajo de los requerimientos en 2035. El organismo atribuye esta brecha a factores como la disminución de las leyes del mineral, mayores costos de capital, plazos prolongados para desarrollar nuevas minas y una menor tasa de descubrimientos relevantes.
Para Chile, la evolución del mercado cobra especial relevancia: una menor disponibilidad global y la necesidad de desarrollar nueva producción mantienen al suministro minero en el centro de la discusión sobre el futuro del cobre. La presión actual en la LME muestra que esa preocupación de largo plazo ya comienza a reflejarse en la competencia por el metal disponible hoy.
La próxima actualización sobre los inventarios de la LME se espera para el 21 de agosto, donde se anticipa que la tendencia de disminución continúe si las condiciones del mercado no cambian.






