
El almacenamiento con baterías está modificando la operación del sistema eléctrico chileno al trasladar excedentes solares hacia las horas de mayor demanda. Para la minería, la tecnología abre una nueva etapa en contratos renovables, seguridad de suministro y gestión de costos energéticos.
Chile está entrando en una fase de expansión acelerada del almacenamiento eléctrico a gran escala. A junio de 2026, el país registraba 68 proyectos de sistemas de almacenamiento de energía en baterías, conocidos como BESS, declarados en construcción y equivalentes a una potencia neta de 5.219 MW, una cartera que refleja el cambio estructural que está experimentando el Sistema Eléctrico Nacional.
El fenómeno tiene especial relevancia para la minería. Las principales faenas del norte operan de manera continua y mantienen una demanda eléctrica relativamente estable durante las 24 horas, mientras que una parte creciente de la generación renovable se concentra en determinadas franjas del día. Las baterías permiten reducir esa brecha al capturar electricidad cuando existe abundancia de generación y devolverla al sistema varias horas después.
La expansión ya dejó de ser únicamente una proyección. Al cierre de 2025, la potencia instalada de sistemas BESS en Chile había aumentado desde aproximadamente 1,2 GW hasta 3,2 GW en doce meses, mientras la energía diaria inyectada desde baterías hacia la red se multiplicó 3,8 veces entre enero y diciembre de ese año.
Cómo funcionan las plantas BESS
Una planta BESS es una instalación capaz de retirar electricidad desde la red, almacenarla —principalmente mediante baterías de ion-litio en los desarrollos actualmente desplegados— y posteriormente volver a inyectarla cuando las condiciones del sistema lo requieren.
Su capacidad suele expresarse utilizando dos variables diferentes: MW, que representan la potencia máxima que puede entregar o absorber el sistema, y MWh, que reflejan la cantidad de energía que puede almacenar.
Por ejemplo, una instalación de 200 MW y 800 MWh puede, bajo condiciones nominales, descargar su potencia máxima durante aproximadamente cuatro horas.
Ese atributo permite aprovechar electricidad solar producida durante las horas centrales del día y trasladarla hacia el período vespertino o nocturno, cuando la radiación desaparece y aumenta la necesidad de otras fuentes de generación.
El efecto resulta especialmente relevante en el norte de Chile, donde se concentra una elevada capacidad fotovoltaica junto con grandes operaciones de cobre, litio y otros minerales.
Del vertimiento solar al almacenamiento
El crecimiento renovable chileno también ha generado un desafío operativo: existen períodos en que la producción solar y eólica supera la capacidad que la red puede transportar o absorber económicamente.
En esas condiciones se producen reducciones o vertimientos de generación renovable. Es electricidad disponible que no logra utilizarse debido, entre otros factores, a restricciones de transmisión, concentración geográfica de la generación y diferencias entre los horarios de oferta y demanda.
Los BESS atacan directamente parte de ese problema.
Una batería puede cargarse cuando existe abundancia de energía solar y bajos costos marginales y posteriormente descargar cuando el sistema enfrenta una menor disponibilidad renovable. El resultado es un uso más eficiente de la infraestructura existente y una reducción de las diferencias extremas de precios entre distintos bloques horarios.
Durante 2025, la operación creciente de estas instalaciones ya contribuyó a moderar la volatilidad y los máximos de costos marginales registrados durante períodos de mayor demanda.
El almacenamiento, sin embargo, no reemplaza las inversiones en transmisión. Proyectos estructurales como la nueva infraestructura destinada a transportar grandes volúmenes de electricidad desde las zonas de generación del norte hacia los centros de consumo continuarán siendo necesarios.
Las baterías agregan otra capa de flexibilidad: administran cuándo se utiliza la energía disponible.
Por qué los BESS son estratégicos para la minería
Para una operación minera, contar con generación renovable abundante durante algunas horas no es suficiente. Chancado, molienda, bombeo, concentración, desalación, transporte y otros procesos demandan electricidad durante jornadas completas.
Ese perfil explica la relevancia creciente del almacenamiento dentro de los contratos de suministro destinados al sector.
Una generadora que combina producción solar con baterías puede trasladar parte de esa electricidad hacia la noche y construir perfiles de suministro más estables. Esto puede reducir la necesidad de respaldar determinadas horas mediante generación térmica o compras de energía expuestas a precios significativamente distintos.
El cambio también profundiza la discusión sobre el suministro renovable efectivo. Durante años, numerosos contratos han acreditado consumo renovable sobre balances anuales. Con almacenamiento suficiente, comienza a ser técnicamente posible avanzar hacia esquemas con una mayor coincidencia horaria entre generación renovable y consumo industrial.
Para las compañías mineras, esa evolución puede tener consecuencias sobre costos, trazabilidad energética, compromisos de descarbonización y exposición a fluctuaciones del mercado eléctrico.
Las baterías instaladas directamente en instalaciones industriales también pueden entregar otras prestaciones, entre ellas respaldo, administración de demanda máxima y determinadas funciones asociadas a calidad y continuidad de suministro.
Más que guardar electricidad
La utilidad de los BESS no se limita al arbitraje entre horas baratas y caras.
Los sistemas modernos pueden responder en segundos frente a cambios en las condiciones de la red y participar en funciones vinculadas al control de frecuencia, tensión y estabilidad.
Esa capacidad adquiere mayor importancia a medida que aumenta la participación de generación solar y eólica conectada mediante electrónica de potencia y disminuye proporcionalmente la presencia de grandes máquinas síncronas tradicionales.
Durante 2026, el sistema eléctrico chileno avanzó precisamente en nuevos criterios técnicos para tecnologías Grid Forming, capaces de permitir que instalaciones basadas en inversores —incluidas baterías— contribuyan de manera más activa a la estabilidad de la red.
Esto abre una segunda etapa para el almacenamiento chileno. Ya no se trata únicamente de instalar baterías para trasladar energía solar desde el día hacia la noche, sino de determinar qué servicios pueden entregar, cómo serán remunerados y bajo qué condiciones participarán en la operación del sistema.
Una nueva infraestructura energética para el norte minero
Antofagasta y Atacama aparecen entre los territorios particularmente relevantes para este despliegue por la combinación de recursos solares, grandes consumidores industriales y proyectos renovables.
En los últimos años han entrado en operación instalaciones de cientos de MW y varias horas de duración, mientras nuevas iniciativas continúan avanzando ambientalmente, en construcción o gestionando su conexión al sistema.
Generadoras, desarrolladores independientes y empresas vinculadas tradicionalmente a otros segmentos del mercado eléctrico están incorporando almacenamiento dentro de sus planes de inversión. Entre los desarrollos actualmente impulsados existen proyectos concebidos junto a centrales solares y otros completamente independientes, conocidos como stand-alone, que cargan y descargan directamente desde la red.
Uno de los planes empresariales actualmente en desarrollo contempla dos parques que totalizan 456 MW y 1.824 MWh, reflejando la escala que están alcanzando estas inversiones.
El desafío pasará progresivamente desde conseguir capacidad instalada hacia optimizar su operación. Con miles de MW de nuevas baterías entrando al sistema, las reglas de despacho, remuneración de servicios, congestiones de transmisión y señales de inversión tendrán una incidencia creciente sobre la rentabilidad de los proyectos.
Para la minería chilena, el proceso ocurre en un momento decisivo. La expansión futura de cobre y otros minerales requerirá cantidades adicionales de electricidad en un sistema que simultáneamente busca reducir emisiones y retirar generación térmica.
En ese escenario, los BESS se están convirtiendo en infraestructura habilitante para transformar la abundancia renovable del norte en energía disponible durante más horas del día, acercando la oferta solar al perfil continuo de consumo que caracteriza a las grandes operaciones mineras.






