
Un reciente estudio de Cochilco evidencia que Chile, líder mundial en la producción de cobre, enfrenta altos costos operativos y de inversión que impactan significativamente en su industria minera. Factores como la baja ley del mineral, la dureza de la roca, la ubicación remota de los yacimientos y los elevados costos energéticos son determinantes en este escenario.
Altos costos de capital y mano de obra
Según el informe, Chile se posiciona como el segundo país con mayor intensidad de capital en plantas concentradoras grandes (de más de 100 mil toneladas diarias) con costos de US$ 36.586 por tonelada procesada, mientras que lidera en plantas medianas (de 50 a 100 mil toneladas diarias) con US$ 36.669 por tonelada procesada. Este alto nivel de inversión, tan solo superado por México en ciertas categorías, se atribuye a exigencias en infraestructura y tecnología debido a condiciones geológicas y logísticas adversas.
El costo de la mano de obra también destaca en el estudio, colocando a Chile en el primer lugar en plantas medianas con un gasto de US$ 0,90 por tonelada de material minado, superando a Canadá y Perú. En plantas grandes, ocupa el segundo puesto con un costo de US$ 1,08 por tonelada, por debajo de Estados Unidos (US$ 1,13). La necesidad de personal calificado y los altos ingresos per cápita explican estos valores. “Chile, al ser un país intensivamente minero, requiere personal altamente calificado, el cual no es suficiente para lo que demanda la industria”, indica el informe.
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El impacto del alto costo energético
El costo de la electricidad representa otro desafío significativo. Chile reporta la tarifa más alta en América, llegando a US$ 11,1 por kWh, superando a otros países como México (US$ 8,7) y Perú (US$ 8,4). Este elevado costo afecta considerablemente a las plantas concentradoras, dado su alto consumo energético. “Este sobrecosto energético se explica, en parte, por factores estructurales, como la histórica dependencia de combustibles fósiles importados y la instalación de centrales térmicas de alto costo tras la crisis del gas argentino de 2007”, señala el informe.
Además, la geografía chilena y la ubicación remota de las faenas mineras incrementan los costos de transmisión eléctrica, afectando la competitividad de la industria. Factores como las pérdidas eléctricas, tarifas de peaje y la contratación de energía firme más costosa agravan esta situación.
Riesgos para nuevos proyectos y desafíos para el futuro
El informe también evaluó los costos de nuevos proyectos en América, identificando 67 iniciativas de cobre, de las cuales el 78% corresponde a minería a rajo abierto. Chile se ubica en el tercer lugar de proyectos en desarrollo, con ocho iniciativas, detrás de Perú y Canadá.
Claudia Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva (s) de Cochilco, precisó que “en general, los países mineros han enfrentado incrementos sostenidos en los costos de inversión y operación. Esta tendencia no impide que se concreten nuevos proyectos, pero sí eleva las exigencias para que sean viables y competitivos, lo que constituye un desafío relevante para la minería chilena”.
Rodríguez también subrayó que los elevados costos afectan especialmente a los proyectos greenfield, pues incrementan el capital inicial necesario y aumentan la sensibilidad a sobrecostos y atrasos. Esto impulsa un cambio en la composición de la inversión, priorizando desarrollos que reutilicen infraestructura existente y reduzcan los plazos de ejecución.












