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Industria Minera

Chile necesita más energía para producir menos cobre: el desafío que revela el último informe de Cochilco

El último informe de Cochilco revela que la minería del cobre en Chile enfrenta un aumento del 27,3% en el consumo energético, mientras la producción ha caído un 6,6% en la última década.

Chile necesita más energía para producir menos cobre: el desafío que revela el último informe de Cochilco
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En una década, el consumo energético de la minería del cobre aumentó 27,3%, mientras la producción nacional disminuyó 6,6%. La energía requerida por tonelada de metal fino subió aproximadamente 36%, reflejando las crecientes exigencias de explotación y procesamiento de los yacimientos chilenos.

La minería chilena del cobre enfrenta una transformación en sus condiciones productivas: necesita consumir cada vez más energía para obtener volúmenes de metal similares, e incluso inferiores, a los registrados hace una década. El informe “Consumo de energía en la minería del cobre. Actualización al año 2025”, publicado por la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) el 9 de octubre de 2026, revela que la demanda energética del sector aumentó desde 165,5 petajulios (PJ) en 2015 hasta 210,6 PJ en 2025, mientras la producción nacional retrocedió de 5,77 a 5,39 millones de toneladas de cobre fino.

La comparación muestra una divergencia relevante para la competitividad minera. Durante el período, el consumo energético creció 27,3%, pese a que Chile produjo aproximadamente 380.000 toneladas menos de cobre que diez años antes.

El fenómeno no representa necesariamente un deterioro de la eficiencia operacional. Cochilco lo relaciona principalmente con transformaciones estructurales de la industria, entre ellas el procesamiento de mayores volúmenes de minerales sulfurados, el aumento del material estéril removido y las mayores exigencias asociadas a la explotación de yacimientos maduros.

La energía requerida por tonelada de cobre aumentó 36%

Uno de los indicadores más relevantes del estudio es la intensidad energética, que relaciona la energía total consumida por la industria con las toneladas de cobre fino producidas.

cochilco intensidad energetica 2015 2025

Al dividir el consumo energético por la producción de cada año, el resultado muestra que Chile pasó de utilizar aproximadamente 28,7 gigajulios (GJ) por tonelada métrica fina de cobre en 2015 a 39,1 GJ en 2025.

Esto representa un incremento cercano al 36,2% en diez años, equivalente a 10,4 GJ adicionales por tonelada de cobre producido.

La evolución permite identificar tres cambios fundamentales:

  • Mayor consumo absoluto: la demanda energética aumentó 45,1 PJ entre 2015 y 2025.
  • Menor producción: el volumen anual de cobre fino disminuyó aproximadamente 6,6%.
  • Mayor intensidad energética: la relación entre energía consumida y metal producido pasó de 28,7 a 39,1 GJ por tonelada.

La diferencia se vuelve especialmente relevante al considerar que la producción nacional no siguió una trayectoria de crecimiento equivalente a la de la demanda energética.

En consecuencia, las compañías enfrentan mayores requerimientos de abastecimiento eléctrico y combustibles para sostener sus operaciones.

Sin embargo, este indicador agregado no permite determinar por sí solo si una instalación específica utiliza sus equipos de manera menos eficiente. Para establecerlo sería necesario comparar operaciones bajo condiciones equivalentes de ley mineral, profundidad, distancias de transporte, tecnología y características de procesamiento.

Los rajos abiertos explican gran parte de la presión energética

La extracción a rajo abierto continúa siendo el proceso de mayor consumo energético de la minería chilena del cobre.

Durante 2025 utilizó 92,7 PJ, equivalentes al 44% de la energía total del sector. Su demanda aumentó 41,5% respecto de 2015, impulsada principalmente por el transporte de mineral y material estéril.

cochilco energia vs produccion 2015 2025


Cochilco identificó que la extracción de minerales sulfurados en estos yacimientos creció 54% durante la década, mientras el volumen de lastre removido aumentó 23%, alcanzando aproximadamente 1.831 millones de toneladas en 2025.

Estos antecedentes ayudan a explicar por qué las necesidades energéticas pueden aumentar incluso cuando la producción final de cobre no lo hace.

A medida que avanzan las fases de explotación de un rajo, puede ser necesario remover mayores volúmenes de roca para acceder al mineral económicamente recuperable. El transporte de ese material requiere energía adicional, especialmente cuando aumentan los recorridos y las exigencias operacionales.

En 2025, el 95% de la energía utilizada por la minería a rajo abierto provino de combustibles, principalmente asociados al funcionamiento de camiones de extracción.

Por esta razón, las mejoras en transporte, planificación minera y tecnologías de propulsión tienen especial importancia para contener el consumo energético y las emisiones directas.

Las concentradoras procesan más roca para obtener cobre

Las plantas concentradoras constituyen el segundo gran centro de demanda energética de la minería chilena.

Según Cochilco, estas instalaciones consumieron 58,8 PJ durante 2025, equivalentes al 27,9% del total sectorial.

Su consumo aumentó 31,5% entre 2015 y 2025, en un período en que el volumen de mineral procesado creció 37%.

La tendencia está relacionada con la creciente participación de minerales sulfurados, que requieren procesos de chancado, molienda y flotación para recuperar el cobre contenido en la roca.

Durante 2025, las concentradoras procesaron aproximadamente 758,8 millones de toneladas de mineral.

La molienda es uno de los principales componentes de esta demanda. Los equipos deben reducir el tamaño de las partículas minerales hasta alcanzar condiciones adecuadas para la recuperación metalúrgica.

En este contexto, una menor concentración de cobre en el mineral tratado puede requerir procesar más toneladas de roca para obtener una cantidad equivalente de metal fino.

El cambio también refleja la transición productiva de la minería chilena. Mientras aumenta la participación del tratamiento de sulfuros, disminuye la actividad hidrometalúrgica vinculada a minerales oxidados, cuyo consumo energético se redujo 19% durante la década.

No se trata únicamente de producir más o menos cobre, sino de las condiciones físicas y metalúrgicas bajo las cuales debe obtenerse.

El uso de agua de mar incorpora una nueva exigencia energética

Otro factor que modifica la estructura de consumo es el creciente uso de agua de mar para abastecer operaciones mineras.

Entre 2015 y 2025, la energía destinada a estos sistemas aumentó desde 2,2 hasta 12,4 PJ, multiplicándose aproximadamente 5,6 veces.

Durante el mismo período, el número de operaciones que utilizaban agua de mar pasó de siete a quince.

El informe identifica que una parte especialmente importante de esta demanda corresponde a la impulsión del agua desde la costa hacia instalaciones ubicadas a grandes distancias y alturas sobre el nivel del mar.

Esto significa que el desafío energético no se limita al proceso de desalinización. También incluye el funcionamiento continuo de estaciones de bombeo y sistemas de transporte de agua.

La incorporación de este recurso permite reducir la presión sobre fuentes continentales en zonas de escasez hídrica, pero exige infraestructura eléctrica adicional.

De esta manera, las decisiones relacionadas con seguridad hídrica también adquieren una dimensión energética que influye en la planificación y los costos operacionales.

Por qué más consumo no significa automáticamente menor eficiencia

La diferencia entre crecimiento energético y producción debe interpretarse considerando las condiciones reales de explotación.

El aumento de 36,2% en la intensidad energética sectorial describe un cambio en la relación entre dos variables agregadas, pero no determina sus causas individuales ni mide exclusivamente el rendimiento de los equipos.

Una operación puede incorporar motores más eficientes, optimizar sus procesos y reducir el consumo por tonelada de material transportado y, simultáneamente, utilizar más energía por tonelada de cobre fino si debe remover más estéril, procesar mineral de menor ley o bombear agua desde mayores distancias.

También influyen los cambios en la composición productiva del sector. Una participación creciente de concentradoras y una reducción de la hidrometalurgia modifican las necesidades energéticas del conjunto de la industria.

Para evaluar las mejoras operacionales es necesario complementar la intensidad energética por tonelada de cobre fino con indicadores específicos, como la energía por tonelada extraída, transportada o procesada.

Esta distinción resulta fundamental para evitar atribuir toda la variación observada a pérdidas de eficiencia.

El desafío para la próxima década minera

La evolución registrada entre 2015 y 2025 también plantea interrogantes sobre los requerimientos futuros del sistema energético chileno.

Cochilco proyecta que el consumo eléctrico de la minería del cobre podría aumentar desde 27,6 teravatios hora (TWh) en 2025 hasta 33,2 TWh en 2034, equivalente a un crecimiento de 20,2%.

Para ese mismo período, la institución estima un incremento de 8,3% en la producción de cobre, una diferencia que anticipa la continuidad de las presiones estructurales sobre la demanda eléctrica. Estas cifras corresponden a proyecciones y no a resultados asegurados.

La situación exige incorporar el consumo energético en las decisiones de inversión, diseño de procesos, transporte de minerales y abastecimiento de agua.

También refuerza la importancia de avanzar en sistemas de gestión energética, mejoras tecnológicas y alternativas al diésel, combustible que representó el 93% de la demanda de combustibles de la minería cuprífera durante 2025.

El desafío no consiste únicamente en ampliar el suministro de energía, sino en reducir los requerimientos por unidad de material extraído y procesado, mejorar la productividad y enfrentar las condiciones geológicas de operaciones cada vez más complejas.

La comparación de Cochilco deja una conclusión central: producir cobre en Chile exige hoy un esfuerzo energético mayor que hace una década. La capacidad de administrar ese cambio será uno de los factores que influirán en los costos, las inversiones y la competitividad de la minería nacional durante los próximos años.

REDIMIN Responde

¿Cómo ha cambiado el consumo energético de la minería del cobre en Chile en la última década?

El consumo energético de la minería del cobre en Chile aumentó un 27,3% en la última década, pasando de 165,5 petajulios (PJ) en 2015 a 210,6 PJ en 2025.

¿Qué ha sucedido con la producción de cobre en Chile en el mismo período?

La producción nacional de cobre disminuyó un 6,6%, retrocediendo de 5,77 millones de toneladas de cobre fino en 2015 a 5,39 millones de toneladas en 2025.

¿Cuál es la principal causa del aumento en el consumo energético por tonelada de cobre producido?

El aumento del consumo energético por tonelada de cobre producido, que subió un 36%, se debe principalmente a transformaciones estructurales como el procesamiento de mayores volúmenes de minerales sulfurados, el aumento del material estéril removido y las mayores exigencias de explotación de yacimientos maduros.

¿Qué porcentaje del consumo energético total de la minería del cobre en Chile corresponde a la extracción a rajo abierto?

En 2025, la extracción a rajo abierto representó el 44% del consumo energético total del sector, utilizando 92,7 PJ.

¿Cómo ha influido el uso de agua de mar en el consumo energético de la minería del cobre?

El uso de agua de mar ha incrementado el consumo energético, pasando de 2,2 PJ en 2015 a 12,4 PJ en 2025, debido principalmente a la necesidad de impulsar el agua desde la costa hacia instalaciones a grandes distancias y alturas sobre el nivel del mar.