
El mercado mundial del cobre está mostrando nuevas señales de tensión. El precio al contado en la Bolsa de Metales de Londres (LME) alcanzó un récord de US$14.912 por tonelada, mientras los bajos inventarios y la fuerte competencia por asegurar metal disponible están reforzando las señales de una oferta cada vez más ajustada.
El escenario coincide con un análisis de Sprott Asset Management, que advierte que la fortaleza del cobre ya no responde únicamente al ciclo industrial tradicional. La firma apunta a una combinación de producción minera restringida, escasez de concentrados, cambios en los flujos comerciales hacia Estados Unidos y una demanda creciente asociada a redes eléctricas, inteligencia artificial, defensa e infraestructura energética.
Para Chile, principal productor mundial de cobre, la situación adquiere especial relevancia: Cochilco redujo su proyección de producción nacional para 2026 y, al mismo tiempo, elevó hasta US$5,95 la libra su estimación para el precio promedio del metal durante este año.
Menos concentrado y mayor presión sobre las fundiciones
Una de las señales más claras de estrechez se encuentra en el mercado del concentrado de cobre.
Según Sprott, los cargos de tratamiento que reciben las fundiciones por procesar concentrado han pasado desde niveles superiores a US$90 por tonelada a fines de 2023 a menos de -US$150 por tonelada.
Cuando estos cargos caen, significa que las fundiciones están compitiendo con mayor intensidad por conseguir material para mantener sus instalaciones operativas. En niveles negativos, algunas incluso deben ofrecer mejores condiciones económicas a las mineras para asegurar concentrado.
Sprott sostiene que esta situación está trasladando poder de negociación hacia los productores mineros, que además se están beneficiando de precios elevados del cobre refinado.
La presión ya está modificando prácticas habituales de la industria. Antofagasta plc, por ejemplo, comenzó a vincular parte de sus contratos de venta de concentrado a índices del mercado spot, alejándose de los tradicionales acuerdos con cargos de tratamiento fijos que durante años funcionaron como referencia para el sector.
Estados Unidos concentra una mayor parte del cobre disponible
A la limitada disponibilidad minera se suma un cambio importante en los flujos comerciales.
La incertidumbre sobre eventuales aranceles estadounidenses al cobre refinado ha incentivado el traslado de metal hacia Estados Unidos. De acuerdo con Sprott, más de 200.000 toneladas de cobre refinado llegaron a puertos estadounidenses durante julio, el mayor ingreso mensual de la serie utilizada por la firma desde 2014.
El efecto se está sintiendo en otros mercados.
Reuters informó que los inventarios de la LME cerraron la semana pasada en 207.825 toneladas, su menor nivel en seis meses. Sin embargo, descontando el metal que ya había sido solicitado para retiro, las existencias disponibles llegaban a solo 103.075 toneladas.
La escasez llevó el lunes al cobre al contado a negociarse con una prima de US$545 por tonelada frente al contrato a tres meses, la mayor diferencia de este tipo desde 2021.
Esta estructura, conocida como backwardation, ocurre cuando el metal disponible para entrega inmediata vale más que el que se entregará posteriormente y suele ser una señal de tensión en el mercado físico.
Chile produciría menos cobre durante 2026
La situación de Chile también forma parte de las restricciones que observa el mercado.
La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) proyectó que la producción nacional alcanzará 5,27 millones de toneladas en 2026, una disminución de 2,6% frente al año anterior.
El organismo atribuyó la revisión principalmente a un primer semestre débil, con menores volúmenes de Codelco, Escondida y Spence, además de restricciones estructurales en distintas operaciones.
Para 2027, Cochilco espera una recuperación hasta 5,55 millones de toneladas, equivalente a un crecimiento de 5,2%, apoyado por una mejora de Codelco, la consolidación de Quebrada Blanca y mejores resultados esperados en Escondida, Collahuasi, Los Pelambres y Mantoverde.
A nivel mundial, Cochilco calcula que la producción minera crecerá apenas 0,2% en 2026, hasta 23,5 millones de toneladas, debido a que las nuevas capacidades no lograrían compensar completamente las interrupciones operacionales, las menores leyes de mineral y los retrasos de algunos proyectos.
La demanda eléctrica agrega presión a largo plazo
Sprott considera que el problema no se limita a las restricciones actuales de producción.
La expansión de centros de datos para inteligencia artificial está aumentando las necesidades de generación, transmisión y distribución eléctrica. Aunque los centros de datos utilizan cobre directamente, el mayor impacto podría venir de las redes, subestaciones y nuevas centrales necesarias para abastecerlos.
A ello se suman inversiones en electromovilidad, energías renovables, defensa y modernización de redes eléctricas.
La dificultad está en la velocidad de respuesta de la minería. Sprott señala que el desarrollo de grandes minas puede requerir entre 15 y 20 años, mientras una parte importante de los nuevos proyectos será necesaria simplemente para reemplazar la producción que se pierde en operaciones maduras.
Cochilco comparte parte de este diagnóstico. El organismo elevó recientemente su proyección del precio promedio del cobre para 2026 desde estimaciones anteriores hasta US$5,95 la libra, argumentando que la demanda mundial se mantiene sólida frente a restricciones persistentes de oferta. Para 2027 mantiene una previsión de US$5,10 la libra.
El comportamiento reciente de la LME muestra que esa estrechez ya está teniendo efectos visibles: aunque nuevas entregas de metal han reducido parcialmente la presión inmediata, la concentración de inventarios en Estados Unidos y la competencia entre compradores de distintas regiones mantienen al mercado del cobre con un margen reducido frente a nuevas interrupciones de suministro.






