
La iniciativa de División Chuquicamata contempla intervenir cerca de 4,8 hectáreas, retirar 28.550 m³ de suelo impactado y tratar aguas subterráneas para recuperar un terreno industrial ubicado en el área urbana de Antofagasta.
Codelco ingresó al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) un proyecto por US$ 16 millones destinado a recuperar ambientalmente el sitio conocido como Ex Petroleras en Antofagasta, un terreno de casi 4,8 hectáreas marcado por la operación histórica de instalaciones vinculadas al almacenamiento y manejo de combustibles.
La iniciativa, denominada “Recuperación Sitio Ex Petroleras Antofagasta”, fue presentada mediante una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) por División Chuquicamata y considera trabajos sobre una superficie de 47.913 metros cuadrados. El objetivo es reducir las concentraciones de contaminantes presentes en suelo, subsuelo y aguas subterráneas hasta niveles compatibles con futuros usos urbanos permitidos por la planificación territorial vigente.
El proyecto cobra relevancia porque aborda un pasivo ambiental localizado dentro de la trama urbana de la capital regional, en un sector delimitado por Avenida Iquique y las calles Mejillones, Ovalle y Elqui. Su recuperación permitiría reincorporar un terreno actualmente condicionado por contaminación histórica y abrir la posibilidad de destinarlo posteriormente a desarrollos compatibles con el Plan Regulador Comunal.
Retiro de 28.550 m³ de suelo impactado
Una de las principales obras consideradas corresponde a la excavación selectiva y retiro de aproximadamente 28.550 metros cúbicos de suelo afectado por contaminantes, incluyendo presencia de arsénico, cobre y plomo.
El material será caracterizado durante las faenas y trasladado hacia instalaciones autorizadas para su disposición final. El programa contempla además monitoreo mediante equipos de fluorescencia de rayos X, tecnología que permite realizar mediciones rápidas de determinados elementos presentes en el suelo y ajustar los trabajos de excavación conforme avance la intervención.
La remoción será diferenciada por sectores y profundidades, evitando una excavación masiva de toda la superficie. Este tipo de estrategia busca concentrar las obras en las zonas que presentan concentraciones que requieren tratamiento o retiro, reduciendo al mismo tiempo el movimiento de materiales.
El desafío técnico está asociado a que el terreno registra distintos tipos de afectación derivados de sus usos históricos. La recuperación, por lo tanto, no se limita al retiro físico de suelo, sino que incorpora tratamientos específicos para los contaminantes presentes en el subsuelo y en el componente hídrico.
Tecnología ISCO para tratar aguas subterráneas
Para las aguas subterráneas, el diseño considera la utilización de Oxidación Química In Situ, conocida como ISCO por su sigla en inglés, una técnica empleada para degradar determinados contaminantes orgánicos directamente en el subsuelo.
El método contempla la inyección controlada de agentes oxidantes a través de pozos habilitados en las áreas que requieren intervención. La reacción química busca degradar los hidrocarburos disueltos sin recurrir a una extracción masiva del agua subterránea para su tratamiento externo.
El uso de soluciones in situ puede reducir el transporte de aguas contaminadas fuera del emplazamiento y permite intervenir sectores específicos del acuífero, aunque su desempeño depende de variables como las características geológicas, la distribución de los contaminantes y la evolución de las concentraciones durante la etapa operacional.
Para Codelco, la iniciativa representa además un tipo de proyecto distinto a las inversiones directamente vinculadas con extracción, procesamiento de minerales o expansión productiva. En este caso, el capital está dirigido a gestionar impactos históricos y recuperar un activo territorial asociado a antiguas actividades industriales.
Proyecto contempla 27 meses de ejecución
El cronograma presentado considera una duración total estimada de 27 meses, con un eventual inicio de obras el 1 de julio de 2027, sujeto al avance de la evaluación ambiental y la obtención de las autorizaciones correspondientes.
La programación se distribuye en una primera fase constructiva de aproximadamente dos meses, seguida por 23 meses de operación de las medidas de remediación, incluyendo el tratamiento químico del subsuelo y aguas subterráneas. Posteriormente se proyectan otros dos meses para actividades de cierre y desmantelamiento de instalaciones temporales.
Durante el periodo de mayor actividad se estima una dotación máxima de 30 trabajadores.
Aunque se trata de una inversión acotada frente a los grandes proyectos estructurales de la minería del cobre, su relevancia está vinculada principalmente con la gestión territorial y ambiental de instalaciones que durante décadas estuvieron relacionadas directa o indirectamente con operaciones industriales.
Recuperación de terrenos industriales gana espacio en la agenda minera
La gestión de pasivos y sitios con contaminación histórica se ha convertido en un componente cada vez más visible dentro de las estrategias ambientales de la minería y otras industrias intensivas en infraestructura.
En regiones mineras como Antofagasta, donde actividades extractivas, ferroviarias, portuarias, energéticas y de almacenamiento de combustibles han coexistido durante décadas con la expansión urbana, la recuperación de antiguos terrenos industriales plantea desafíos técnicos que trascienden las operaciones productivas tradicionales.
En este caso, el terreno se encuentra inserto en una zona urbana consolidada, por lo que su saneamiento también tiene implicancias sobre el desarrollo futuro de la ciudad. Una vez cumplidos los objetivos de remediación y las exigencias regulatorias, el paño podría quedar habilitado para usos permitidos por la normativa territorial.
La iniciativa también incorpora medidas asociadas al manejo de fauna presente en el área, incluyendo acciones de rescate y relocalización cuando corresponda. Entre las especies consideradas se encuentran la salamanqueja del norte grande y el corredor de Atacama.
Asimismo, se contempla mantener mecanismos de relacionamiento con organizaciones vecinales cercanas durante las distintas fases del proyecto, aspecto especialmente relevante debido a la ubicación urbana del sitio y a la circulación de maquinaria y materiales que implicará la etapa de remoción de suelos.
Evaluación ambiental definirá condiciones para iniciar las obras
Con el ingreso de la DIA, el proyecto inicia ahora su revisión dentro del SEIA, proceso en el que los organismos públicos con competencia ambiental deberán analizar las obras, metodologías de remediación, transporte y disposición de materiales, tratamiento de aguas subterráneas, emisiones, residuos y medidas asociadas al patrimonio y biodiversidad.
La evaluación también deberá abordar la presencia de elementos de interés paleontológico identificados en el área, materia que ya había sido revisada técnicamente antes del ingreso formal de la iniciativa al sistema ambiental.
El eventual desarrollo del proyecto dependerá de la obtención de una Resolución de Calificación Ambiental favorable y de los permisos sectoriales aplicables.
Para la industria minera, la iniciativa muestra otra dimensión de los compromisos ambientales asociados a operaciones de larga trayectoria: la recuperación de terrenos afectados históricamente y su reintegración a nuevos usos productivos o urbanos.
En Antofagasta, donde la actividad minera continúa siendo el principal eje económico regional, este tipo de proyectos incorpora al debate una variable que adquirirá mayor peso a medida que antiguas instalaciones industriales sean cerradas, trasladadas o transformadas: cómo recuperar esos espacios y reducir sus riesgos ambientales antes de integrarlos nuevamente al desarrollo de las ciudades.






