
La guerra en Irán, particularmente en el estrecho de Ormuz, empieza a tener repercusiones significativas en la industria minera a nivel global. Analistas de Wood Mackenzie alertan que el conflicto ha desatado una crisis en el comercio de ácido y aluminio, afectando especialmente a las operaciones en países como la República Democrática del Congo (RDC) e Indonesia.
Interrupción del comercio de ácido Con más de la mitad del comercio marítimo de azufre afectado, el acceso a este insumo vital para las plantas de lixiviación de cobre en la RDC y las refinerías de níquel en Indonesia ha disminuido considerablemente. Según el informe, la producción de ácido sulfúrico ha aumentado drásticamente, con precios que se han disparado un 245% en el último año. Esto impacta de forma inmediata a aquellos productores que dependen de la compra en el mercado de spot, en lugar de contar con fuentes de suministro aseguradas.
Las plantas de lixiviación de la RDC compraron aproximadamente 1.3 a 1.4 millones de toneladas de azufre en el último año, la mayoría proveniente del Medio Oriente.
En el caso de Indonesia, algunos procesadores de níquel han tenido que reducir su producción de insumos para baterías en al menos un 10% debido a la falta de azufre.
Producción de aluminio en peligro El conflicto ha puesto en riesgo entre 3 a 3.5 millones de toneladas de producción de aluminio en el Medio Oriente este año. Este suministro es crítico, ya que la región representa el 9% de la capacidad global de fundición de aluminio. En Europa, donde el 21% del aluminio primario y aleado se importó del Medio Oriente el año pasado, los compradores están compitiendo intensamente por el metal canadiense. El aumento de la demanda y los precios también han sido evidentes en el premium de aluminio, el cual ha subido un 73% desde el inicio del conflicto, alcanzando precios históricos de $621 por tonelada.
Impacto global Aunque la producción global de cobre no se ha visto gravemente afectada, la interrupción del suministro en el Medio Oriente está empezando a mostrar sus efectos. Las minas que necesitan abastecimiento continuo se enfrentan a márgenes fluctuantes debido a la dependencia de materias primas importadas. Los productores de metales que han asegurado sus fuentes de suministro o que cuentan con sus propios procesos de minería se encuentran en una mejor posición para resistir esta crisis, mientras que aquellos expuestos a mercados más vulnerables luchan para mantenerse competitivos.
Otras empresas, como Ivanhoe Mines con su complejo Kamoa-Kakula, han logrado mitigar parte de los efectos adversos, ya que pueden producir su propio ácido. Hasta el primer trimestre de este año, la empresa vendió 107,700 toneladas de ácido sulfúrico a un promedio de $467 por tonelada.
Conclusión La combinación de estos factores sugiere que la industria minera global debe prepararse para un periodo de incertidumbre y volatilidad, a medida que las consecuencias del conflicto en Irán continúan evolucionando y moldeando las dinámicas del mercado. La dependencia de recursos críticos y la capacidad para adaptarse a condiciones cambiantes serán determinantes en el futuro de la producción minera en diversas regiones.












