Donald Trump formalizó en el Foro Económico Mundial de Davos la puesta en marcha de su llamado “Board/Council of Peace”, un mecanismo que —según su planteamiento— nace para apuntalar el frágil alto el fuego en Gaza, pero que aspira a proyectarse como una plataforma global de resolución de conflictos, en un terreno históricamente ocupado por Naciones Unidas.
Origen y mandato: de Gaza a un alcance más amplio
Aunque la iniciativa fue presentada inicialmente como parte de un esquema asociado a Gaza, los textos y declaraciones difundidas en torno a su creación describen un mandato más ambicioso: actuar como “organización internacional” y “cuerpo de consolidación de la paz” para intervenir en regiones afectadas o amenazadas por conflictos, con la intención explícita de ser más “ágil” que los enfoques tradicionales.
Estructura: presidencia de Trump y un núcleo ejecutivo con sello estadounidense
El diseño divulgado sitúa a Trump como presidente (chairman) del Consejo y contempla un consejo/directorio ejecutivo integrado por figuras clave de su administración y aliados, entre ellos el secretario de Estado Marco Rubio, el enviado Steve Witkoff y Jared Kushner, además del ex primer ministro británico Tony Blair (mencionado como parte del elenco directivo en reportes). La frase clave objetiva, inserta en el propio debate, es que Trump encabeza el Consejo y el esquema se apoya en un directorio ejecutivo de alto nivel para operacionalizar su agenda de “paz”.
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Membresía: plazos acotados y permanencia vinculada a aportes
De acuerdo con el borrador de carta revisado por medios, los países invitados obtendrían una membresía por tres años, mientras que la membresía permanente quedaría asociada a contribuciones en efectivo que superen US$ 1.000 millones dentro del primer año, punto que la administración ha defendido como “voluntario”, aunque es presentado como un umbral para permanencia.
¿Sustituto de la ONU o “en conjunto” con ella?
Trump ha insistido en que el organismo podría operar “en conjunto” con Naciones Unidas, aunque también ha deslizado que podría asumir roles que la ONU “debería” haber cumplido, reabriendo la discusión sobre si se trata de cooperación o de competencia institucional. Reuters consignó que la creación del Board fue respaldada por una resolución del Consejo de Seguridad en el marco del plan para Gaza, mientras un portavoz de la ONU acotó que cualquier vínculo se entendería dentro de ese contexto.
Quiénes se suman y quiénes se frenan
Entre los países que han aceptado la invitación aparecen Israel y varios actores de Medio Oriente, además de socios como Argentina, y otros Estados de Europa del Este y Asia; Rusia, según reportes, evalúa su incorporación. En contraste, gobiernos como Francia han expresado reparos por el impacto sobre los principios y estructura del sistema de la ONU, mientras el Reino Unido ha señalado preocupaciones por la invitación extendida a Moscú.
Las críticas: multilateralismo, legitimidad y equilibrio de poder
Analistas consultados por medios europeos han advertido que el Consejo sería una forma de eludir o vaciar el rol de la ONU y de concentrar poder político en torno a Washington y a la presidencia del propio Trump, tensionando el ideal de multilateralismo “igualitario” asociado a la Asamblea General. El debate, por ahora, queda abierto entre quienes lo ven como herramienta “más efectiva” y quienes lo interpretan como una arquitectura paralela de gobernanza internacional.









